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sábado, 22 de marzo de 2014

Sir Leigh Teabing, de El código Da Vinci

Sir Leigh Teabing es, de alguna forma, el malvado jefe de los villano de El código Da Vinci. Se trata de un inglés aristocrático, afincado en Paría, en una ancestral mansión llamada Château Villette.
Su fortuna le brinda la posibilidad de dedicarle demasiado tiempo a la pasión de vida: la historia de la verdadera condición de Jesús, su calidad de humano, matrimonio y descendencia, en otras palabras: el Santo Grial. Teabing es un refutado historiador, amigo de Robert Langdon, que en su apariencia de anciano tullido oculta su lado perverso.
Haciéndose llamar El Maestro, contacta con el obispo Manuel Aringarosa, líder del Opus Dei, y le ofrece hallar el Grial a cambio de dinero, para que después la Iglesia pueda destruir para siempre el secreto. Aringarosa cae en la trampa, e incluso le brinda a su pupilo más fiel, Silas, para que esté a sus completas órdenes.
Pero los planes de Teabing no son destruir el secreto, sino hacerlo público, algo que ha soñado toda su vida. No duda en abusar de la ingenuidad y el fanatismo de Silas para ordenarle que mate a los guardianes del Grial, previamente habiéndoles arrebatado el secreto de su ubicación. Al mismo tiempo finge ayudar a Sophie Neveu y Robert Langdon, porque sabe que llevan consigo el último secreto revelado por Jacques Saunière, Gran Maestre de los guardianes del Grial y una de las víctimas mortales de Silas.
Teabing juega hábilmente en los dos bandos sabiendo que de uno y otro puede obtener lo que busca. Traiciona a Sophie y a Langdon y luego al propio Silas y a Aringarosa, pero aun así no puede hallar lo que busca y ha anhelado revelar toda su vida. Es atrapado por la policía mientras desvaría sobre su fanatismo por el secreto de Cristo, y después opta por el recurso de fingirse loco con tal de aminorar sus delitos.

viernes, 21 de marzo de 2014

Silas, el albino de El código Da Vinci

Silas es un personaje tenebroso teñido de un romanticismo religioso que en El código Da Vinci hace correr sangre a diestra y siniestra por una larga noche en París. Su nombre real no se da a conocer en la historia, quizás ni él mismo lo recuerda. De niño se vio en la necesidad de matar a su padre para impedir que siguiera maltratando a su madre, lo que lo obligó a convertirse en un vagabundo errante, una especie de bestia mal domesticada y peligrosa.
Sus crímenes de juventud lo llevaron a prisión, en Andorra, pero un terremoto abrió los muros de su celda y pudo escapar. Fue recogido por un sacerdote del Opus Dei, el español Manuel Aringarosa, a quien poco después devuelve el favor salvándolo de uno maleantes. Es Aringarosa quien le da el nombre de Silas en honor a un personaje bíblico.
Años después, cuando el sacerdote ya es obispo y el hombre más poderoso del Opus Dei, un personaje misterioso, que se hace llamar El Maestro, contacta con Aringarosa para ofrecerle la posibilidad de hallar, y destruir, un secreto milenario, el Santo Grial, que no es otra cosa que las pruebas del matrimonio y descendencia de Jesús. Aringarosa, ansioso de lograr que el Opus Dei se reivindique ante el Papa, acepta el ofrecimiento del hombre misterioso, quien le pide un sirviente para que se encargue de buscar el secreto, sin que, durante ese tiempo, contacte con el obispo para que no corran peligro de ser descubiertos.
El hombre elegido es Silas. El Maestro, sabiendo que es un fanático religioso que está a su disposición, le ordena sacar el secreto a los guardines del Santo Grial y después matarlos, actos que Silas hace sin cuestionarse creyéndose un soldado de Dios. En el proceso, incluso se carga una monja, a cargo de la iglesia de  Saint-Sulpice, a donde fue creyendo que allí se hallaba el Santo Grial, por las confesiones obtenidas de sus víctimas antes de matarlas.
Al no encontrar lo que busca, Silas se dedica a perseguir a Sophie Neveu y Robert Langdon, en la mansión de Sir Leigh Teabing. Allí es capturado y llevado a Londres en un avión. En la capital inglesa escapa y vuelve a ser nuevamente un peligro, pero es traicionado y entregado a la policía. En la escaramuza posterior casi mata al propio Aringarosa, accidentalmente, pero también es herido, lo que horas más tarde le provoca la muerte.
Silas es un personaje realmente interesante. Su condición de albino y su personalidad de monje encapuchado hacen buena combinación. Y eso aunado a su fanatismo religioso, que implica darse tormento físico para liberarse de sus pecados, le dan una identidad realmente siniestra y atractiva ante el lector.

jueves, 20 de marzo de 2014

Obispo Manuel Aringarosa, de El código Da Vinci

Manuel Aringarosa no es un personaje de gran importancia en el thriller y superventas más famoso de los últimos tiempos, El código Da Vinci, sin embargo, sí que está ligado enormemente a la polémica que desató el libro como consecuencia de las supuestas revelaciones sobre las prácticas del Opus Dei, algo que golpeó fuertemente el prestigio de la prelatura favorita del Papa Juan Pablo II.
Quizás para hacer referencia al fundador del Opus, Josemaría Escrivá, Dan Brown le dio a Aringarosa un origen español. Siendo un joven sacerdote, en Oviedo, ayudó a un jovencito albino muy maltratado por la vida. Una vez restablecido, el albino le devolvió la ayuda al párroco salvándolo de unos bandidos, situaciones ambas que crearon un laso inquebrantable entre ambos: por parte de Aringarosa en el aspecto paternal-amo y por parte del joven albino en el aspecto de sumisión y servilismo. El sacerdote incluso le pone nombre al joven: Silas.
Una vez que la vida le ha sonreído a Aringarosa, convertido en un obispo y líder del Opus Dei, se ve en el grave problema de que la organización católica que dirige ha dejado de ser del agrado del Pontífice y se encamina a quitarle el rango de prelatura. Aringarosa no sabe qué hacer, de ser el favorito del Papa se ha convertido en una especie de apestado a quien el sucesor de Pedro se niega incluso a dar audiencia.
De pronto recibe una llamada de un personaje misterioso que se hace llamar el Maestro, quien le propone reivindicarse con El Vaticano obteniendo y sellando a la vez para siempre el secreto más importante de la Iglesia: la descendencia legitima de María Magdalena y Jesús.
Aringarosa acepta sin desconfiar del Maestro, y a su vez le proporciona lo que éste necesita: una especie de sicario, un fortachón que no titubea a la hora de obedecer órdenes: Silas, el albino. Pero lo cierto es que Aringarosa ignora que a su pupilo le vayan a ordenar actuar con los cuidadores del secreto, los miembros del Priorato de Sion, como un matarife de rastro.
El Maestro le ordena a Silas localizar y liquidar sin miramientos a las cabezas de la mentada orden, algo que el albino hace gustoso porque cree estar actuando en nombre de Dios. Cuando el obispo se entera de lo que está ocurriendo, descubre que ha sido manipulado vilmente y que a su pupilo lo han puesto a disparar a diestra y siniestra por una causa oculta y para nada afín a los intereses de la Iglesia. Intenta detener a Silar y solo consigue salir herido de muerte. Y auque se salva de milagro, comprende que no sólo no ha conseguido ganarse las simpatías del Vaticano, sino que indirectamente, por una larga noche, fue el líder de un asesino fanático que descargó su ira contra varios inocentes.
Manuel Aringarosa encarna el prototipo de jerarca católico, intransigente y vanidoso que no mide las consecuencias de sus ambiciones y que puede darse el lujo de cometer ciertas faltas sin repercusiones morales por estar actuando “del lado de Dios”.