sábado, 6 de julio de 2013

Coronel Aureliano Buendía, de Cien años de soledad

Aureliano Buendía, el primero, es uno de los personajes más importantes de la magna obra de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad. Es el primer personaje en ser mencionado en la novela y ese inicio hace suponer al lector durante muchas páginas que morirá fusilado.
Es el segundo hijo de José Arcadio y Úrsula, los fundadores de Macondo, y es también completamente diferente a su hermano mayor. Aureliano es un hombre profundamente solitario, tanto que sus actos parecen irracionales, y el lector no los comprende hasta que se revela su incapacidad de amar y la terrible soledad que lo ha consumido toda su vida.
Aunque es sumamente serio, y menos calenturiento que su hermano, es el Buendía que más hijos tiene en la novela: un total de dieciocho. Aunque solo uno de ellos es beneficiado con el apellido familiar.
De joven practica la metalurgia y platería: es aficionado a fabricar pescaditos de oro y a pasarse en esa tarea días enteros en su taller. Sorprende a toda la familia cuando se enamora de una niña y se empeña en casarse con ella. Enviuda al poco tiempo de haberse casado, y ese es el principio de un cambio radical en el personaje.
Tras descubrir que su suegro hizo un fraude en las elecciones, se enrola al partido liberal, se autonombra coronel y se levanta en armas. Es en esta parte donde García Márquez más provecho obtuvo de él. Lo usó para ejemplificar al típico militar latinoamericano, sin formación y fanatizado ideológicamente. El coronel Aureliano Buendía se vuelve un autoritario que no se anda por las ramas para ordenar fusilamientos. Pese a su crueldad, conserva un rasgo de modestia al nunca elevar su rango militar pese a ser el jefe de un ejército rebelde, en 32 guerras contra el gobierno.
Durante sus andazas, diecisiete mujeres interesadas en tener hijos de los más fieros guerreros se meten en su cama. De allí salen los diecisiete Aurelianos, aceptados entre los Buendía como sus familiares, aunque no llevan de su padre más que el nombre.
Cansado de la guerra, el coronel firma un tratado de paz con el gobierno, y tras fallar en un intento de suicidio, vuelve a Macondo a encerrarse en su taller a fabricar pescaditos de oro. Todavía, antes de morir de viejo, suelta una bravuconada contra el presidente de la República, lo que hace que éste asigne a unos asesinos que se ocuparán de darles cacería a sus diecisiete hijos, y cumplirán su misión sin importar cuántos años les lleve.

viernes, 11 de enero de 2013

Beorn, de El hobbit


Beorn es un personaje de relativa importancia en la novela El hobbit, de J. R. R. Tolkien. Es un gigante con terrible fama que se atraviesa en el camino de Bilbo Bolsón, Gandalf y los enanos, cuando van a enfrentar a Smaug, y les presta una crucial ayuda.
Vive totalmente solo, no le agrada la compañía, entre el Bosque Negro y las Montañas Nubladas. Tiene apariencia de ogro, aparte de su considerable estatura, que supera por mucho a la de Gandalf, el más alto del grupo, usa una barba espesa y su semblante siempre es de pocos amigos.
Aunando a la gran fuerza que le da su estatura, también puede transformarse en oso, lo que aumenta su peligrosidad. Cuando la comitiva de Bilbo se halla en graves problemas, tras sobrevivir de milagro de los lobos gigantes, Gandalf recuerda que están cerca de los dominios de Beorn, pero duda en ir a visitarlo porque sabe que al gigante no le agradan las visitas.
Primero se presentan ante él Gandalf y Bilbo, para no despertar su desconfianza. Gandalf le empieza a contar su historia, y cuando ha logrado atraer totalmente su atención, hace que los enanos vayan apareciendo uno a uno. De esta manera Beorn no se muestra muy disgustado cuando descubre el verdadero número de los integrantes de la comitiva.
Beorn es también un fiero enemigo de los trasgos. Cuando alguno cae en sus manos no duda en despedazarlo, literalmente. Y aunque da asilo a la comitiva de Bilbo en su casa, jamás deja de desconfiar de ellos, incluso cuando se van los vigila por horas para asegurase de que le regresen unos ponys que les ha prestado, y sólo Gandalf y Bilbo comprenden que de no hacerlo se ganarían a un peligroso enemigo.
Más adelante, después de la muerte de Smaug, durante la Batalla de los Cinco Ejércitos, Beorn vuelve a aparecer para combatir al lado de los elfos y los enanos, contra sus odiados enemigos, los trasgos. Su participación es sobresaliente debido a que ataca por sorpresa convertido en oso y logra inclinar la balanza hacia sus aliados.
Cuando Bilbo regresa a su hogar, pasa en compañía de Gandalf una temporada en la casa de Beorn, quizás para entonces la desconfianza de éste se ha disipado por completo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Sibyl Vane, de El retrato de Dorian Gray


Es realmente un personaje de aparición breve el de Sibyl Vane en El retrato de Dorian Gray, pero su importancia es mucha. Ella desencadena inocentemente el proceso de degradación moral que consume a Dorian  o, mejor dicho, a su retrato, porque él siempre está, en cuanto a su apariencia física, imperturbable.
Sibyl es una actriz adolescente de un teatro con apariencia de burdel en los suburbios de Londres. Su madre es también actriz pero ya fracasada y su hermano un fortachón sin talento ni vocación de nada que sueña con la fortuna. Es hija ilegitima de un noble que no pudo reconocerlos a ella y a su hermano porque tenía el pequeño defecto de estar casado.
Un día acude a su teatro de mala muerte el ocioso y aparentemente bondadoso Dorian Gray. Al verla actuar cree enamorarse perdidamente de ella. Sibyl, al no haber conocido el amor, lo busca en sus personajes y lo halla bien. Eso lo nota Dorian y de allí nace  su “amor” hacia la hermosa joven.
Pero la que sí se enamora y perdidamente es ella, y al encontrar el amor real, con el que sólo soñaba, ya no es necesario buscarlo en sus actuaciones, porque ése que antes la consolaba era solamente un amor ficticio.
Dorian decide casarse con ella. Pero no con la Sibyl humana, sino con la actriz, la irreal. Lleva a sus amigos Harry y Basil a verla actuar, presumiéndoles de antemano su gran talento. La actuación de la joven, que no puede fingir amor porque ya lo siente, resulta atroz. Los amigos de Dorian abandonan el teatrucho decepcionados y él casi se muere de la vergüenza. Desquita su coraje con Sibyl, la humilla y le rompe el corazón abandonándola.
Dorian no se arrepiente de haberla torturado con su desprecio. Pero al ver que esa maldad que habita en él ha causado estragos muy visibles en su retrato, decide recuperar su perfección haciendo la noble obra de casarse con ella. Lamentablemente no puede consumar su egoísta propósito, porque para entonces Sibyl ha decidido hacer la mejor escena teatral de su vida -con el mayor realismo posible-: morir por amor.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Albram Dorogant me recuerda a Heathcliff


Albram Dorogant, protagonista de la novela El príncipe de la soledad, y Heathcliff, protagonista de Cumbres Borrascosas, me recuerdan mucho uno al otro. Quizás porque las dos novelas las leí recientemente y porque ellos son personajes perfectamente bien delineados. Ya de ambos escribí una biografía: la de Heathcliff se puede leer aquí y la de Albram aquí.
Albram y Heathcliff la hacen en sus respectivas novelas de protagonista, villano, héroe, antihéroe y de personaje oscuro y misterioso. Me ha gustado más Albram porque son más sus misterios y porque sus actos se prestan para interpretarlos de muchas maneras, incluso para ver en él a un personaje lleno de soledad y deseoso de afecto. Heathcliff por lo que a él le toca no oculta mucho. Y dejando a un lado su extraño origen, jamás da muestras de hipocresía, su maldad es pura y hace uso de ella con evidente orgullo.
Algo que comparten es su soledad, típica en todo antihéroe, aunque no por eso a todo antihéroe le queda bien. Heathcliff suele desahogarse sólo con la sirvienta de su familia adoptiva, Nelly Dean, y Albram únicamente revela un poco de lo que piensa y mucho menos de lo que siente a su primo Olfen. Los dos personajes están profundamente desubicados, pero no porque ellos lo hayan elegido así. Los padres de Albram tuvieron un hijo que no debieron tener, y con ello lo condenaron a la soledad y a ser víctima de algo parecido al racismo. Y Heathcliff al ser abandonado por sus padres y recogido por un hombre que lo llevó a un lugar donde no encajaba, también fue condenado a desenvolverse en un entorno hostil.
Debido precisamente a que su infancia no fue sencilla, los dos de adultos se vuelven sumamente temperamentales. La fortuna, quizás -se desconocen aún los detalles-, le dio a Albram una posición que le permite devolver toda la hostilidad de la que fue víctima por su extraño y prohibido origen. Y la forma en que Heathcliff se hizo un hombre poderoso tampoco está muy clara. Lo cierto es que ambos tienen poder y no se quedan con las ganas de usarlo para poner de rodillas a quienes se han atrevido a ofenderlos mínimamente.
Otra cosa que comparten es su relación con la muerte. Heathcliff desde que pierde a su amada Cathy de alguna forma la anhela, la desafía y finalmente no sólo la busca sino que va a su encuentro. Albram sabe que a él la muerte lo espera pronto y no parece intimidarse por ello. Se muestra desafiante con su porte de ángel oscuro y sólo aparenta querer vivir un poco más para fastidiar a quienes no le agradan.
Si en algo se diferencian claramente es en que identificarse con Albram es sencillo. Es el héroe vengador que todo desgraciado quiere llegar a ser. Pero identificarse con Heathcliff, un personaje de reacciones extrañas y dueño de una muy sincera maldad, parece una tarea imposible.

Por cierto, El príncipe de la soledad está gratis AQUÍ. Es una obra maestra y toda obra maestra merece promoción.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El retrato de Dorian Gray vs El príncipe de la soledad


He decidido hacer esta estrada sobre una especie de confrontación entre dos de las últimas novelas que he leído. ¿Por qué? Pues porque ambas están llenas de frases sencillamente extraordinarias, de esas que uno memoriza y se quedan en la mente para toda la vida.
Las frases de El retrato de Dorian Gray han trascendido enormemente e incluso las saben muchos que no tienen la menor idea de que forman parte de esa legendaria novela. Las más conocidas las cito de memoria: La mejor manera de librarse de una tentación es caer en ella; un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame; sólo hay una cosa en este mundo peor que el que hablen de uno, y es que no hablen; la naturalidad no es más que una pose, y la más irritante que conozco. Todas son pronunciadas por Lord Henry Wotton, el corruptor de Dorian Gray y me imagino que álter ego de Oscar Wilde.
El príncipe de la soledad, de Adam J. Oderoll, es una novela relativamente novedosa de la que se habla mucho y muy bien en la blogsfera. Me imagino que en parte porque el autor la ha puesto gratis en su blog. Una novela gratis y magnifica no se halla muy seguido. Algunas frases que he encontrado en esta exquisita obra son sencillamente extraordinarias. Y las cito también de memoria: La lealtad sin eficiencia no sirve de nada; el honor sólo se lleva con elegancia mientras la vida no está en peligro; el verdadero objetivo de la maldad es arrancarles la felicidad a quienes la poseen; es raro que muchos quieran morir en el anonimato sólo para ser parte de la grandeza de otro;  nadie puede elegir cuándo dar muestras de valor, la oportunidad llega cuando uno menos la espera.
La razón por la cual comparo estás dos novelas llenas de frases impagables es porque en El retrato de Dorian Gray todas esas frases están orientadas a defender de alguna manera la inmoralidad, mientras que las frases de El príncipe de la soledad son pronunciadas por varios personajes cuando hablan en defensa del valor, el honor y el heroísmo como virtudes. Dicho de otra forma, confrontar estás dos novelas es algo así como enfrentar al bien contra el mal, pero con frases exquisitas que muy difícilmente pueden ser halladas en otras novelas.

martes, 20 de noviembre de 2012

Dorian Gray


Dorian Gray, el protagonista de la novela que lleva el nombre de su retrato, es un joven inglés de clara alta, mas no aristócrata. Su madre se enamoró de un hombre sin fortuna, probablemente griego o de ascendencia griega, y se fugó con él en contra de los deseos de su padre, un Lord que seguramente quería para su hija a un noble.
El Lord no aceptó que su hija fuera la esposa de un don nadie y contrató a un aventurero  para que le hiciera una ofensa a su yerno que debería terminar en duelo. El padre de Dorian Gray murió a manos de ese aventurero y su madre poco después, al nacer él. Su abuelo  no lo quiso nunca, pero lo toleró y al morir sin tener más herederos le dejó a Dorian su fortuna.
Convertido en un joven extraordinariamente hermoso de veinte años, Dorian, al no tener nada que hacer ni necesidad de trabajar, se dedica a las causas filantrópicas. Tiene, o cree tener, un corazón noble. Un día en una fiesta conoce al pintor Basil Hallward y pronto se hacen muy buenos amigos.  Tiempo después empieza a posar para Basil, quien decide hacerle un retrato de tamaño natural, el retrato de Dorian Gray.
En casa de Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton (Harry, para sus amigos), y éste lo convence en pocos minutos de que nada tiene que valga más que su juventud y su belleza. Harry se convierte en la única y total influencia para Dorian. Lo remata prestándole una novela donde el protagonista no ahorra recursos con tal de satisfacer sus deseos de placeres.
Totalmente transformado gracias a Harry, Dorian le rompe el corazón en un exceso de narcisismo y egoísmo a una joven actriz llamada Sibyl Vane, quien termina suicidándose como consecuencia del dolor que Dorian con su crueldad le ha provocado. Inmediatamente Dorian descubre que esa crueldad antes inexistente en él no se ha reflejado en su rostro, pero sí en su retrato. Pronto entiende lo que está ocurriendo, su deseo de no perder jamás su juventud y de que sea su retrato quien envejezca se ha cumplido. En adelante el efecto devastador de sus pecados no tendrá repercusión alguna en su belleza, sino que irán a caer sobre el retrato, como si éste fuera un reflejo de su alma.
Sabiendo que no va a perder su juventud, Dorian se somete a una rutina en busca de placeres, sin importarle cuántas vidas termine destruyendo en el camino. Y de hecho destruye muchas, pero no le importan en lo más mínimo, ya que mientras todos se degradan moral y físicamente, él permanece inmutable.
Pasan dieciocho años y Dorian continua sin manifestar el menor cambio en su apariencia física. Ha hecho grandes amigos que después lo han abandonado por su inmoralidad, ha conquistado mujeres y destruido su reputación, se ha convertido en un ser inmoral señalado por todos, pero físicamente sigue pareciendo un angelical adolescente incapaz  de la menor travesura.
La rutina termina por aburrir a Dorian. Cuando ya lo ha probado todo decide experimentar con un nuevo estilo de vida: volverse bueno. Pero aunque lo intenta no lo consigue, su maldad es tanta que le resulta imposible erradicarla de su ser. Y cuando lo descubre se enfurece y decide vengarse con su retrato, pero eso es un terrible error, porque su retrato contiene su alma…

lunes, 19 de noviembre de 2012

Lord Henry Wotton, de El retrato de Dorian Gray


Aunque no se menciona mucho, es muy probable que Lord Henry Wotton (Harry), el personaje más interesante de El retrato de Dorian Gray, sea el álter ego de Oscar Wilde. Sin duda lo usó para impregnar la novela de su filosofía; es notable que todas las frases extraordinarias que están regadas en la novela sean únicamente pronunciadas por Harry, y no puede uno dejar de imaginar, al conocer algunos datos biográficos de Wilde, que ésas eran sus frases, las que él comúnmente podía pronunciar en una conversación.
Harry es un hedonista convencido y dueño de su propia, original e inmoral filosofía. Critica con dureza cualquier forma de hipocresía y fomenta la satisfacción de los deseos de placer por encima de cualquier cosa. Es perezoso, acostumbra levantarse tarde y tiene por reto no quedarse nunca con las ganas de nada. No se identifica con causas filantrópicas ni se conmueve por las desgracias de los desprotegidos, incluso ha hallado la manera de alejar de su mente el dolor y la amargura producidos por cualquier incidente, por pequeño o grande que sea.
Es el hijo de un noble, al parecer de un duque, y alguna fortuna heredada de su familia más la dote de su esposa deben de darle la solvencia económica para llevar una vida libre de preocupaciones. Es muy amigo del pintor Basil Hallward, aunque lo considera ingenuo y un poco tonto, sin capacidad para mantener una conversación interesante. Es en casa de Basil donde conoce a Dorian, un joven increíblemente bello, ingenuo y virtuoso. Se propone corromperlo e inicia la labor el mismo día de su primer encuentro.
Harry le dice a Dorian que lo más importante que posee es su juventud y su belleza, y que lo comprenderá cuando las haya perdido. Dorian se impacta enormemente por esas palabras y da inicio a su rápido proceso de degradación moral. Al poco tiempo Dorian es una copia exacta de Harry, con el propósito de satisfacer sus deseos de placer como única preocupación.
 Dorian se aparte de Basil, pero nunca de Harry. Su manera de hablar y las frases groseras e irreverentes que pronuncia delante de la nobleza lo hacen a los ojos de Dorian encantador y se mantiene ligado a él por muchos años.
Al final de la novela a Harry le ha ocurrido lo que había temido durante toda su vida:  ha envejecido, y se sorprende mucho al ver que siendo apenas diez años mayor que Dorian nada le ha pasado a éste en su aspecto físico. También se divorcia, como consecuencia de una infidelidad de su mujer, pero no le presta a ambos hechos la menor importancia. Incluso se los cuenta a Dorian con su tradicional sarcasmo.


Harry es mi personaje favorito de la novela. Es un tipo verdaderamente ingenioso y encantador. Cada que aparece, uno como lector espera ansioso a que pronuncie una de sus venenosas frases que tanto han trascendido y que también tantos problemas le dieron a Wilde cuando publicó la novela en 1890.
Lejos de que sea cuestionable incluso en nuestros inmorales tiempos la filosofía de Harry, es un personaje perfectamente bien concebido, no le sobra ni le falta nada, e incluso me atrevería a asegurar que es el propio Wilde metido en su novela con un disfraz.