martes, 7 de junio de 2022

Naadp Zeló, la heroína de la mujer feminista


La venganza de una mujer con heridas de amor es una novela que nos retrata a una heroína no desde la clásica y trillada visión de la mujer que es heroína de la mano de un hombre o para quedarse con un hombre como acto heroico.

 Naadp Zeló no es la protagonista que pudiera gustarle a una mujer feminista que quiere que el día domingo se llame dominga, su feminismo no es el de la confrontación ni el de cambiar las reglas, sino el de imponer sus propias reglas. Después de una decepción amorosa, Naadp decide no reconstruirse, sino construirse. Es una mujer que sabe decir “adiós” sin comas ni puntos suspensivos, y quizás allí radica su grandeza como personaje, porque ella no  espera ni un día, ni una hora, ni un minuto y ni siquiera un segundo para que el hombre que amó recapacite, cambie, la revalore y vuelva con a su lado.

Tampoco es la clásica mujer que se pasa la vida -la única que tenemos-, esperando una razón por la cual su pareja la ha abandonado, y culpándose de lo que “pasó”, sino que simplemente asume el hecho y se va, pero, a diferencia de aquellas personas a las que les gana la nostalgia, el deseo del reencuentro o de una segunda oportunidad, ella se va para siempre, y se va, sobre todo, para no volver nunca a ser la misma a la que su novio ha abandonado.

Previsiblemente, esa capacidad que tiene de irse para ser otra, totalmente otra, hasta con otro nombre, es lo que la vuelve inolvidable, imprescindible e invaluable, casi una deidad desconocida,  para el hombre que se fue pensando –sin culpa- que a ella le haría pedazos el corazón.

En adelante a esa nueva mujer la envuelve el misterio, ella, que antes era frágil, manipulable y predecible, ahora no tolera ni admite que nadie se meta ni mucho menos cuestione su vida privada, su vida amorosa y sexual; no permite que se sepa nada de su realidad, dando pie con ello a que se sospeche de todo, sin que por obviedad se confirme nada.

Nos encontramos ante una heroica no de un género, su género, sino de sí misma, una heroína individualista cuyo logro no es colectivo sino que simplemente se nota –porque no se sabe- que es feliz, y es feliz porque no ha sabido llevarse el pasado a cuestas, soportar el peso de ese pasado para que le arruine la vida, la única vida que tiene, como suelen hacerlo tantos pasados con tantas personas que no saben desprenderse de ellos.

En una época es la que puede haber mujeres que de día van a una marcha feminista y de noche le entregan su teléfono al novio para que les revise cada mensaje, Naadp Zeló se vuelve una heroína no de la mujer contra el hombre, sino de la mujer contra sí misma, puesto que, como dicen, el peor enemigo lo llevamos siempre dentro.

domingo, 22 de abril de 2018

Vegeta, el orgullo de los chaparros


Aunque en la serie Dragon Ball Z las estaturas de los personajes nunca son dichas y por ello sólo se pueden hacer especulaciones al respecto, tanto así que Krilin a veces da la apariencia de medir 1.30m y después de rondar los 1.50m, una sola y breve escena ayuda a tomar un punto de referencia para medir a todos los guerreros, y esto ocurrió cuando el Androide 20, en realidad el Dr. Maki, escanea a Yamcha, poco antes de atacarlo. El amigo de la infancia de Goku, y su primer rival que después se haría su compañero de batallas, mide 1.83, es uno de los guerreros terrícolas más altos, tan sólo por debajo Ten Shin Han (si es que a éste se le puede considerar humano). Pero así las cosas, siendo Yamcha un poco más alto que Goku, por las pocas escenas en la que ya siendo adultos se les ha visto juntos, se puede especular que Goku mide 1.75m, quizás unos 10cm más bajo que su padre, pese a ser en todo lo demás idénticos.
En ese orden, cuando Vegeta pelea contra Goku por primera vez, se nota una diferencia de estaturas muy marcada. La altura del sayayin malvado en ese entonces debió de ser, cuando mucho, de 1.55 mts. No obstante, a pesar de ser ya un hombre adulto, parece ser que Vegeta creció con el tiempo (particularidades de la raza sayayin), o a que a sus creadores les debió parecer necesario que fuera de la misma altura de su esposa, Bulma, puesto que ya en la saga de Cell, se le ve un poquitín más alto, y con la llegada de Buu, Vegeta por fin creció hasta ser de la estatura de ella. No obstante, existen infinidad de dibujos en los que incluso es más alto. Es precisamente en esta saga, cuando vegeta vuelve a ser malo y obliga a Goku a pelear, cuando sus estaturas se equilibran más. Vegeta debe de medir en torno al 1.65 (10cm más que cuando llego a la tierra, todo un logro), e incluso en algunas escenas, cuando está junto a “Kakaroto”, da la impresión de que la diferencia de estaturas es todavía más reducida.
Pero digamos que, en términos generales, casi durante toda la serie se puede ver a un Vegeta de 1.65 de estatura, lo que aunado a su musculatura (que también crece), y a que se llega a cortar el cabello, lo hace parecer un tipo imponente, cuya mirada fría y arrogante, le imprime tal personalidad que llega un momento en el que para nada importa que no sea alto.
Vegeta, que surgió tan malvado como Picoro, se fue transformando hasta superar a éste como el mejor antihéroe. Vegeta jamás cedió terreno, y si bien lo superaban, se esmeraba tanto que aumentaba su poder de tal forma que volvía a ser un guerrero temible, contrario a Picoro, que una vez que perdió terreno, tras ser insuficientes sus poderes luego de fusionarse con Kamisama, ya no volvió nunca a ser considerado un guerrero temible.
Muy por el contrario, al ser un antihéroe que pese a volverse bueno nunca cedió en su inmenso orgullo, Vegeta se transformó un icono de la cultura, incluso de su relación con Bulma, de lo que en los primeros años jamás se dieron detalles, se especuló que en ella a puerta cerrada era un tipo romántico, atento y preocupado. Todo un héroe, todo un galán, todo un icono del mal carácter, y un príncipe de una raza invulnerable, nada mal para medir 1.65, algo que, siendo lo que es y lo que fue, ya nadie lo nota.

viernes, 18 de agosto de 2017

Cuba libre, y Carlos Alberto Montaner presidente

Nunca había leído una novela ucrónica. Sabía, sin embargo, que existen muchas y muy buenas, sobre todo ambientadas a partir de la segunda guerra mundial, en un escenario en el que los nazis habrían ganado a los aliados e impuesto al mundo su reinado del terror, ya que eso es precisamente en lo que radica una ucranía, ofrece una historia alternativa a la real surgida a partir de un suceso que pudo evitarse. Sin embargo, realmente no me habían llamado la atención tanto como para enfrascarme en una lectura así. Las asociaba a la ciencia ficción y ésta nunca ha sido de mi total agrado.
Pero nunca se debe de decir nunca en esta vida llena de sorpresas. Hace unas cuantas semanas me invitaron a leer la novela Maximiliano y Carlota: la dinastía de los Habsburgo en México, de Adam J. Oderoll, y como no me pareció una obra relacionada con la ciencia ficción, me decidí a leerla. Se trata de una novela ucrónica en la que el célebre archiduque Maximiliano de Austria, que aceptó la corona de Moctezuma que le ofreció Napoleón III, logra formar un gobierno a partir de la prematura muerte del indomable presidente Benito Juárez (éste es precisamente el suceso que lo cambia todo), y en tal escenario alternativo, México en la actualidad no tiene presidentes, tiene emperadores. Es la última monarquía occidental autentica que queda con vida, y es también una potencia mundial que constantemente se apunta los cañones con los Estados Unidos. Una especie de guerra fría en América entre dos países vecinos.
Hasta aquí alguien preguntará, ¿qué tiene que ver una historia alternativa de México con Cuba? Pues mucho. Ahora lo explico. En uno de los primeros capítulos de la novela, el emperador en turno de México de la década de los sesentas, menciona en una charla con Kennedy que a su imperio llegó un tal Castro con ideas comunistas, y que lo encarceló a purgar una condena de treinta años (Fidel Castro efectivamente estuvo en México con sus guerrilleros y sí fue enviado a prisión, pero sólo por unos meses), ante lo que Kennedy lo felicita por ayudarlo a combatir el comunismo.
Páginas más adelante, leemos que Kennedy no fue asesinado el 22 de noviembre de 1963. ¿Se entiende? Si Fidel no pudo ir a apoderarse de la isla de Cuba por estar en México encerrado en una prisión de máxima seguridad, Kennedy no tenía quien lo mandara matar… Es lo que nos sugiere el autor.
Después, en la época actual, el emperador en turno, muy joven aún pero que se trae con Trump unas ganas enormes de lanzar misiles de un lado a otro de la frontera (en esta historia México reacciona furioso ante el racismo del nuevo presidente de los Estados Unidos, y amenaza y tiene con qué ir a la guerra), reconoce que admira mucho y que es un gran amigo del presidente de Cuba, llamado Carlos Alberto Montaner, por su extraordinario logro de convertir a su pueblo en una de las democracias más ricas y sólidas del mundo, donde existe un profundo respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales. Montaner se ofrece a mediar entre el emperador de México y Trump para que ambos quiten el dedo del gatillo.
Y hasta aquí puedo contar. Sólo añado que realmente se me hizo muy interesante y una idea genial de Oderoll ofrecer una historia en la que con sacar de la jugada a Fidel Castro se evita automáticamente el magnicidio de Dallas que tanto conmocionó al mundo. Brillante. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Gaspard Caderousse, El Conde de Montecristo

La obra maestra El Conde de Montecristo es una novela  que nos presenta a villanos con distintos matices, algunos actúan por odio y envidia, otros por avaricia, algunos más por venganza y los hay quienes atacan hasta por diversión. Gaspard Caderousse es quizás el más bajo de los villanos puesto que su cobardía opaca por momentos su maldad.
Se trata de un joven sastre marsellés y amigo, en apariencia, de Edmond Dantés. Caderousse es una rata envidiosa que se enfurece aun cuando un pobre infeliz tiene con qué comer. Al volver Dantés de un viaje con una modesta riqueza, el sastre se llena de envidia, incluso se aprecia capaz de todo por destruir la felicidad de Dantés.
Poco después, cuando Mondego y Danglars traman la perdición del joven marinero, Caderousse, junto a ellos y en estado de ebriedad, se muestra acobardado, incluso dice sentir simpatías por Dantés. Ese momento de debilidad se lo relata a un misterioso abate años después y es lo que lo salva de la perdición. Porque el abate no es otro que Dantés, fugado de prisión y con poder suficiente para destruir a cualquier enemigo.
En lugar de castigarlo, Dantés provee a Caderousse de una modesta fortuna con la cual podrá vivir bien el resto de su vida. Pero el antiguo sastre no la quiere compartir con su esposa, se deshace de ella y termina en prisión, por azares del destino junto al hijo ilegitimo Villefort, Benedetto.
Cuando Dantés se hace presente en París para dar la última estocada de su larga venganza, también aparee Caderousse con las peores intenciones, ya más viejo y más malo, quizás alejado de su antaño tenue sentimentalismo. Dantés lo descubre y tal vez creyendo que ya es imposible redimirlo, permite que sea asesinado por su cómplice, Benedetto. Mas poco antes de su muerte le revela quién es en realidad ese oriental cubierto de oro a quien todos llaman Montecristo, pretendiendo probarle con ello que Dios castiga a los malos y gratifica a los buenos.

domingo, 3 de enero de 2016

El cuervo, el mejor personaje gótico del cine

Como personaje gótico es imposible negar que Batman se defiende bien, evoluciona al gusto de esta sociedad postmoderna y resurge de sus recaídas para hacer que lo estimemos como en la infancia en la cual lo conocimos. Pero no por eso me gusta más que Eric Draven.
Vamos por partes, primero que nada, es imposible negar que la fama de la película El cuervo, y del personaje diría yo más que la película en sí, viene debido al desgraciado final que tuvo durante su rodaje  Brandon Lee, un joven que estaba que ni mandado a hacer para el personaje gótico que encarnó: rasgos achinados pero no tanto y aspecto malencarado sin caer en lo malévolo. Lee murió cuando le dispararon con unas balas que pretendían ser salvas y que eran bastante reales antes siquiera de que la película estuviera terminada, una desgracia que para un filme gótico resultó ser la mejor promoción.
La muerte de Lee lo soldó de forma inseparable a su personaje. Brandon Lee es ese cuervo, ese personaje nostálgico y oscuro que tan bien encarna la moda gótica contemporánea. Pero, por otro lado, no por ello se puede negar que la obra brilla con luz propia.
La película nos cuenta la triste pero no por eso menos hermosa historia de Eric Draven y su novia, una joven pareja de  Detroit que es víctima de una pandilla de maleantes, torturada y asesinada una noche siniestra, la noche antes de  Halloween.
Un año después, Eric sale de su tumba guiado por un tétrico cuervo que se vuelve su compañero inseparable. El joven recucitado toma un atuendo acorde a su amigo oscuro. Se transforma en cuervo que por las noches busca uno a uno a aquellos que terminaron con su felicidad y su vida al mismo tiempo.
Pero aunque es un vengador, es bueno; Eric se convierte en un especie de antihéroe que castiga a los malos a la vez que trata de ayudar a quienes estimaba en vida. La historia quizás pueda ser la de una venganza similar a muchas otras, pero el contexto es que lo que ha vuelto a la película un clásico imprescindible.
Ese hombre vestido de negro con la cara blanca, deambulando por las noches mientras un cuervo vuela sobre su cabeza como una especie de guardaespaldas, se ha convertido, por méritos propios, en el mejor personaje gótico del cine, por mucho que eso pueda pesarle a Batman.

martes, 24 de noviembre de 2015

Fly, el de las aventuras

Cuando yo era niño me hice, en unos cuantos días, un gran fanático de una serie animada conocida como Las aventuras de Fly. Eso ocurrió porque la historia tenía una capacidad de síntesis impresionante: bastó un capítulo para que se supiera que Fly era un niño especial, valiente y gran espadachín, el típico héroe que cuando somos niños nos gusta ver.
Unos cuantos capítulos más consolidaron mi fanatismo por la serie. Apareció un personaje un tanto cómico, Abán, quien, pese a su comicidad, era el héroe legendario que veinte años atrás había vencido al monstruo Hadler. Pero en la actualidad, hablando de la serie, Hadler revive, va a la isla donde Fly acaba de iniciarse como discípulo de Abán y lo ataca de forma brutal y sin miramientos.
El sacrificio de Abán, sin titubear un momento sobre su deber como héroe y ser humano, me conmovió hasta los huesos. Tenía yo apenas unos años y jamás había visto o leído un acto tan heroico.
Pero, pasando a Fly, se trata de un niño de diez años que parece un ser humano. De hecho, en parte lo es, aunque vive en una isla llena de monstruos, que no son otros que los antiguos súbditos de Hadler que tras la muerte de éste no les quedó más remedio que volverse buenos. Entre ellos está Blas, un hechicero que encontró a Fly flotando en una balsa cuando era un bebé y lo cuidó en adelante como su nieto.
Fly sueña con ser un valiente, es decir, un espadachín que lucha por la justicia, aunque su abuelo quiere que sea mago. El niño tiene habilidades derivadas de que valor no le falta. Pero hay algo más, cuando se enfurece, una luz aparece en su frente en la forma esquemática del rostro de un dragón. Entonces se vuelve demasiado fuerte, literalmente invencible. La segunda vez que revela ese gran poder es precisamente cuando su maestro Abán es asesinado por Hadler.
Pero Hadler en esta resurrección ya no es el jefe absoluto del ejército del mal, sino un súbdito de Burn, un monstruo mucho más poderoso que él que sueña con exterminar a la especie humana. Hadler es el jefe de sus seis generales, líderes de monstruos de diversas naturalezas que se dedican a conquistar reino tras reino.
Cuando Fly casi mata a Hadler tras enfurecerse por la muerte de Abán, el monstruo hechicero le echa encima a sus generales. Primero acude a su encuentro Crocodine, un cocodrilo parado terriblemente fuerte al que Fly vence cuando le aparece una vez más su marca en forma de dragón. El siguiente es Hyunkel, quizás uno de los mejores personajes de la historia.
Hyunkel es un ser humano que, al igual que Fly, fue adoptado por un monstruo súbdito de Hadler. Cree erróneamente que Abán mató a su padre porque éste era el guardián de la puerta que conducía a la cámara del monstruo, y decide que si Abán pasó por allí fue después de matarlo. Por esa razón, Hyunkel, un gran espadachín revestido con una impresionante armadura, odia a la raza humana y es uno de los generales del ejército del mal. Fly sufre mucho para vencerlo debido a que con él no le aparece en la frente la marca que lo vuelve invencible. Esto se debe a que no puede odiar a Hyunkel porque las circunstancias de su crianza fueron muy similares.
Tras caer Hyunkel acude al encuentro de Flay el malvado Freizard, un monstruo que en la mitad de su cuerpo tiene llamas y en la otra hielo. Es además de fuerte demasiado tramposo durante las batallas, por lo que pone en serios aprietos a Fly y sus amigos (a la sazón sus antiguos enemigos, Crocodine y Hyunkel), pero después de una muy dura batalla, Fly lo vence sin recurrir a su famosa marca en la frente.
El siguiente general en ir tras Fly es muy especial. Es Barán, el general que comanda a los dragones del ejército del mal. Por una extrañ razón, Hadler no quería que tal enfrentamiento ocurriera. Barán es un personaje que parece un ser humano, alto, con mirada intimidadora, que lleva en la espalda una espada con  una enorme empuñadura en forma de cabeza de dragón. Pero la relación de Barán con los dragones no termina allí, tiene, como Fly, en la frente la marca del dragón.
Se trata del caballero del Dragón, un semi dios enviado para castigar a los humanos y que resulta ser el padre de Fly. Al consumarse el primer enfrentamiento entre padre e hijo, la serie termina abruptamente. Años después me enteré de que eso se debió a la falta de presupuesto, pero que evidentemente existía un manga con la historia de principio a fin en el que pasaban muchas cosas interesantes.
No estoy seguro si después se concluyó el anime; al parecer sí pero no fue nunca doblado al español. Si existe quizás algún día vea la historia completa. O a lo mejor ya ni siquiera me entretendría, aunque en mi más lejana infancia la disfruté enormemente.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Jack Dawson, de Titanic

Titanic fue una de las mejores películas de la década antepasada. La legión de premios Oscar que consiguió no dejan lugar a dudas. Fue uno de esos filmes en los que todo encajó para que el resultado fuera impecable: una historia romántica bien labrada, buenas actuaciones y una escenografía que no salió a deber nada. Todo coronado con un final dramático, heroico y triste.
La actuación de  Leonardo DiCaprio en el papel protagónico de Jack Dawson fue bastante buena. Aunque a mí siempre me ha parecido demasiado personaje con un actor que le quedó un poco chico. Y no se trata de las malas capacidades histriónicas de  DiCaprio, sino que su aspecto físico no encajaba nada en la piel de Dawson.
Jack Dawson es un joven norteamericano, originario de  Chippewa Falls, Wisconsin, quien pese a ser pobre no se priva del gusto de viajar por el mundo. Se trata de un prometedor artista que lleva siempre consigo un cuaderno lleno de sus dibujos, al que nada le parece imposible, capaz de traspasar con dos frases las barreras sociales que todavía tan infranqueables estaban en el período justo antes de la pre guerra.
En un afortunado un contra tiempo juego de póquer, Dawson y su amigo Fabrizzio ganan unos pasajes de tercera clase para que el barco más “seguro del mundo”, el Titanic, los lleve de Europa a Nueva York. Ya en el barco, Dawson ve a lo lejos a la aristocrática, elegante y hermosa Rose DeWitt Bukater, y poco después la sorprende en una muy distinta apariencia, tratando de suicidarse arrojándose del barco.
Unas cuantas palabras bastan para que Dawson la convenza de lo desacertado que fue el método de suicidio que ella escogió, pero segundos después tiene que salvarla realmente porque ella resbala y a punto está de caer al mar. Rose logra que Dawson finja y oculte lo de su intento de suicidio. Como premio por haberla salvado, es invitado a una cena en el comedor de la primera clase.
En la cena, el novio de Rose, Caledon Hockley, intenta ridiculizar a Dawson por su condición humilde, pero se encuentra con un hombre desenvuelto, seguro de sí mismo y capaz de articular frases que agradan y hacen reír a las distinguidísimas celebridades que se dan cita en la cena.
De allí en adelante se empieza a crear un vínculo irrompible entre Rose y Jack Dawson. Pronto se enamoran, y ella después de algunas dudas adquiere la seguridad de que desea irse con Jack en cuanto el barco llegue a América. Pero la cosa no les espera tan sencilla. Rose pide a Jack que la dibuje usando una costosa, antigua y pesada joya, llamada “El corazón del mar”, regalo de compromiso de Hockley. El incidente se presta para que Hockley y su guardaespaldas culpen a Jack de querer robarla y lo mandan encerrar en un rincón del barco.
Pero para entonces ya ha iniciado poco a poco la debacle. El Titanic ha chocado contra un  iceberg y en cuestión de horas se irá al fondo del mar. Rose se arma de valor y va a rescatar a Jack tan solo para que en adelante él la salve a ella todas las veces necesarias. Durante el hundimiento, mientras todo es pánico y gritos, Jack se mantiene sereno, seguro tal vez de que él va a morir pero de que logrará salvarla a ella.
Gracias a los esfuerzos de  Jack Dawson, Rose salva la vida, pero él muere congelado y su tumba es el fondo del mar, epilogo triste que sin embargo lo dejó grabado para siempre en la mente de una generación de cinéfilos.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Matar a un personaje ficticio

He comprobado que en general al público no le agrada la muerte de los protagonistas de sus libros favoritos. Pero no por eso los autores se privan del derecho de hacerlo, ya que a fin de cuentas, de forma total, son suyos. Mas siempre queda la posibilidad de preguntarnos, ¿por qué?, ¿cuál es la razón de que los maten?
La respuesta más simple sería “porque así es la historia”; de esa forma fue concebida por el autor y punto. No obstante, hay más razones. Y la que a mí más me ha interesado últimamente es ésa que está relacionada con el afán del autor de que no toquen lo suyo. Quizás en China o en la extinta Unión Soviética sea posible imaginar una ley que prohíba a un escritor matar a un personaje que ha causado revuelo porque no es de él sino de todos. O del Estado.
Pero dado que ley tal no oprime a nadie todavía, desde hace muchos siglos ha sido un recurso del autor el de matar a su protagonista para proteger lo suyo, y así evitar que tras su muerte una legión de zánganos lucren con lo que su trabajo le costó crear. Quizás el caso más famoso sea la muerte de Alonso Quijano planeada y ejecutada magistralmente por Cervantes tras sentir el chorro de agua helada que le provocó El Quijote de Avellaneda, una continuación de su magna obra que no salió de su mente.
Dumas en cambio se privó de matar a Edmundo Dantés y con ello heredó un personaje demasiado lucrativo que ha sido usado por otros autores durante muchos, muchos años, en una calidad mucho más deficiente que la que le imprimió el mestizo autor francés.
En cambio, de los cuatro mosqueteros sólo dejó vivo a Aramis, superviviente que no ha sido desaprovechado por las legiones de autores que pretenden subsistir agarrándose de una historia ya muy promocionada. Pero a veces el último, y único, recurso del autor por proteger lo suyo no cumple del todo su objetivo, ya que el zanganismo ha hallado la forma de bloquearlo: ya sea escribiendo la historia de algo así como Los hijos de D’Artagnan (ignoro si tal libro existe, pero no lo descarto) o simplemente creando una trama antes de la muerte del personaje, incluso antes de que inicie el período de la vida ficticia que le dio su creador.
Como no soy experto en biografías de escritores, ignoro si Heathcliff, Esmeralda, Quasimodo, Grenouille y otros tantos fueron liquidados por la intención de sus creadores de que nadie se apropiara de lo suyo. Aunque sí recuerdo haber leído que por la cabeza de Rowling pasó la idea de matar a Harry Potter precisamente por ese motivo, el de evitar que dentro de años  fuera reciclado, alterado y reutilizado con una personalidad ajena a la naturaleza que lo trajo al mundo o, más bien dicho, a la literatura.

sábado, 29 de agosto de 2015

Smaug, el “Dorado” de El Hobbit

Por primera vez biografío aquí a un animal, pero éste no es cualquier animal, sino una bestia demasiado peligrosa, el villano principal de la primera novela que le dio gran fama a Tolkien, El Hobbit, y el último dragón de la Tierra Media. En este caso se trata de un villano sin misterios. Solo su especie ya avisa de su peligrosidad y no hay nada más que añadir al respecto.
Se trata del dragón que expulsó a la familia de Thorin II, Escudo de Roble, de la Montaña Solitaria, donde era su reino, para apoderarse de sus tesoros. Siglos después, Thorin planea una empresa muy grande, en compañía de una cuadrilla de enanos, el mago Gandalf y el hobbit Bilbo, con la intención de recuperar su reino.
Es durante la planeación del proyecto cuando se revela que si bien Smaug es un dragón, también es un enemigo de alcances modestos, pero muy peligroso para los enanos. Cuando Thorin sugiere que después del dragón bien podrían ocuparse del nigromante (es de suponerse con esto que Tolkien ya tenía en mente a Sauron), Gandalf lo reprende argumentando que Smaug ya es una empresa bastante grande para los enanos.
Y cuando, después de muchas peripecias, los enanos y Bilbo llegan a la Montaña Solitaria, no se ve de dónde puedan sacar algún recurso para vencer al dragón. Smaug es exactamente lo que habían comentado en un principio, una bestia con un poder destructivo descomunal que no se anda por las ramas a la hora de hacer que llueva fuego sobre sus enemigos, por pequeños e indefensos que sean.
No obstante, uno como lector, en la infancia, claro, piensa que será Bilbo quien le dé muerte, porque y sólo porque Bilbo es el héroe que Tolkien venía sugiriendo. Pero aun en esa infancia uno no se la cree. Tan sólo de imaginar al nada atlético y diminuto hobbit con espada en mano batiéndose como un león contra Smaug da risa.
Y quizás a Tolkien también le dio risa, si es que escribió preliminarmente algo similar, porque mejor se sacó a un héroe más acorde a la situación de la manga en esas casi últimas páginas. Si bien hay que reconocerle a Bilbo que obligó a la bestia a salir de su escondite y hasta descubrió el punto débil de su armadura echa de piedras preciosas, fue  Bardo, el arquero con tintes de héroe poseedor de una fecha mágica y poderosa (una flecha común no tenía efecto en Smaug), quien acertó en el lugar justo para hacer caer al dragón cual piedra pesada hubiera sido.
A mí me pareció el final de Smaug algo precipitado. Era un villano del que se había hablado mucho para que repentinamente cayera del cielo de golpe sobre un lago, sin demasiados trámites. Aunque tampoco puedo decir que el suceso haya descompuesto la historia; me gustó verlo caer en esa página en que cayó, pero creo que me habría gustado más si hubiera caído más adelante, después de haber dado más guerra.

domingo, 2 de agosto de 2015

El jinete sin cabeza

Escribir sobre el jinete sin cabeza creado por  Washington Irving no tiene el menor caso, pero hablar del jinete encarnado por Christopher Walken en la película de 1999 ya viene a ser algo más interesante. La película retoma la idea del cuento creado por Irving en la primera mitad del siglo XIX, pero todo el resto es un terror tan bien zanjado que no tiene absolutamente nada que ver con el cuento.
El protagonista es  Johnny Depp y justo es decir que hizo bien su trabajo. Mas no se puede ni siquiera cuestionar el hecho de que Christopher Walken se llevó todos los laureles del filme.
El argumento gira entorno a un mercenario europeo que se ganó fama de sanguinario en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Poseía una fiereza espeluznante y repartía espadazos a diestra y siniestra haciendo rodar las cabezas, hasta que sus enemigos lograron hacer rodar la suya en presencia de dos niñas gemelas que cortaban leña cerca del lugar.
Una de estas gemelitas llegaría a ser un monstruo de lo peor ya entrada en la madurez, ambiciosa como pocas, capaz de matar para conseguir sus fines y de utilizar sortilegios muy oscuros para poner de rodillas a sus enemigos, como llevar siempre consigo el cráneo de aquel mercenario decapitado en su presencia para sacarlo de su tumba y echárselo encima a sus enemigos.
El jinete sin cabeza, muy lejos del que creó Irving, se la pasa montado en un garañón negro y furioso, decapitando a medio pueblo y sembrando el terror en una atmosfera más dantesca que gótica pero extraordinariamente bien diseñada.
Al final a aquella gemelita malévola le sale el tiro por la culata y el jinete se la cobra cara por todo el tiempo que lo esclavizó, en una magistral y horripilante escena donde Christopher Walken exprimió lo mejor su talento histriónico y nos regaló a uno de los personajes de terror mejor logrados del cine contemporáneo.

lunes, 27 de julio de 2015

Sherlock Holmes tras la joya de Dantès

En este blog ya he escrito años ha biografías tanto de Edmond Dantès como de Sherlock Holmes, dos titanes de la literatura que se defienden solos. Acabo de leer justamente una novela interesante y bien construida en la que Holmes, el famoso detective inglés, ya envejecido y acompañado de su fiel Watson, es requerido en la deslumbrante mansión de un millonario norteamericano para que resuelva el extraño robo de una joya única.
Holmes llega a los Estados Unidos de vacaciones, con la intención de pasar unas semanas en el campo y reponer su salud. Pero pronto es requerido por Henry Patton, un nuevo rico norteamericano adicto a comprar obras de arte y antigüedades a precios exorbitantes. Patton llama a Holmes porque, mientras pasa unos días de descanso en su mansión con varios invitados, uno de ellos le ha robado una joya que perteneció al famoso conde de Montecristo. Holmes acude no por consideración al acaudalado yanqui sino por respeto al célebre conde. Considera que no recuperar esa joya es una falta de respeto al famoso Dantès, a quien respeta y admira.
Pronto, gracias a su retorcido colmillo, se da cuenta que hay un embrollo mucho mayor que el simple robo de la joya, y le dice a su fiel Watson: “Sospecho que éste será uno de esos casos en los que el cliente no queda satisfecho”. Y lo que parecía ser sólo un robo de una piedra muy valiosa, termina con varios asesinatos y volviéndose un caso que Watson cree sumamente complicado. Pero Holmes, físicamente no tan en forma como antes, tiene, al parecer, todo bajo control.
El detective conserva su prodigiosa inteligencia intacta, recoge las piezas del rompecabezas con gran facilidad y pronto las va encajando para llegar al fondo de un plan perfectamente bien elaborado no para robar sino para… matar.
Cómo dato curioso, cabe señalar que la codiciada joya sí es mencionada en El Conde de MontecristoDantès la muestra a los amigos de Alberto de Morcef, el día de su llegada a París, y los deja boquiabiertos al contemplarla.

martes, 24 de marzo de 2015

Frankenstein, el monstruo

Hace tiempo, cuando me disponía a leer la famosa novela de Mary Shelley, escribí sobre el famoso Frankenstein, no el creado por ella, sino el que han construido el cine y la televisión a partir del que creó primero la autora inglesa. Éste es sin duda el más famoso, el monstruo gigantesco que se presta para disfraces de niños y no tan niños que probablemente nunca ha oído el nombre de Mary Shelley.
Ahora bien, ya leída la novela, puedo hablar del original. Se trata de un ser gigantesco, de 2.40 m, y de rostro espeluznante cuya aspecto no definió la señora Shelley. Tampoco sabemos a ciencia cierta el método por el cuál vino a la vida. Su creador, Victor Frankenstein, es un joven de Ginebra, vástago de una rica familia y obsesionado con las ciencias. No llega a ser doctor ni científico, mas siendo extremadamente joven logra dar vida a la carne muerta.
Frankenstein vive obsesionado con lograr levantar a un ser construido por él y erigirse como el creador de una nueva generación. No describe su método pero queda sugerido que se vale de trozos de cuerpos extraídos de algún cementerio de forma clandestina.
Logra su propósito, pero cuando ve viva a su creación se llena de horror por su fealdad, de manera que se aleja de ella dispuesto a olvidarla. Pero la criatura pronto aparece, cobrándole a Frankenstein su abandono con la vida de sus seres queridos.
El mismo monstruo revela cómo ha sido su formación. Oculto cerca de la cabaña de una familia francesa exiliada en Suiza, ha aprendido a hablar, a leer, sobre historia, geografía, religión y filosofía, llegando a ser tan sabio que cuestiona la responsabilidad que tiene su creador para con él y el crimen que ha cometido por haberlo abandonado y dejado en manos de la humanidad que lo ataca por su monstruosidad física sin molestarse por hurgar en sus nobles sentimientos.
El ser gigantesco toma una fatal decisión: si la humanidad lo ataca sin piedad, él devolverá el golpe. A su creador, el ser que más odia, pero al que también ama, se dedica en cuerpo y alma -si es que tiene-, con tal de verlo sufrir, infeliz y solo, como él.
La criatura es una analogía de la responsabilidad que tiene un padre para con sus hijos, y el derecho de éstos a reclamar a su creador su atención. Pero también es una reinterpretación del cambio que puede sufrir cualquier ser humano, incluso el más noble e inocente del mundo, cuando la agresión le acosa sin haber hecho nada para merecerla.
El monstruo es, sí, un asesino, pero siempre vive atormentado porque sus reflexiones, producto de su rápida evolución gracias a la adquisición de grandes conocimientos, le hacen saber que hace un mal terrible que no desea realmente hacer, pero que es el producto de su desesperación al saber que está sólo, que es único en el mundo y que jamás nadie se asomará a sus sentimientos después de haber visto primero su rostro.

jueves, 23 de octubre de 2014

Vegeta, ¿El príncipe de la soledad?

Revisando las entradas de mi blog, en busca de erratas y otras cosas, mientras releía las biografías de Vegeta y Albram Dorogant, mu puse a pensar que aunque el segundo es el antihéroe protagonista de El príncipe de la soledad, ese título, rango o lo que venga, le queda a la perfección a Vegeta. El orgulloso saiyajin es realmente el príncipe de la soledad, incluso más que el propio Albram.
¿Alguien lo duda? Empezando por lo primero, Vegeta es el hijo primogénito de un rey y no de un país sino de un planeta entero. Así que lo de príncipe ni quién se lo pueda quitar. Él mismo se siente muy superior a los otros saiyajin argumentando su regia procedencia en comparación con los “soldados de clase baja”, como se refiere siempre a Goku y a su hijo.
Lo segundo, Vegeta es uno de los pocos supervivientes de su planeta. Tras la explosión sólo quedaron cuatro saiyajin con vida, él, Goku, Nappa y Raditz. Con los últimos dos vivió durante muchos años, pero no por ello se puede decir que tuvieran alguna relación afectiva. Eran tres hombres de una misma especie que se dedicaban a eliminar a otras para apropiarse de sus planetas, nada de celebraciones de cumpleaños y cosas por el estilo.
Se trataba de tres malos que hacían y hablaban sólo de cosas malas. De hecho fue el propio Vegeta quien mató a Nappa (dos veces), y cuando se enteró de la posibilidad de revivir a Raditz la descartó inmediatamente. No los consideraba sus amigos ni mucho menos.
Con lo anterior queda claro que Vegeta siempre fue un hombre solitario y, por supuesto, príncipe, aunque fuera de un planeta que ya no existía. Al llegar a la tierra y pelear con Goku, se puede decir que empezó a ver la amistad más de cerca, mas no a participar de ella. De hecho, se entiende que en un principio, cuando peleó en Nameku, trató de hacer de los terrícolas los sustitutos de Nappa y Raditz, y, más tarde, en la tierra contra los androides, al ver que no lo tomaban como líder, trató de apartarse de ellos.
También aquí se entiende la posibilidad de que a estas alturas Vegeta huyera de la amistad que estaba por sentir hacia Goku y sus amigos. Para entonces ya tenía un hijo, el mismo que según sus propias palabras no le importaba en lo más mínimo. Su pasado de hombre cruel y solitario lo hacía renuente a entablar cualquier relación afectiva. Quizás se avergonzaba de que desde el otro mundo los saiyajin vieran que su solitario, cruel y despiadado príncipe ya era capaz de tener amigos y familia.
Cuando se sacrifica peleando contra Majin Boo, reconoce que nunca había abrazado a su hijo, Trunks. Es entonces cuando incluso le pide un favor a Piccolo, que se lleve a su primogénito del peligro lo más rápido posible, algo impensable por parte de Vegeta. Y en esta etapa es cuando Vegeta se hace un poco más sociable y a mostrar otras preocupaciones que no sean pelear y ser el más poderoso del universo. Pero realmente aun cuando se convierte en bueno, incluso se puede decir que en amigo de Goku, nunca deja de ser un solitario que, aparte, es el príncipe de un planeta extinto. Vegeta es claramente un príncipe de la soledad, como el propio Albram Dorogant. Quizás por eso son mis antihéroes favoritos.

domingo, 19 de octubre de 2014

Drácula 2014, por fin la transición

Hemos visto infinidad de películas sobre Drácula, el vampiro. Bela Lugosi le dio rostro al monstruo transilvano, pero otros tantos actores han hecho méritos dignos de ligar también su fisonomía a él. En el último filme que recuerdo, se remontaban los orígenes del vampiro no a la Edad Media rumana sino al Israel bíblico, con un Judas Iscariote maldecido por traicionar al hijo de Dios y condenado a ser un vampiro.
Pero Drácula, como todos sabemos, no ese apóstol que se inclinó a la traición sino Vlad el Empalador, un príncipe rumano sometido por el imperio turco, quien luchó toda su vida por consolidar un pueblo libre del dominio de sus opresores.
También hemos vito filmes de ese príncipe sanguinario y cruel. Pero nunca se nos había presentado la transición. Es decir, cuándo Vlad el Empalador pasó a ser el conde Drácula. Se desconocía si él fue el primer vampiro o si fue mordido por otro vampiro y transformado.
Pero ahora por fin surge una película sobre la transición, sobre cómo fue que Vlad se trasformó en lo que ha sido desde que Bram Stoker “publicó” su historia a finales del siglo antepasado: un vampiro, y no cualquier vampiro, sino el más famoso y terrorífico de todos.
Drácula: La leyenda jamás contada aprovecha la fama del cruel príncipe, su deseo de liberar a su pueblo del dominio turco, y, por otro lado, recoge al monstruo patriota de Stoker. Aquí vemos cómo Vlad decidió por sí mismo y consiente de las consecuencias ser un vampiro, con tal de vencer al sultán y salvar a su pueblo.

lunes, 6 de octubre de 2014

Los diez personajes más malvados de la literatura

La literatura universal está plagada de villanos que pese a serlo tienen un sinfín de admiradores, sencillamente porque un personaje malvado pero bien diseñado no deja de ser una obra maestra. He decidido dedicar esta entrada para hacer un top ten de los grandes villanos, cuyo único requisito para figurar en él es que haya escrito ya su biografía en este blog:

1-. Lord Voldemort. Cuando escribí la biografía del señor oscuro más famoso de los últimos tiempos, lo definí como el mejor villano. Y es que realmente lo es. Le doy el primer lugar porque es un personaje sin amigos, sin afecto hacia nadie, con el único fin de destruir, dominar y demostrar su gran poder.
2.- Milady de Winter. El segundo puesto es para la gran villana de Los tres mosqueteros. Se trata de una mujer sin ningún sentimiento positivo en su interior, y aunque mata por encargo, no tiene el menor reparo en cometer un crimen ni la acosa el más mínimo remordimiento. El olvidarse de su hijo en los últimos instantes de su vida, acentúa esa frialdad absoluta que la caracteriza durante toda la novela.
3-. Drácula se lleva el tercer puesto. Es malvado y disfruta hacer sufrir, no tiene piedad por la especie humana en absoluto. Pero hay en él un sentimiento de afecto hacia aquél pueblo rumano que defendió cuatro siglos antes de su muerte como vampiro, peleando valientemente contra los turcos. Y esa muestra de sentimentalismo es la que lo ha hecho caer al tercer puesto.
4-. Drabelo. El villano de El príncipe de la soledad es un completo misterio. No se sabe aún hasta dónde llega su maldad ni si es capaz de tener piedad o ser sentimental en algún momento, pero el hecho que sólo la mención de su nombre haga que todos tiemblen de miedo lo hace merecedor del cuarto puesto.
5-. Jean Baptiste Grenouille. No es un malvado que disfrute matar sino una especie de “investigador” que para consolidar sus experimentos necesita matar. Y de hecho mata al por mayor, por eso no se podía quedar fuera de los primeros cinco lugares.
6-. Sir Leigh Teabing es capaz de matar sin ningún miramiento, pero no lo hace por placer, si no por revelar una verdad que su mente retorcida cree que no puede permanecer oculta. El hecho de que hacer daño no sea su fin si no su medio lo ha hecho caer hasta el sexto puesto.
7-. Claude Frollo es un sacerdote oscuro capaz de matar. Pero mata por pasión, por una calentura que lo consume y que él confunde por amor. Por otro lado, ama profundamente a su hermano menor, Juan. Esos rasgos de humanidad son los que lo alejan bastante de los primeros lugares.
8-. Dorian Gray es malvado, vanidoso y superficial. No obstante, su mente no está enfocada al crimen sino al egoísmo. Sus crímenes sin circunstanciales, no planeados. Y al final de su vida busca, sin éxito, la redención. Por ello también se aleja bastante de los más malvados.
9-. Heathcliff es un personaje contradictorio. Es malvado, pero también puede ser, en algún momento, bueno. Y su maldad se deriva de un amor enfermizo que es superior a sus fuerzas. Es quizás uno de los primeros esbozos que antihéroe en la literatura, de un malo que por momentos muy raros llega a agradar al lector.
10-. George Wickham es malvado y embustero. Es capaz de engañar para hacerse de algún dinero y vivir cómodamente, no obstante, no llega tan lejos como para asesinar para conseguir sus fines, tan sólo a casarse con quien no ama. Por eso se ha quedado con la décima posición y casi fuera de la lista de los más malvados.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Frankenstein, el más conocido

Estoy pensando leer pronto la novela  Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley. Es uno de los tantos clásicos que tengo pendientes y al ser de extensión mediana me parece perfecta para estas semanas llenas de trabajo. La novela contiene a un Frankenstein, Víctor Frankenstein, que es el menos conocido quizás de los tres ficticios que existen. El primero naturalmente es ése, el científico que da vida a un ser brincándose las reglas de la naturaleza. Y debería, de hecho, de ser el único.
Pero hay otros dos. El segundo es el monstruo que crea el primero. Al carecer de nombre, la cultura popular le dio el nombre de su creador. De hecho, muchos no han escuchado hablar jamás del creador ni les suena el nombre de la creadora del creador, Mary Shelley, tan sólo ubican como Frankenstein a un monstruo, sin tener una idea sólida de su origen.
Al tercer Frankenstein lo conocemos todos, gracias al cine y a las series de televisión. Es el más famoso, mucho más que los otros dos y que Mary Shelley, naturalmente. Lo conocemos como malo, como bueno, como tonto y como cómico, en la figura de Herman Munster.
Este Frankenstein es un gigantón de cabeza cuadrada y de color pálido, con unos característicos tornillos en el cuello que servirán, supongo, para mantener la cabeza bien unida al resto del cuerpo. Es un gran icono de las festividades de noche de brujas, donde se le ve en tertulias con una momia, algún hombre lobo y Drácula.
Cuando uno es niño con este Frankenstein se conforma, para asustarse o para reírse. Pero ya más avanzada la edad se antoja adentrarse en los orígenes, entra la curiosidad por saber si esos tornillos en el cuello los describió Mary Shelley o se los debemos a la industria del cine. Yo espero descubrirlo pronto.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Enfermera Amy Leatheran, de Asesinato en Mesopotamia

Hasta hace poco nunca había leído a Agatha Christie por cuestiones meramente de exceso de libros y falta de tiempo. Pero hace poco me dediqué unos días a leer Asesinato en Mesopotamia, y debo decir que la obra me pareció buena pero no sorprendente, tal vez simplemente porque tratándose de quien se trata esperaba más.
La novela está protagonizada por Hercule Poirot, un detective muy a la usanza de la primera mitad del siglo pasado, bajito y quisquilloso, perceptivo y siempre presto a mentir un poco para sacar información. Poirot fue, sintetizando, la versión de Sherlock Holmes de Agatha Christie.
Pero aunque Poirot protagoniza esta novela como otras tantas, no es el personaje más relevante ni el más interesante. Ese papel la autora lo reservó para la enfermera Amy Leatheran, una mujer muy lista, nada cobarde y bastante británica de su tiempo.
Leatheran viaja a Bagdad por trabajo, y a punto se regresar a su país le ofrecen un nuevo empleo en la zona. Se trata de cuidar a la nerviosa esposa de un renombrado arqueólogo que se está ocupando de desenterrar los tesoros de los antiguos mesopotámicos. La enferma en cuestión cree que la quieren matar, concretamente su primer marido por haber contraído nupcias nuevamente, el que oficialmente está muerto.
Los arqueólogos miembros de la expedición, entre la que se hallan no pocas rarezas, y no me refiero a las arqueologías, creen que la mujer miente para llamar la atención. Mas repentinamente, poco después de que la enfermera Leatheran llega a cuidarla,  sí la matan.
Tras el homicidio se aparece por allí casualmente Hercule Poirot para resolverlo todo, pero no por ello le quita protagonismo a la enfermera. Leatheran es una mujer muy perspicaz y fría en sus razonamientos. Es todavía una británica con vestigios victorianos, se sugiere que cree en la superioridad de la raza blanca, en el orden, la disciplina y limpieza que está representa, y ve a Bagdad y sus árabes como un mundo subdesarrollado.
Leatheran es una treintañera y soltera que ya no cree en los cuentos de hadas, mas parece muy conforme con lo que tiene, con su condición social, su oficio de enfermera y su lejanía a cualquier afecto masculino, sin pasar por alto su orgullo por ser blanca e inglesa.
Durante la cacería que emprende  Poirot para atrapar al asesino, la enfermera le es de gran ayuda, se subordina a él y admira su intelecto, sin por eso abstenerse de hacer bromas sobre su cómica figura. Y aunque se entienden bien, al final, cuando Poirot revela que sospechó de ella como de todos los demás y que, más aún, la usó, no quedan en los mejores términos.

jueves, 28 de agosto de 2014

Alberto de Morcef, de El conde de Montecristo

Alberto de Morcef es un personaje secundario de El conde de Montecristo, mas no por ello se puede negar que Dumas y sus colaboradores hicieron con él un espléndido trabajo. Se trata del hijo de Mercedes Herrera, la novia de la juventud de Montecristo, y Fernando Mondego, su peor enemigo.
Pero pese a ser hijo de un villano, Alberto es un joven valiente y honorable, lleno de virtudes, un personaje que en la cultura actual tendría que ser hijo de Edmundo Dantés y no de Mondego. De hecho, Hollywood hizo esa corrección en la última bazofia cinematográfica basada en la gran novela, que protagonizo James Caviezel.
Alberto se supone que nace cuando Edmundo Dantés lleva más o menos una década en prisión por culpa de su padre. Mas se desconoce si para entonces Mondego ya es el conde de Morcef y un general refutado. En todo caso, durante la historia, todo indica que Alberto, un joven veinteañero, desconoce el origen humilde de su padre, porque diversos pasajes lo demuestran.
En algún momento de la novela, los amigos de Alberto sugieren que la hija del barón Danglars es indigna de casarse con él porque su padre es un noble de reciente creación, lo que hace suponer que ellos creen, incluido Alberto, que los Morcef son una familia de muy rancio abolengo.
Alberto tiene el mejor concepto de su padre: es un gran admirador de su fama como general en Grecia y lo cree indigno de hacer cualquier acto deshonesto. Es elegido, mientras vacaciona en Roma, por Edmundo Dantés, ya convertido en el Conde de Montecristo, para iniciar su muy bien planeada venganza.
Dantés hace que Alberto sea secuestrado por su bandido de cabecera, Luigi Vampa (el hecho no se comenta, pero queda claro), y al mismo tiempo se convierte en su salvador, lo que hace que los Morcef tengan en adelante una cara deuda con él.
Desde ese momento, Alberto se convierte en un gran amigo de Montecristo, a la par de su gran admirador y promotor en París. Durante la estancia del conde en la capital francesa, el joven vizconde de Morcef procura estar a su lado cuanto puede, porque  considera que la estimación es mutua y también se halla seducido por su fortuna y su orientalismo exótico.
Pero cuando el oscuro pasado del conde de Morcef empieza a salir a la luz, Alberto, intrigado por Danglars, no duda en retar a duelo a Montecristo, creyéndolo, como es cierto, el artífice de la caída en desprestigio de su padre.
El conde no ve con malos ojos la oportunidad de matar a Alberto en el duelo para vengarse de su enemigo más odiado. Sabe que va a ganar, es un gran esgrimista y con la pistola tiene una inigualable puntería. Pero una visita nocturna de Mercedes, su antiguo amor, quien va a rogar por la vida de su hijo, hace que Montecristo decida dejarse matar por Alberto.
No obstante, esa misma noche, Mercedes le cuenta toda la verdad a su hijo, respecto al cautiverio de Edmundo y la innegable culpa de su padre. Al llegar al lugar señalado para el duelo, Alberto se disculpa con el conde y cancela el enfrentamiento.
Después su relevancia en el libro desaparece poco a poco. Sigue apareciendo, pero sin que su presencia conlleve a sucesos importantes. Lo último que hace es partir a África como soldado francés a luchar por el colonialismo de su país, pero ya no llevando el apellido de su padre, sino el de su abuelo materno español: Herrera.

martes, 19 de agosto de 2014

Alonso Quijano e Ignatius J. Reilly

Comparar personajes ficticios es un ejercicio no tan común como el de comparar novelas, no obstante, tampoco es ajeno a los hábitos de los aficionados a la literatura. Yo aquí mismo hace tiempo comparé al inolvidable Heathcliff con el inignorable Albram Dorogant, tan solo porque el uno me recordó al otro, sin que exista una similitud importante en las novelas que las contienen.
En el caso de Alonso Quijano (Don Quijote, desde luego) e Ignatius J. Reilly, también figuran en dos novelas que no tienen más vínculo que el extravío de los protagonistas, mil veces más bien logrado en el caso de Quijano. Me he encontrado infinidad de críticas derivadas de esa comparación. Muchos entreven un error garrafal comparar una figura que consideran pobremente lograda como Ignatius con la mente ficticia más bellamente trazada, la de Quijano.
Indudablemente, algo hay de cierto en eso. Las distancias son enormes. No obstante, no por eso resulta indigna la comparación. De que Ignatius es muy inferior a Alonso Quijano ni duda cabe. Hasta un simio con los ojos vendados lo notaria. Pero eso no le quita al rechoncho Reilly su grandeza, que sí la tiene.
Por otro lado, quienes sugieren la comparación, no creo que vayan por el camino de comparar la segunda novela del no publicado en vida Toole con la obra del grandísimo Cervantes. Hacer algo así  sería una insensatez. La comparación surge, como ya se avisa en el prólogo, porque Ignatius J. Reilly es un Quijote a su manera que cabalga a lomos de su Rocinante, devenido en carro de salchichas, por Nueva Orleans, no componiendo tuertos tanto como con la intención de enchuecar las mandíbulas de quienes le llevan la contraria.
Como personaje ficticio, Ignatius también, al igual que Quijano, anda un poco ido de la mente, no ve al menos la realidad como la ven otros. En eso se parecen. En eso Reilly es un Quijote, aunque las distancias literarias que separan a La conjura de los necios con El ingenioso Hidalgo sean, enormes. Que lo son.

viernes, 8 de agosto de 2014

Siegfried de Dubhe Alfa

Durante mi niñez fui un gran admirador del anime Los Caballeros del Zodiaco; de hecho fueron mi pasatiempo televisivo favorito por años. Naturalmente, fui un gran seguidor del héroe que nunca se rendía, Seiya, y posteriormente del antihéroe Ikki, pero algunas veces, de entre los enemigos de los cinco caballeros de bronce, surgía un enemigo que merecía mi simpatías, aunque no muchas, no hasta que apareció en escena Siegfried de Dubhe Alfa, un personaje tan extraordinario que me dejó cautivado con sólo figurar en unos cuantos capítulos, al final de la saga de Asgard.
Siegfried fue el capitán de los dioses guerreros de Asgard, guardines de la sacerdotisa Hilda de Polaris, una joven pacifica dispuesta a sufrir con su pueblo con tal evitar que otros pueblos sufrieran. Pero apareció el emperador de los mares, Poseidón, quien la controló con la famosa sortija nibelunga, y le cambió su dulce personalidad por la de una mujer malvada.
Hilda, repentinamente, convocó a sus siete guerreros y se dijo dispuesta a conquistar el Santuario de Atenea. Y éstos, a excepción Alberich, desconocían la influencia de Poseidón y se mostraron dispuestos a apoyarla hasta la muerte. Cuando Atenea y sus cinco caballeros de bronce llegaron a Asgard, los dioeses guerreros fueron derrotados en difíciles y crueles batallas uno tras otro. Eran fuertes, pero Seiya y sus compañeros ya tenían la experiencia de haber combatido recientemente contra los caballeros dorados, a quienes los dioses guerreros igualaban el poder, lo que les ayudó a salir en la medida de sus posibilidades bien librados en la lucha.
Pero el último dios guerrero en pelear era diferente a todos. Tenía un nombre mítico, era la reencarnación del gran guerrero Siegfried, quien en la mitología había derrotado a un dragón, hecho que lo hizo inmortal al bañarse con la sangre de la bestia. Siegfried también era el guardián privado de Hilda, y se sugiere que posiblemente estaba enamorado de ella. Pero sobre todo, Siegfried era terriblemente poderoso, mucho más que los caballeros dorados; su fuerza era terrible, sus técnicas destructoras y complementaba su poderío siendo, como su antepasado, inmortal.
Aparte de su gran poder, Siegfried tenía una figura imponente. Era muy alto, de aspecto feroz, pero demasiado noble. Su armadura negra azulada también era la más bella e imponente de todas cuantas
poseían los dioses guerreros, incluso por encima de la de Syd. Así pues, de entre los caballeros dorados, dioses guerreros de Asgard y generales de Poseidón, Siegfried era el guerrero más extraordinario.
Cuando Seiya y sus maltrechos amigos llegaron hasta sus garras, trapeó literalmente con ellos las afueras del palacio de Hilda, pese a los esfuerzos del propio Seiya, Ikki y Shiryu, quienes aun sabiendo que su enemigo era mucho más poderoso que los caballeros dorados, se le enfrentaron con valentía y soportaron sus terribles golpes.
Fue Shiryu quien halló su punto débil y Seiya, el siempre héroe, quien lo derrotó gracias a esa información. Pero Siegfried no murió a manos de Seiya. Era un personaje demasiado bien diseñado para tener un final tan innoble. Al campo de batalla llegó uno de los generales de Poseidón, Sorrento de Sirena, quien le relevó la verdad y lo hizo enfurecer. Al saber que su amada Hilda había sido manipulada y que sus amigos habían muerto en vano, Siegfried utilizó sus últimas fuerzas para morir junto con Sorrento, sujetándolo con fuerza y llevándolo al espacio exterior. De hecho la muerte de Siegfried fue uno de los episodios más tristes y conmovedores de toda la serie.
Luego se revela que Sorrento no murió, que utilizó sus trucos de hechicero para conseguir que Siegfried lo liberara. Después de ver el ridículo que hicieron ante los caballeros de bronce los generales de Poseidón, al ser derrotados de forma tan sencilla -si comparamos las peleas con las anteriores-, me pareció absurdo que Siegfried hubiera sido vencido por uno de ellos. Sorrento dijo, cuando peleó contra Siegfried, que no había pensado que los dioses guerreros fueran tan débiles -luego de su derrota ante los caballeros de bronce-. Pero tras ver pelear a los marinos de Poseidón, es fácil suponer que en buenas condiciones Siegfried bien podía haberlos vencido a todos al mismo tiempo.