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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Lirazel, de La hija del rey del País de los Elfos

Lirazel es una princesa elfa, y el personaje que da titulo al libro La hija del rey del País de los Elfos, de Lord Dunsany. Ella tiene una noción del tiempo muy diferente a la de los humanos. En su país quince años terrestres equivalen a un día. Su carácter es despistado y retraído, sobre todo para los humanos, quienes le dan a las cosas una importancia que ella no entiende.
La princesa ama profundamente a su padre, por quien siente una gran devoción, pero aun así, en cierta ocasión que ve cómo un joven humano pelea contra la guardia del rey, se va con él antes de que el soberano se enterado, cuando apenas han cruzado unas cuantas palabras.
Poco después se casa con el joven príncipe de Erl -ahora ya señor, puesto el día que pasa en el país de los elfos en la tierra equivale a muchos años y al volver ya ha muerto su padre-, y tienen un hijo, Orión. Pero al poco tiempo Lirazel ya no es feliz: no se adapta a las costumbres humanas y no entiende la religión de su esposo, por lo que él la recrimina constantemente.
Cuando su padre, el rey, se entera de su ausencia, en la tierra ya han pasado algunos años, y envía un trasgo por ella, valiéndose de una runa. Más por los reproches de Alveric que por el poder de su padre, Lirazel regresa al país de los elfos, a sentarse como una niña en las piernas del poderoso soberano, y allí permanece sentada por algunos minutos, mientras su hijo crece y se vuelve un temible cazador de unicornios, y su esposo recorre el mundo buscándola como un loco.
El rey de los elfos no quiere que su hija vuelva con los humanos porque el tiempo será cruel con ella, la envejecerá y le arrebatará su inmortalidad, pero Lirazel extraña a los suyos, a Alveric y a Orión, y le pide a su poderoso progenitor que utilice su última gran runa para reunirlos. ¿Lo hará?

martes, 17 de septiembre de 2013

Alveric, de La hija del rey del País de los Elfos

Alveric es un personaje que evoluciona mucho en la novela La hija del rey del País de los Elfos. Al principio tiene toda la apariencia de un gallardo príncipe de cuento de hadas, incluso capaz de ir al país de los elfos a derrotar a la guardia del rey y llevarse a la princesa. Pero no siempre es así.
Una vez que Lirazel, la princesa elfa, es su esposa y tienen un hijo, le reprocha constantemente no adoptar de manera absoluta su religión, ya que a ella le gusta demostrar devoción por las estrellas y otros objetos hermosos, más que por las cosas sacras que Alveric de impone.
Pero cuando Lirazel regresa con su padre, Alveric enloquece por haberla perdido y se dedica de manera incansable a buscar, abandonando a su hijo y sus funciones como señor de Erl. Mas su búsqueda es estéril porque el rey del país de los elfos es capaz de detectar su presencia y siempre se esconde cuando lo siente cerca.
Así es como Alveric pasa de ser un príncipe de cuento de hadas a un hombre devastado por no hallar a su amada, capaz de recurrir a lo que sea con tal de acercarse a ella. Cuando después de mucho buscar no logra encontrar nada, se rodea de una comitiva estrafalaria, de hombres atípicos entre los que merodea muy de cerca la locura, creyendo que ayudado por ellos le será posible dar con el escurridizo país de los elfos, donde está su amada Lirazel.
Pero esta nueva búsqueda tampoco da resultados, ya que el problema está en la espada mágica que Alveric lleva consigo, la misma que es una especie de alarma para el rey elfo. Y sólo gracias a la bruja Ziroonderel es capaz de despistarlo, sin que los desquiciados que lleva con él aporten nada.
Pero el problema radica en que los acompañantes que le quedan a Alveric en realidad ya no desean entrar al país de los elfos. Y están dispuestos a lo que sea con tal de detenerlo y seguir siempre errantes llevándolo como su prisionero.
Alveric evoluciona radicalmente, pasa de ser un apuesto príncipe a un hombre escuálido, envejecido y con aspecto de vagabundo al que ya nada puede salvar de su cautiverio. O acaso sólo su amada Lirazel, la hija del poderoso rey elfo.