martes, 25 de febrero de 2014

Quasimodo, héroe romántico y amante fiel, pero feo

Quasimodo es uno de esos héroes de la literatura de una sola pieza. Es fuerte y muy valiente, capaz de pelear contra un ejército, agradecido como pocos, dispuesto a recibir un castigo sin un rechinar de dientes por aquél al que debe lealtad, y tampoco se lo piensa ni media vez a la hora de defender con la bravura de un león a la mujer que ama. Pero tamaño héroe romántico es feo, razón por la cual seguramente Hollywood no lo ha utilizado hasta el hartazgo como protagonista de un sin fin de películas matizadas, retocadas y rellenadas con escenas de sexo.
Nuestro héroe nace probablemente en el seno de una familia gitana, pero al ver los padres que era terriblemente deforme, casi como un monstruo de piedra, no tuvieron reparo en cambiarlo por una hermosa niña sin el consentimiento de la madre de ésta. El niño rodó hasta llegar a manos, en calidad de adoptado, de archidiácono de la Iglesia de Notre Dame, don Claude Frollo.
Claude es un erudito ocupado sólo de su pequeño hermano y de sus estudios, y al adoptar a Quasimodo únicamente pensó en adquirir una especie de baúl de los pecados que en la edad adulta podría cometer su adorado hermano Juan, que de hecho comete muchos. El deforme niño se vuelve campanero de Notre Dame, oficio que, aun con todas sus deformidades, lo vuelve sordo. Claude lo educa sin ningún vínculo sentimental, como una especie de pieza de ajedrez que algún día podría servirle. El jorobado, en cambio, siente por su señor una lealtad similar a la de un ángel con el Altísimo.
Cuando Quasimodo se vuelve adulto, se vuelve también extremadamente fuerte. Y por ese entonces su amo se enamora de una hermosa joven gitana. No duda en usar la fuerza de su adoptado para conseguirla, pero algo sale mal, el secuestro es frustrado, Claude escapa como un cobarde y el jorobado es arrestado y, posteriormente, sometido a un terrible castigo por parte de las autoridades.
Cuando el jorobado ha recibido ya la fuerza del verdugo, pide, exhausto, agua, pero el pueblo parisino en lugar de tener un gesto de bondad lo hace blanco de sus terribles burlas. Sólo una persona se apiada de Quasimodo, y ésta es Esmeralda, la misma a la que trató de secuestrar para satisfacer los deseos mezquinos de su señor.
Este acto le granjea a Esmeralda un poderoso protector. Quasimodo, que nunca ha recibido una gota de ternura, está dispuesto a pagar con su vida el balde de agua que le ha dado la hermosa joven morena. Poco después ella es arrestada, acusada de matar al hombre que ama, que también es un rufián de lo peor, y cuando va a ser ejecutada, Quasimodo la salva y la pone bajo el asilo de la iglesia de Notre Dame, donde termina de enamorarse de ella y la cuida como al tesoro más valioso de la tierra.
Cuando una turba de hampones va a salvar a Esmeralda, el jorobado, al ser sordo y no oír el discurso de éstos, piensa que van por ella para sacrificarla, y los enfrenta con tanto valor, determinación y bravura, que él solo a punto está de hacer que emprendan la retirada. Pero la noche es larga y a los hampones les siguen los soldados del rey Luis XI, que sí van por Esmeralda para ahorcarla. Quasimodo no se deja vencer por el cansancio, pero la suerte y su amo, Claude, le juegan una mala pasada. Aun así, su amor y lealtad por Esmeralda es quizás más grande que el de Romeo por Julieta, ya que:

Cuando trataron de separar su esqueleto del de ella, sus huesos se hicieron polvo.

viernes, 7 de febrero de 2014

Dócrates, de Los Caballeros del Zodiaco

Mi anime favorito en la niñez, antes de Dragón Ball Z, fueron Los Caballeros del Zodiaco, al igual que de todos mis compañeros de escuela. Recuerdo que solíamos pegar estampas de los protagonistas en nuestros cuadernos y dibujarlos aprovechando la distracción de los profesores. El que mejor me salía era Dócrates, aunque ya no conservo ninguno de aquellos dibujos. Pero la anécdota me ha metido la intención de biografiar al personaje.
Dócrates es el primer esbirro de Saga de Géminis, bajo el disfraz del Patriarca del Santuario, en ser enviado a recuperar la armadura de Sagitario tras la derrota de Ikki, mi personaje favorito de la serie. Se trata de un gigante muy poderoso que se dice hermano de Cassios, el guerrero al que Seiya tuvo que vencer para ganar su armadura de bronce. Por tal razón, Dócrates odia a Seiya y ansía medir sus fuerzas con él.
Pero ciertamente, Dócratas es mucho más poderoso que Seiya y que los otros tres caballeros de bronce. Más es inferior a Ikki, quien ya libre de todo odio, cansado y moribundo, todavía se da el lujo de someterlo y sepultarlo en una avalancha de rocas. Sin embargo, el gigante no muere. Sale de su sepultura y va contra los caballeros de bronce, a quienes trata como a muñecos ahora que ya no está Ikki para defenderlos.
El gigante, durante la primera batalla, se apropia de todos los fragmentos de la armadura de oro, a excepción del casco, y la esconde dentro de una roca que tiene la forma de la cabeza de un león. Para apropiarse también del casco, Dócratas secuestra a Saori, una joven que en ese momento desconoce que es la Diosa Atenea, pero funge como líder de los caballeros de bronce.
Cuando Seiya y sus amigos van a rescatarla, Dócratas los humilla con demasiada facilidad. Pero Hyōga recuerda una técnica que en Siberia  le enseñó su maestro para someter a enemigos de gran talla. Así que congela las piernas de Dócrates, mientras Seiya y Shun lo atacan hasta matarlo. Mas eso no evita que la mayor parte de la armadura de oro llegue a manos del Patriarca del Santuario.
Dócrates es un caballero de gran presencia. Tiene un aspecto mucho más fiero que el cómico de su hermano Cassios, aparte su armadura es imponente e intimidadora: de color rojo, representando a una hidra, le da al caballero una apariencia que pocos tienen en la historia.
No obstante, Dócrates es un caballero de bronce, pertenece, por tanto, al rango más inferior, pero su altura y su gran fuerza lo hacen un enemigo formidable y casi invencible para sus iguales. Como complemento de su imponencia, lleva siempre una escolta de caballeros negros que poseen armaduras similares a la suya, a los que utiliza para atacar a enemigos que no cree dignos de batirse con él.
Es notable que, más avanzada la historia, pocos de los caballeros de plata, de oro y los marinos de Poseidón tuvieron una personalidad tan amenazadora. Tan sólo los dioses guerreros de Asgard poseían un aspecto más fiero e intimidador que el de Dócrates, un simple caballero de bronce que murió al principio de la historia.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Ikki, el Ave Fénix, otro gran antihéroe

Hace unos días escribí sobre Vegeta, uno mis antihéroes favoritos de la niñez, y hace tiempo sobre Albram Dorogant, mi antihéroe favorito de la literatura de estos tiempos, así que he decidido complementar la terna hablando de Ikki, el caballero Fénix, mi primer antihéroe favorito allá por mi lejana infancia.
Antes que nada, aclaro que mis conocimientos del personaje corresponden exclusivamente al anime Los Caballeros del Zodíaco, al igual que en el caso de Vegeta, porque desconozco los mangas. A eso hay que añadirle las posibles lagunas mentales propiciadas por el paso del tiempo, aunque vi la historia tantas veces cuando niño que quizás no haya muchas.
Ikki es un huérfano que junto con su adorado y sobreprotegido hermano menor, Shun, es seleccionado por el magnate Mitsumasa Kido (he oído que según el manga es su padre biológico) para ser dispersado por el mundo junto con otros ocho niños y así consiga ser un caballero y guardián de Atena, la pequeña que Mitsumasa ha adoptado como su nieta.
Los lugares a los que serán enviados los diez niños son sorteados por Tatsumi, el tirano y fiel sirviente de Mitsumasa. La mala suerte hace que a Shun le toque ir a la Isla de la Reina Muerte, una especie de volcán en erupción perdido en el océano del que muy pocos han logrado salir vivos y no exentos de deformaciones tanto físicas como mentales. Tatsumi le garantiza a Shun que sus posibilidades de sobrevivir son prácticamente inexistentes, por lo que Ikki, como hermano mayor y sobre protector, exige ir en su lugar argumentando que necesita vacaciones.
Su determinación y la fuerza de su carácter convencen a Mitsumasa, aunque Tatsumi, furioso por la irreverencia del niño, lo golpea hasta casi matarlo. Cinco años después vuelven uno a uno aquellos chiquillos ya convertidos en caballeros de bronce e inician un torneo para determinar quién de ellos merece portar la armadura dorada de Sagitario, la misma que el moribundo caballero Aioros le entregó a Mitsumasa junto con la bebé Atena.
Cuando ya se han desarrollado varios combates, aún falta un caballero por regresar, y es precisamente Ikki. Pero de pronto aparece portando la inmortal armadura del Fénix y exhibiendo un poder capaz de aniquilar a todos los demás caballeros de bronce juntos. Su primera víctima es su hermano, a quien al parecer ya no adora sino que, por el contrario, busca eliminarlo por débil y sentimental.
Ikki roba la armadura dorada y rodeado de una escolta de caballeros negros dispuestos a morir por él les declara la guerra a los demás caballeros de bronce. Curiosamente sólo cuatro aceptan el desafío: Shun, Shiryū, Hyōga y Seiya. La batalla es muy dura, los caballeros del bien derrotan no sin dificultad a los caballeros negros, pero el principal problema es que Ikki es tan poderoso que puede vencerlos sin dificultad a todos juntos.
Cuando milagrosamente lo derrotan, aparecen más enemigos enviados por el malvado Patriarca del Santuario para robar la armadura. Esta vez se trata de Docrates, un gigante y poderoso caballero que hará sufrir mucho a los caballeros de bronce antes de dejarse matar. Pero en ese inicio de la batalla tiene una breve pelea con un malherido y moribundo Ikki, en la que éste se muestra incluso muy superior al gigante, logrando someterlo y sepultarlo entre una avalancha de piedras.
Ikki también muere sepultado en esa batalla. Pero se trata del caballero del Fénix, una ave inmortal. Poco tiempo después, Shun se ve fácilmente vencido por otro enviado del Santuario, el caballero del fuego, pero poco antes de morir aparece su hermano mayor, revivido por el calor de las llamas y tan poderoso como siempre, capaz de derrotar al enemigo en un instante. Pero aunque Ikki ha vuelto ya sin odio en el corazón, sigue siendo temperamental, hermético y realista. Pronto tiene problemas con Seiya y se aleja del grupo, aunque continúa siendo fuel a Atena.
Para ese entonces, el Patriarca ha decidido que sus caballeros de bronce no son rivales para los otros caballeros de bronce y optado por enviarles caballeros de plata para que los exterminen, y ciertamente son muy fuertes, ponen en serios apuros a todos, menos a Ikki. Él se enfrenta a dos a la vez, Dante y Capella, a quienes derrota con una increíble facilidad no sin antes ridiculizarlos.
La realidad es que Ikki desde el inicio de la serie si bien no es igual de poderoso que un caballero de oro, sí es muy superior tanto a sus iguales de bronce como a los arrogantes de plata. En una ocasión se ve sometido por dos caballeros de plata, Shiva de Pavo y Agora de Loto, pero eso se debió a que desde lejos Shaka de Virgo los estaba ayudando. En cuanto Atena interrumpe la meditación del caballero dorado, Ikki vence a sus rivales sin demasiados problemas y parte para enfrentar al mismísimo Shaka, quien acaba de tratar a Shun, Shiryū y Seiya como a niños indefensos y sugiere que si han llegado hasta la casa de Virgo es porque los demás caballeros dorados traicionaron al Patriarca.
Ikki logra poner en serios aprietos al poderoso Shaka y aunque no lo mata sí lo quita del camino de sus compañeros. Horas después, por obra y gracia de Mu de Aries, regresa justo cuando Seiya se encuentra casi derrotado por el malvado Saga de Géminis, el caballero dorado que se ocultaba detrás del rostro del Patriarca. Ikki no logra vencer a Saga, quien es quizás junto con Shaka el más poderoso, pero sí puede distraerlo para que el héroe Seiya salve a Atena.
Después vuelve a aparecer en la batalla de Asgard, y una vez más cuando su hermano está a punto de ser asesinado, esta vez por Mime de Benetnasch. Ikki lo derrota pero le cuesta una de sus frecuentes muertes. Y vuelve a revivir y de nuevo para salvar a su hermano de las garras de Bud de Alcor, a quien vence tras muchas dificultades. Al final de la batalla pelea valientemente y puño a puño aunque sin éxito contra el poderosísimo Siegfried.
En el mundo marino llega a humillar con su enorme poder a Kasa de Lymnades, y a salvar, otra vez, a su hermano que está a punto de morir. Después inicia una larga y dura pelea contra el Dragón Marino, quien no es otro que Kanon, el malvado hermano gemelo del también malvado Saga de Géminis. No lo derrota, pero por momentos lo pone en serios aprietos.
En la saga de Hades, Ikki sigue siendo el mismo antihéroe, solitario y sarcástico ante la difícil situación. Aparece, como es su costumbre, a media batalla pero esta vez no para salvar a su hermano sino a su anterior enemigo, Kanon de Géminis, el hombre que arrepentido de sus pecados ha vuelto a ser un caballero dorado y totalmente leal a Atena. Ikki demuestra su terrible poder que intimida al propio Hades al vencer sin muchos preámbulos a  Aiakos de Garuda, uno de los tres terribles jueces que protegen al dios del inframundo.
Al final de la saga obtiene, al igual que sus compañeros, una armadura celestial, no sin antes usar prestada por unos minutos la del poderoso Aioria de Leo. Aunque su gran poder sigue siendo incuestionable, las circunstancias, como siempre, minimizan su protagonismo a favor de Seiya, el héroe, quien siempre termina salvando la situación. Pero a mí Ikki, el antihéroe, siempre me pareció mucho mejor personaje que Seiya, será acaso por mi afición por los antihéroes o porque su historia, a fin de cuentas, es más interesante.

lunes, 27 de enero de 2014

El carácter del príncipe Vegeta, un orgulloso saiyajin

En mi niñez fui un fiel fanático de Dragon Ball Z, aunque cuando el anime derivó en Dragon Ball GT me pareció tan impresentable que por ese motivo, y por los estudios, dejé de verlo. Por lo tanto, mi conocimiento de los personajes llega hasta Dragon Ball Z, cuando es derrotado Majin Boo. Según mis amigos que fueron tan fanáticos del anime como yo, hasta aquí termina lo bueno de la historia y no me perdí de nada al no darle seguimiento a la pésima continuación.
Algo sorprendente de Dragon Ball que sin duda constituyó un gran logro fue la destreza del autor para ir haciendo de cada villano un gran amigo y aliado de Gokū una vez que éste le vencía, creando de esa manera un número interesante de antihéroes primero y de buenazos después. Durante mucho tiempo creí que el mejor logro en ese sentido había sido Piccolo. Cuando apareció el malvado Vegeta lo odié como supongo todos los seguidores de la historia. Y fue precisamente en ese entonces que Piccolo alcanzó una talla extraordinaria, peleando con gran valor contra los saiyajin y a la vez exhibiendo su siempre atractiva personalidad de antihéroe.
Durante la batalla con Freezer, Vegeta continuó siendo un tipo odioso, amen de sádico asesino y a veces cobarde. Durante la pelea trató de escapar, bajeza en la que nunca cayó Piccolo, quien por más superiores a él que fueran sus enemigos siempre sabía enseñarles con estilo los dientes.
Pero fue imposible no contemplar con interés la metamorfosis moral de Vegata, que se inició una vez que se quedó a vivir en la tierra y fue larga, muy larga. Duró todo el resto de Dragon Ball Z. Y es en esta parte donde superó a Piccolo, no sólo en poder, sino en atractivo como antihéroe. A Piccolo le bastó pasar una temporada con su querido alumno Gohan para hacerse bueno, en tanto que a Vegeta le llevó mucho más tiempo y tuvo, como buen adicto a matar, sus recaídas.
Cuando surgieron los androides, el atractivo del príncipe de los saiyajin radicó en que se vio inmerso en un equipo sin desearlo, pero a la vez conciente de su rol entre el grupo de guerreros y demostrando su lealtad a ellos en pequeños y casi imperceptibles momentos. Cuando Piccolo decidió pelear con el androide Número 20, Vegeta, pese a que deseaba eliminarlo por su adicción a pelear, comprendió pronto que el odiado Nameku era realmente casi tan poderoso como él y dejó que se ocupara del androide. Incluso llegó a decirle desdeñosamente con Número 20: Piccolo, ya matálo.
La mayor prueba de lealtad a “sus compañeros” la dio poco después, al pelear con Número 18. Justo cuando le daban una paliza, el sentimental Trunks quiso salvar a su padre e indirectamente orilló a Número 17 a que entrara a pelear por el bando de los androides y a Piccolo y Ten Shin Han en ayuda de los dos saiyajin. Aunque Vegeta peleaba con Número 18, al ver que 17 estrangulaba lentamente a Ten Shin Han se lanzó furioso contra el androide. La escena duró sólo un momento pero dio a entender mucho sobre el carácter de Vegeta y sembró dudas sobre él. ¿Se sentía culpable de que Ten Shin Han pudiera morir debido a que él no pudo derrotar a Número 18?, ¿o simplemente en ese momento se sintió parte del equipo?
Otro aspecto sumamente interesante de Vegeta radica en su relación con Gokū. Aunque lo odiaba por haberlo superado, también lo admiraba y lo consideraba un buen ejemplar de su raza, por más que siempre lo llamara guerrero de clase baja. Recordemos que Vegeta mató sin consideración a Nappa, por débil, pero tras pelear con Gokū empezó a sentir por él cierta admiración y a considerase a ambos como una raza en guerra con todo el universo. Cuando las cosas se le complicaron en el planeta Nameku, llegó a decir necesito aquí a Kakarotto. De allí en adelante, siempre decía: nosotros los saiyajin o no nos provoquen, para elogiar su resistencia, capacidad de superación y orgullo guerrero, refiriéndose casi exclusivamente a ellos dos y dejando a un lado a Trunks y a Gohan. Además, siempre lo llamó Kakarotto, quizás por considerar una ofensa el hecho de que un genuino representante de una familia guerrera tuviera un nombre terrestre.
El aspecto más sentimental de Vegeta es en su relación con Trunks. Piccolo amó a Gohan con mucha facilidad, mientras que a Vegeta le resultó muy difícil sentir afecto por su propio hijo. Podría decirse que a Trunks le costó sangre, sudor, lágrimas y una vida conseguir que su padre lo amara. Cuando el cruel Vegeta descubre que es su hijo, no para de humillarlo, quizás porque no lo ama o porque deseaba que su hijo tuviera su carácter.
Mas poco a poco descubre cuánto vale su hijo o, cuando menos, lo valora porque a fin de cuentas es eso, su hijo. En la saga de Majin Boo, Vegeta, aunque sigue siendo el de siempre, orgulloso, malvado en sus ratos y sediento de pelear, también aparece como un padre consentidor, sumiso y hasta orgulloso de Trunks.
Todos esos rasgos de la personalidad de Vegeta lo hacen si no el mejor personaje de Dragon Ball Z sí el mejor antihéroe, por encima del nada desdeñable Piccolo. Mucho de su atractivo radica en que jamás dice abiertamente lo que siente y obliga al espectador a hacer sus deducciones con lo poco que él revela. Aunque tampoco se trata de una originalidad, el carácter contradictorio y misterioso de Vegeta recuerda, en otro anime, a Ikki, el Ave Fénix, de Los Caballeros del Zodíaco, y en la literatura al joven juez Albram Dorogant, de El príncipe de la soledad. Recordemos que, por motivos complejos de explicar, siempre es mucho más atractivo el antihéroe que el héroe.

domingo, 26 de enero de 2014

Juan Frollo del Molino, de Nuestra Señora de París

Juan Frollo no es un personaje importante de Nuestra Señora de París, aunque es hermano el archivillano Claudio Frollo. De hecho, es prescindible, ya que su actuación no afecta en gran medida el hilo de la historia y se limita a hacer sus apariciones es las que saca a todos de quicio con su humor negro. Mas he optado por escribir su biografía porque me ha parecido un logro literario, un completo pillo venido a rufián que saca más de una carcajada a lo largo de la historia.
Juanito, así lo llama su hermano, sobrevivió de milagro a una epidemia que se cargó a sus padres cuando su hermano Claudio era apenas un estudiante. El malvado monje calenturiento se enterneció al ver a su indefenso hermanito que salvó la vida por los pelos y desde entonces lo convirtió en su más preciado tesoro. Don Claudio mima en extremo a Juan toda su niñez, y pese a su amargura y a sus maneras estrictas, es indulgente con su Juanito cuando empieza a hacerse medio pillo, apenas limitándose a darle cariñosas reprendidas y a recomendarle que se “enmiende”.
Tantos estos mimos sólo echan a perder a Juanito, quien se vuelve un bueno para nada, parrandero, pica pleitos, mantenido y pésimo estudiante. Aun así, su malvado hermano lo sigue adorando, debilidad del villano que Juan aprovecha para hacerle dramas cada que necesita dinero.
Juan es buen amigo de parrandas del apuesto pero menos gracioso capital Febo de Châteaupers, otro rufián que sólo piensa en seducir mujeres y ganarse la vida sin ningún esfuerzo, y que también es el rival de amores de su hermano mayor.
La vida relajada de Juan no agrada en absoluto a don Claudio, y por tal motivo cada vez le cuesta más trabajo sacarle dinero, aunque siempre lo consigue por las buenas o por las malas. Pero cuando comprende que esa mina se le está agotando, decide unirse a una banda de malvivientes que atacan la iglesia de Nuestra Señora de París, bastión defendido por un enfurecido Quasimodo, quien para proteger a su amada Esmeralda no le importa matar, por más que una de sus víctimas pueda ser el hermano de don Claudio, su malvado amo al que tanto adora.
Lo extraordinario del personaje es precisamente su carácter de rufián relajado, sin la menor preocupación por nada aparte de obtener de día a día algo de dinero con que ir a embriagarse y pagarse una prostituta. Se la pasa burlándose de todo el mundo, es un genio para las ironías y adora cualquier tipo de tumulto que ofrezca algo de espectáculo, por cruel que pueda ser. Quizás con este brillante personaje Victor Hugo pretendió dar a entender que quienes llevan una existencia tan libertina no viven demasiado…

domingo, 10 de noviembre de 2013

Febo de Châteaupers, de Nuestra Señora de París

Quien ubica a Febo de Châteaupers como un gallardo y noble militar que es incapaz de lastimar a los indefensos y menos aun de mentir, dispuesto a luchar por una causa justa y a entregar su amor a una gitana degradada por su condición social, sin duda lo conoce por la versión animada de  Walt Disney de 1996 y no por la novela.
La realidad es que el Febo que creó Victor Hugo es un rufián de lo peor, experto en el oficio de fingir ante una mujer que está enamorado de ella con tal de llevársela a la cama. No es un héroe ni en sus sueños y lejos está de pretender serlo. Aunque al principio es fácil confundirse -y más para quien vio la versión animada antes de leer la novela- porque Febo salva a la gitana esmeralda cuando Quasimodo y su oscuro señor tratan de secuestrarla. La situación fue más bien circunstancial porque Febo pasaba por allí con sus soldados y entre todos no les fue difícil someter a Quasimodo, mientras que el verdadero artífice del secuestro se daba a la fuga.
Esa acción basta para que Esmeralda lo crea un héroe y se enamore como loca de él, situación que el seductor consumado después aprovechará muy bien para sus nada dignos propósitos.
Febo es de noble familia, pero arruinada. Y aunque tuvo una esmerada educación, su oficio de soldado lo convierte en un hombre grosero y aleja de él los buenos modales, a tal grado que incluso estando rodeado de mujeres teme que su boca lo traicione y deje salir una lindeza. Está comprometido con una prima suya, a la que no ama y tampoco presta la menor atención, lo que invita a suponer que el fin que lo lleva al matrimonio es el de salir de pobre.
Gracias a una indiscreción de la cabrita de la gitana Esmeralda, Febo descubre que ella lo ama con locura, lo que le abre el camino para seducirla y divertirse con la hermosa gitana sin tener que esperar demasiado tiempo. Fingiéndose perdidamente enamorado, logra llevar a Esmeralda a un cuartucho paupérrimo -no sin antes haber mendigado un préstamo para poder pagarlo-, donde tiene todo planeado para arrebatarle su virtud.
La gitana, con su pudor y las naturales dudas, logra resistirse un poco, pero Febo, según apunta el narrador, ha repetido el procedimiento mil veces, de manera que no le es complicado derribar los obstáculos que Esmeralda le pone, incluso logra que ella renuncie a cualquier “derecho” que pueda reclamar una vez que se haya entregado a él, cuando en un principio incluso le había pedido que la instruyera en el catolicismo para así poder casarse.
Febo hace bien su trabajo de seductor. Logra tener a Esmeralda a su entera disposición. Y corona su perfil de rufián añadiendo a la escena a un “espectador” que, sin embargo, será el encargado de impedirle llevar a cabo su mezquino propósito de la peor manera posible.
No obstante, milagrosamente Febo sobrevive, aunque pasa a ser un personaje secundario en la historia, sólo presente en los recuerdos de la enamorada gitana y con breves apariciones. Pero tiene todavía la función de desencadenar el trágico final debido a que Esmeralda nunca deja de creer que es un soldado noble y valiente, además de su protector. Esta ignorancia es la que lleva a todos los personajes, buenos y malos, locos y sordos, a su perdición.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Abate Faria, de El conde de Montecristo

El abate Faria es un personaje de gran relevancia en la obra maestra de Alejandro Dumas y compañía, pese a que sólo aparece en un porcentaje recudido de las páginas que componen el monumental libro. Está inspirado en José Custódio de Faria, un intelectual indo portugués que cobró gran fama en Francia en la misma época en la que se supone que el ficticio Faria vivió.
Pero el Faria de El conde de Montecristo no es portugués, sino italiano. Se trata de un estudioso de los hombres, las ciencias y las lenguas que anhela la reunificación de Italia, la desaparición de los pequeños principados y la creación de un Estado fuerte, suceso que culminaría en la segunda mitad del siglo XIX.
Faria es secretario del cardenal Espada, un hombre de aristocrática familia, pero no rico. Espada es el último de los suyos, y guarda entre los documentos de su dinastía el enigma de la desaparecida herencia de su antepasado, otro cardenal Espada que fue asesinado por César Borgia para apoderarse de su fortuna, la misma que desapareció.
A la muerte del cardenal, hereda su biblioteca y los documentos de su familia a su secretario, el abate Faria. Tiempo después, el intelectual logra reconstruir, accidentalmente, el mensaje escrito en un viejo papel, escrito tres siglos atrás por el cardenal Espada envenenado por César Borgia, donde revela la ubicación en la isla de Montecristo de su tesoro. Pero al intelectual abate le es imposible ir por esa fortuna, ya que la policía napoleónica, que le sigue por sus ideas sobre la reunificación de Italia, lo encarcela.
En la prisión del castillo de If, Faria cava un túnel para escaparse, mas como no cuenta con un compás, su cálculo es erróneo y en lugar de salir llega a la celda de otro preso: Edmundo Dantés. Debido a sus condiciones similares de soledad y sufrimiento, Dantés y Faria se hacen pronto amigos. Pero hay una desproporción entre ambos, el abate es una enciclopedia viviente y Dantés, aunque inteligente y de buena memoria, es un joven poco instruido.
Lo que hacen para subsanar esa diferencia, es que Dantés se convierte en alumno de Faria, en un período de un año le enseña inglés, alemán, griego, historia, matemáticas y otras tantas disciplinas, además de que habiendo sido Faria el secretario en un cardenal aristócrata, posee excelentes modales, los mismo que también transfiere a Dantés.
Aparte de instruirlo, Faria le revela al infortunado joven el secreto de su encarcelamiento. En este punto, podría pensarse que el abate influenció a Arthur Conan Doyle para crear a Sherlock Holmes, ya que Faria, con sólo oír la historia de Dantés, descubre quiénes y porque lo mandaron a prisión, misma habilidad que posee Holmes, quien con sólo escuchar a sus clientes, les revela las verdades que buscan.
Faria y Dantés deciden escabullirse de la prisión por medio de un túnel, pero al viejo abate le da un ataque que de milagro lo deja vivo, y comprende que su muerte está cercana. Entonces decide hacerle un regalo a su joven compañero de un infortunio, le revela dónde está el tesoro del cardenal Espada.
Con la biblioteca que le mete en la cabeza y la fortuna que pone en sus manos, Faria crea del joven e ignorante Dantés al misterioso e impenetrable conde de Montecristo, el personaje que una década después conquista Paría con su fortuna y sus inmensos conociéndoos, concentrado en llevar a cabo una magistral venganza que ha seducido al mundo por más de 160 años.
Como dato extraordinario, es destacable que Faria estando en prisión, valiéndose de huesos de pescado, hollín de una vieja chimenea y unas camisas blancas, se provee de plumas, papel y tinta, y así escribe un tratado para la reunificación de Italia. El documento sorprende mucho al joven Dantés, y años después es rescatado de la desaparición por el misterioso conde de Montecristo.