jueves, 12 de septiembre de 2013

Personajes literarios interesantes

Hace tiempo que, en este blog dedicado a las biografías de personajes ficticios, quería subir una entrada en la que abundara un poco en el tema de las características precisas que hacen a un personaje literario interesante, adictivo incluso para los lectores. Porque, a fin de cuentas, una buena historia radica en gran medida en qué tan atractivos son aquellos personajes que participan en ella.
No es posible decir con exactitud qué habrá de tener un protagonista para que los lectores se enamoren de él, pero sí que se puede hacer hincapié en qué características realzan a un personaje, aunque a veces no sea del todo valorado por los lectores. Porque eso suele ocurrir. Ahí tenemos el caso del bandido Luigi Vampa, culto, de sangre fría, misterioso y, aun siendo un delincuente, leal como el más valiente soldado, pero que ni con todas esas “cualidades” -en el sentido literario, claro está- es uno de los personajes más apreciados de El conde de Montecristo.
Pero, sin salirnos de la personalidad de Vampa, él reúne muchas de las características que a otros habitantes de libros han hecho grandes. Tal vez si no alcanzó demasiada celebridad se debe sólo al hecho de que Dumas no le dio más páginas en la monumental novela. Su compañero de libro, protagonista y hasta Jefe, Edmundo Dantés, tan interesantemente oscuro como él, es lo que es gracias en parte a la misteriosa personalidad que logra construirse incluso con la complicidad del lector, factor que no acompaña a Vampa, quien se guarda sus misterios incluso con los lectores.
Drácula, el personaje, también se hace interesante en la medida en que está rodeado de muchos misterios. Después de la primera parte de la novela, deja de hablar casi por completo, y quizás eso fue un acierto de Bram Stoker, porque con ello aumentan los misterios y el interés por el personaje. Si bien es cierto que cada que habla decae el encanto.
Van Helsing no es precisamente un personaje interesante por sus muchos misterios, pero sí por la cultura que según contiene en la cabeza, rasgo que comparte con Edmundo Dantés, pero éste tiene la ventaja de que aunado a ello guarda infinidad de misterios a su alrededor, y eso sin duda aumenta el interés por él en los lectores. Van Helsing de hecho decae como personaje hacia el final del libro que protagoniza, mientras que Dantés jamás deja de crecer.
Albram Dorogant es otro personaje al que los misterios que lo envuelven hacen grande. Aunado a ello, su compleja personalidad crea otros aparte de los que divulgan quienes lo rodean, haciendo al personaje un cúmulo de misterios que se va haciendo más y más interesante en la medida en que avanza el libro. Pero en la misma obra se aprecia que no sólo con “cosas oscuras” un personaje atrae al lector. Baon Lornman tiene, al parecer, pocos misterios, pero su personalidad apática, casi inexistente, que sin embargo ve con fiereza al peligro, lo hacen casi tan grande como Albram.
Mas es cierto que no sólo con misterios crece un personaje y se gana la admiración de los lectores. Fitzwilliam Darcy cobra atractivo de una manera diferente, siendo bueno mientras los demás dicen que es malo.
Viernes, el gran Viernes, amigo inseparable de Robinson Crusoe, es tan grande en la literatura sencillamente porque no tiene competidores, es el único personaje importante en la novela después del protagonista. Porque, siendo sinceros, ¿qué tiene de interesante ese Viernes que no tengan tantos otros?
Lord Henry Wotton es otra cara de la moneda en cuanto a personajes interesantes. Él no conquista al lector con lo que oculta ni con lo que hace: le basta únicamente lo que dice, a diferencia de su corrompido -muy a propósito- discípulo, Dorian Gray, que es lo que es por lo que hace.
Al final de las cuentas, un personaje literario interesante tiene que poseer características difíciles de hallar en personajes reales: misterios, sarcasmo, valentía, honor, descaro, conocimientos abundantes e incluso estar enamorado de su soledad. Aunque, claro, eso no garantiza que conquiste a los lectores. Hay algunos magníficos que han pasado desapercibidos.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

George Wickham, de Orgullo y prejuicio

George Wickham es el encantador villano de Orgullo y prejuicio. Es un personaje que circula con capa de cordero mientras va regando las mordidas del lobo por doquier. Cuando aparece en escena, ante Elizabeth Bennet, se describe como una víctima del malvado aristócrata Fitzwilliam Darcy. Sus habilidades de manipulador las demuestra plenamente al convencer con facilidad a Elizabeth de que Darcy es un villano de lo peor.
Wickham inventa que el padre de Darcy, su protector, le había legado una rectoría eclesiástica, con la que habría podido vivir sin complicaciones, pero que al morir su padre, Fitzwilliam Darcy, al hallarlo antipático, se negó a concedérsela y lo condenó a la miseria,  de la que lucha por salir enrolado en el ejército.
Con esa historia falsa, y ante el hermetismo con que Darcy guarda los detalles de su vida, Wickham entra en la familia Bennet, incluso logra que Elizabeth se medio enamore de él. Pero después pierde el interés por ella al centrar su atención en una acaudalada heredera.
Ese detalle hace suponer a Elizabeth, que tonta es, que quizás el simpático Wickham no es tan sincero como dice ser. Páginas más adelante, sale a la luz la verdadera historia entre Wickham y Darcy. En realidad el primero es un rufián que sí fue el protegido del padre de Darcy pero que jamás quiso para sí una aburrida carrera eclesiástica. Lo que hizo al morir su protector fue cambiarla inmediatamente por dinero ante el hijo.
Después, ya sin fondos, trató de obtener nuevamente un beneficio de Darcy, y cuando éste se lo negó, sedujo a su hermana e intentó fugarse con ella, planes que nuevamente frustró el propio Darcy. Por esas razones lo odia y va de un lugar a otro despotricando contra él.
Una vez que su capacidad de hablar bien de sí es superada por su capacidad de endeudarse rápido, Wickham emprende una más de sus escapadas, pero en esta ocasión se lleva un recuerdo para distraerse un poco mientras decide qué hacer: a la alocada Lydia Bennet, la hermana menor de Elizabeth.
Como los Bennet saben bien que Wickham no piensa casarse con ella, ya sienten sobre ellos el peso de la deshonra, pero poco a poco y de manera extraña las cosas empiezan a componerse, sucesos que Elizabeth y su padre atribuyen a un generoso pariente.
La realidad es que el propio Darcy, pese a lo mucho que odia a Wickham, lo ha buscado para sobornarlo y así convencerlo de que se case con Lydia. De esta manera Wickham se convierte en un villano que, contrario a la tradición literaria, no recibe su merecido. Aunque sus privilegios se le terminan pronto dada su afición a gastar y al final solo le queda la ruina y una esposa adolescente con una inteligencia muy reducida y algo loca.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Elizabeth Bennet, de Orgullo y prejuicio

El hecho de que Jane Austen haya logrado con Orgullo y prejuicio crear la novela romántica por antonomasia no sólo radica en que creo en Fitzwilliam Darcy al caballero perfecto, sino en que también hizo de Elizabeth Bennet la perfecta heroína, independiente, librepensadora, con carácter e inteligente. Aparte le dio un rasgo que la diferencia de las protagonistas de las novelas actuales: Elizabeth no es excesivamente hermosa, lo que constituye para la autora otro acierto que le da más originalidad a la novela incluso si la comparamos con obras contemporáneas que tanto la imitan.
Elizabeth Bennet es la segunda de cinco hermanas, la segunda también en belleza y la más inteligente de todas. Está emocionalmente muy ligada a su hermana mayor, Jane, y a su padre. Con respecto a su madre y a sus tres hermanas menores (sobre todo las últimas dos), la sacan de quicio y la avergüenzan constantemente, pero se esmera por llevar una buena relación con ellas.
Es una joven sumamente sarcástica, algo que, como en el caso de su padre, deriva de su inteligencia, y eso precisamente es lo que llama más la atención de ella, más incluso que su belleza, eclipsada siempre por la de su hermana Jane.
Cuando aparece en su vida el aristócrata refinado y excesivamente serio Fitzwilliam Darcy, lo primero que recibe de él es un desprecio al subestimar su belleza, acto que ella toma con sarcasmo en lugar de sentirse ofendida. Pero desde allí empieza una especie de guerra silenciosa entre ambos, guerra que Darcy sabe que va a perder y que ella ni siquiera percibe.
En sus constantes encuentros, que Darcy disfruta muy a su pesar, ella lo impresiona cada vez más con su extraordinaria personalidad, mientras que él a ojos de ella pierde constantemente puntos, sobre todo después de que George Wickham echa a andar su maquinaría de intrigas.
Elizabeth nunca toma en serio sus conversaciones con Darcy porque no contempla siquiera remotamente la posibilidad de casarse con él. Le parece antipático y su aristocrática cuna lo separa radicalmente de ella. Y cuando Darcy le propone sorpresivamente matrimonio, no puede más que expresar una negativa al quedar terriblemente desconcertada.
Tiempo después su percepción cambia. Cuando Wickham huye con su hermana menor, Lydia, aunque Darcy tiene motivos para odiarlo, suprime su noble orgullo y hace todo lo posible para que no quede deshonrada para siempre la familia Bennet. Es entonces cuando Elizabeth descubre la verdadera personalidad humanitaria de Darcy y ve por fin en éste al perfecto caballero.
La última prueba de su carácter e inteligencia la exhibe extraordinariamente cuando Lady Catherine de Bourgh, la mandona y autoritaria tía de Darcy, va a visitarla a su casa exclusivamente para exigirle que no pretenda casarse con su sobrino, ya que lo tiene predestinado para su hija, a lo que Elizabeth replica, sin decirlo tal cual, en un tono apenas sugerido, que no piensa dejar ir a un galán de la talla del disputado.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Gilderoy Lockhart, de la saga Harry Potter

Quizás no podría decirse con plenitud que Gilderoy Lockhart es un personaje de la saga de Harry Potter porque sólo tiene relevancia en el segundo libro, y dada la amplitud de la historia, lo más coherente es ubicarlo como alguien un tanto efímero, igual que el malogrado Cedric Diggory. Pero lo que sí es indudable es que Lockhart es extraordinario, un idiota casi de la misma talla de William Collins.
Su aparición, como ya mencioné, es en el segundo libro, Harry Potter y la cámara secreta, donde da el salto como toda una celebridad y la nueva gran adquisición de Albus Dumbledore como profesor a cargo de la cátedra  Defensa Contra las Artes Oscuras, en lo que tiene fama de ser un verdadero genio.
Lockhart destaca tanto por su vanidad como por lo estúpido que es. Pero su vanidad tiene una justificación porque, según cuenta él mismo en sus libros, ha sobrevivido a infinidad de peligros enfrentándose a criaturas oscuras, tantos que Voldemort bien podría temerle más a él que a Dumbledore.
Pero sencillamente algo no cuadra entre lo que dice y lo que hace, ya que tan sólo como profesor es un completo idiota, no puede siquiera someter a una serpiente y en un duelo “amistoso” contra Severus Snape sale volando por los aires. No obstante, casi nadie se pone a pensar en que cómo es posible que semejante idiota sea un héroe de magnitudes nunca antes vistas.
Lo que más destaca de él es su afición a hacerse notar. Cada que alguien habla de peligro, él lo minimiza y lo compara con una de sus “grandes hazañas”. Cuando se habla del monstruo que habita la Cámara Secreta, Lockhart  no duda en afirmar que para él resolver ese problema es una cosa sencillísima, cuando al propio Dumbledore la situación lo tiene en serios aprietos.  
Quizás la parte más cómica del vanidoso mago es que piensa que Harry Potter pretende ser tan célebre como él, debido a que es el único que sobrevivió al poder de Voldemort, y por ello no duda en reprenderlo cuando equivocadamente cree que Harry se está autopromocionando y le da “paternales consejos” para que no vaya a caer en serios errores mientras labra su camino como un mago famoso.
La explicación al hecho de que el muy renombrado Gilderoy Lockhart sea a la vez un idiota la confiesa él mismo cuando después de que su enorme boca casi lo hace enfrentar a la criatura que habita la Cámara Secreta, se ve en la necesidad de decirle la verdad a Harry. Lockhart sólo sirve para lograr que magos que han logrado grandes proezas se las cuenten y también para borrarles la memoria una vez hecho el relato. De esa manera, no podrán reclamar su hazaña cuando él en uno de sus muchos libros se la apropie.
Una vez que Harry y Ron Weasley saben que es un farsante, un cobarde y un mago de dudoso talento, intenta evitar que lo delaten borrándoles la memoria, pero se vale de una varita que no está en las mejores condiciones y termina siendo víctima de su propio hechizo, suceso que acaba con su protagonismo en la saga de Harry Potter.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Edward Cullen, de Crepúsculo

Edward Cullen es indudablemente el retoño más famoso de Drácula, más que Lestat de Lioncourt  y Louis de Pointe du Lac, por mucha fama que hallan conseguido estos dos. Aunque lo cierto es que Edward se aleja radicalmente del vampiro convencional y se aproxima más al héroe romántico al estilo de Fitzwilliam Darcy; ni siquiera por ser un vampiro tiene una personalidad oscura y misteriosa como la de Albram Dorogant, en realidad pareciera que su vampirismo es una característica secundaría, y quizás eso se debe a que Crepúsculo es una historia de corte romántico.
Encerrado en un cuerpo inmutable de un joven de 17 años, Edward ronda el siglo de existencia. Es un vampiro vegetariano, o ésa es su manera de decir que sólo se alimenta de sangre de animales. Nació en 1901, en Chicago, y sus padres le dieron el nombre de Edward Anthony Masen. A sus 17 perdió a su familia por una epidemia y él también estuvo a punto de morir. Pero fue rescatado por Carlisle Cullen, un ancestral vampiro filántropo que lo transforma en uno de los suyos para que pueda seguir existiendo.
Sus primeros años con Carlisle son muy tormentosos ya que le cuesta aceptar su identidad. Incluso se aleja de él y también abandona el vegetarianismo para alimentarse de criminales como una manera de librar a la sociedad de ellos. Cuando descubre que él también es un criminal, regresa con Carlisle para vivir en familia. Carlisle es un vampiro muy joven, y después de la llegada de Edward, él y su esposa van reclutando a otros jóvenes y haciéndolos pasar por sus hijos adoptivos.
Debido a que tienen que mudarse cada cierto período de tiempo para que nadie note que no envejecen, seleccionan el lluvioso y oscuro pueblo de Forks, en Washington, para vivir allí una temporada. Los hermanos Cullen van a la escuela, pero no se relacionan con los otros estudiantes. Todos son en apariencia perfectos, y Edward, de 1.85, cuerpo atlético y rostro de estatua griega, sobresale entre todos.
Su vida transcurre de manera muy normal, después de que sus compañeros asimilan su hermetismo y palidez, hasta que llega a Forks Bella Swan, una joven a la que Edward no le puede leer la mente y tiene un olor de sangre que a él le parece infinitamente delicioso. Pronto entra en el dilema de devorarla o amarla. Y allí da inicio una historia que ya se sabe todo el mundo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Señor Bennet, de Orgullo y prejuicio

Yo creo que hay tres personajes (masculinos ya hablaré luego de los femeninos) culpables de la grandeza inigualable de la novela Orgullo y Prejuicio. El primero naturalmente que es el perfecto caballero Fitzwilliam Darcy, el segundo, el muy divertido e idiota William Collins, y el tercer puesto sin duda le corresponde al agradabilísimo Señor Bennet.
Bennet es un caballero educado y de muy finos modales, pero tiene cinco problemas: su esposa, tres intratables hijas y la certeza de que al morir su patrimonio irá a parar a manos de su sobrino lejano, William Collins, por lo que dejará a su familia desprotegida.
Pero aun así no pierde su excelente buen humor. A conservarlo quizás lo ayudan sus otras dos hijas, Jane, la más bella que además tiene unos sentimientos muy nobles, y Elizabeth, la más inteligente y por consecuencia también la más cercana a él.
Para evadir su turbia realidad familiar, Bennet suele encerrarse en su biblioteca y minimizar cualquier problema que se le presenta. A sus tres hijas menores y a su esposa las da por pérdidas, literalmente, mientras que tiene esperanzas de que sus dos favoritas logren labrarse, gracias al matrimonio, un buen futuro.
Su elevada inteligencia le sirve para analizar siempre a las personas que de alguna manera pueden intervenir en su vida. Sus diagnósticos suelen ser bastante acertados además de muy agrios. Nunca externa sus verdaderas intenciones más que con su hija Elizabeth, la única con la inteligencia necesaria para entenderlo.
Otra de sus características es que hace sarcasmo aun de las peores desgracias. Casi al final de la novela, cuando ya tiene tres yernos: Darcy, un aristócrata elegante y refinado, Bingley, un joven de buena posición y de nobles sentimientos, y Wickham, un rufián de lo peor, dice que este último es su favorito porque es encantador y tiene una extraordinaria colección de sonrisas.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

William Collins, de Orgullo y prejuicio

William Collins no tiene un papel protagónico en Orgullo y prejuicio, no obstante, parte de la genialidad de la novela depende de él. Es sencillamente un personaje extraordinario, un completo idiota que se cree listo, pero perfectamente bien estructurado.
Se trata del pariente varón más cercano que tiene el señor Bennet, padre de las protagonistas, y al ser las hermanas Bennet todas mujeres, está estipulado que Collins será el heredero absoluto e indiscutible de su patrimonio a la muerte del padre.
Por su parte, Collins se ha formado como clérigo al amparo Lady Catherine de Bourgh, lejos de sus parientes los Bennet. Lady Catherine es una aristócrata arrogante, clasista en extremo que gusta rodearse de personas inferiores a ella para sutilmente humillarlas, como el propio Collins, quien gustoso se somete al proceso.
Siendo sabedor de que será el heredero del hogar de las hermanas Bennet, Collins decide visitarlas e indemnizarlas cazándose con una de ellas. Y como es tonto mas no ciego, escoge a la más hermosa: Jane, pero al enterarse de que ella está virtualmente comprometida, pasa su mirada a la que le sigue en belleza: Elizabeth.
Cuando Elizabeth rechaza a Collins, él, considerándose un buen partido y su propuesta una obra de caridad, sencillamente no lo puede creer. Pero tampoco pierde el tiempo. Ya que con las guapas no ha tenido suerte, decide probar con una fea, Charlotte Lucas, amiga de las hermanas Bennet, quien inmediatamente lo acepta.
Durante toda la novela, Collins jamás se entera de la cortedad de su intelecto ni de lo ampuloso de sus formalidades. Y eso sencillamente lo engrandece como personaje. Mete la pata cada que puede con un prolongado y aburrido discurso y se retira satisfecho de su obra.
Y aunque parece ser una buena persona, tiene algunos rasgos que lo dejan ver como un hombre ligeramente vengativo y clasista. Cuando Lydia, la más alocada de las Bennet, deshonra a la familia, Collins no pierde la oportunidad de insinuarle un agradecimiento a Elizabeth por no haberlo aceptado como esposo, ya que, de haber sido así, la conducta de Lydia lo habría deshonrado también a él.
En resumen, Collins es uno de los más perfectos idiotas de la literatura universal. Aunque pareciera que un personaje así aburriría al lector desde el principio, lo cierto es que él crece en la medida en que avanzan las páginas, y nunca deja de hacer reír al lector hasta el último y estúpido de sus discursos. Jane Austen sin duda alcanzó un logro sorprendente con tan magistral idiota.