jueves, 23 de octubre de 2014

Vegeta, ¿El príncipe de la soledad?

Revisando las entradas de mi blog, en busca de erratas y otras cosas, mientras releía las biografías de Vegeta y Albram Dorogant, mu puse a pensar que aunque el segundo es el antihéroe protagonista de El príncipe de la soledad, ese título, rango o lo que venga, le queda a la perfección a Vegeta. El orgulloso saiyajin es realmente el príncipe de la soledad, incluso más que el propio Albram.
¿Alguien lo duda? Empezando por lo primero, Vegeta es el hijo primogénito de un rey y no de un país sino de un planeta entero. Así que lo de príncipe ni quién se lo pueda quitar. Él mismo se siente muy superior a los otros saiyajin argumentando su regia procedencia en comparación con los “soldados de clase baja”, como se refiere siempre a Goku y a su hijo.
Lo segundo, Vegeta es uno de los pocos supervivientes de su planeta. Tras la explosión sólo quedaron cuatro saiyajin con vida, él, Goku, Nappa y Raditz. Con los últimos dos vivió durante muchos años, pero no por ello se puede decir que tuvieran alguna relación afectiva. Eran tres hombres de una misma especie que se dedicaban a eliminar a otras para apropiarse de sus planetas, nada de celebraciones de cumpleaños y cosas por el estilo.
Se trataba de tres malos que hacían y hablaban sólo de cosas malas. De hecho fue el propio Vegeta quien mató a Nappa (dos veces), y cuando se enteró de la posibilidad de revivir a Raditz la descartó inmediatamente. No los consideraba sus amigos ni mucho menos.
Con lo anterior queda claro que Vegeta siempre fue un hombre solitario y, por supuesto, príncipe, aunque fuera de un planeta que ya no existía. Al llegar a la tierra y pelear con Goku, se puede decir que empezó a ver la amistad más de cerca, mas no a participar de ella. De hecho, se entiende que en un principio, cuando peleó en Nameku, trató de hacer de los terrícolas los sustitutos de Nappa y Raditz, y, más tarde, en la tierra contra los androides, al ver que no lo tomaban como líder, trató de apartarse de ellos.
También aquí se entiende la posibilidad de que a estas alturas Vegeta huyera de la amistad que estaba por sentir hacia Goku y sus amigos. Para entonces ya tenía un hijo, el mismo que según sus propias palabras no le importaba en lo más mínimo. Su pasado de hombre cruel y solitario lo hacía renuente a entablar cualquier relación afectiva. Quizás se avergonzaba de que desde el otro mundo los saiyajin vieran que su solitario, cruel y despiadado príncipe ya era capaz de tener amigos y familia.
Cuando se sacrifica peleando contra Majin Boo, reconoce que nunca había abrazado a su hijo, Trunks. Es entonces cuando incluso le pide un favor a Piccolo, que se lleve a su primogénito del peligro lo más rápido posible, algo impensable por parte de Vegeta. Y en esta etapa es cuando Vegeta se hace un poco más sociable y a mostrar otras preocupaciones que no sean pelear y ser el más poderoso del universo. Pero realmente aun cuando se convierte en bueno, incluso se puede decir que en amigo de Goku, nunca deja de ser un solitario que, aparte, es el príncipe de un planeta extinto. Vegeta es claramente un príncipe de la soledad, como el propio Albram Dorogant. Quizás por eso son mis antihéroes favoritos.

domingo, 19 de octubre de 2014

Drácula 2014, por fin la transición

Hemos visto infinidad de películas sobre Drácula, el vampiro. Bela Lugosi le dio rostro al monstruo transilvano, pero otros tantos actores han hecho méritos dignos de ligar también su fisonomía a él. En el último filme que recuerdo, se remontaban los orígenes del vampiro no a la Edad Media rumana sino al Israel bíblico, con un Judas Iscariote maldecido por traicionar al hijo de Dios y condenado a ser un vampiro.
Pero Drácula, como todos sabemos, no ese apóstol que se inclinó a la traición sino Vlad el Empalador, un príncipe rumano sometido por el imperio turco, quien luchó toda su vida por consolidar un pueblo libre del dominio de sus opresores.
También hemos vito filmes de ese príncipe sanguinario y cruel. Pero nunca se nos había presentado la transición. Es decir, cuándo Vlad el Empalador pasó a ser el conde Drácula. Se desconocía si él fue el primer vampiro o si fue mordido por otro vampiro y transformado.
Pero ahora por fin surge una película sobre la transición, sobre cómo fue que Vlad se trasformó en lo que ha sido desde que Bram Stoker “publicó” su historia a finales del siglo antepasado: un vampiro, y no cualquier vampiro, sino el más famoso y terrorífico de todos.
Drácula: La leyenda jamás contada aprovecha la fama del cruel príncipe, su deseo de liberar a su pueblo del dominio turco, y, por otro lado, recoge al monstruo patriota de Stoker. Aquí vemos cómo Vlad decidió por sí mismo y consiente de las consecuencias ser un vampiro, con tal de vencer al sultán y salvar a su pueblo.

lunes, 6 de octubre de 2014

Los diez personajes más malvados de la literatura

La literatura universal está plagada de villanos que pese a serlo tienen un sinfín de admiradores, sencillamente porque un personaje malvado pero bien diseñado no deja de ser una obra maestra. He decidido dedicar esta entrada para hacer un top ten de los grandes villanos, cuyo único requisito para figurar en él es que haya escrito ya su biografía en este blog:

1-. Lord Voldemort. Cuando escribí la biografía del señor oscuro más famoso de los últimos tiempos, lo definí como el mejor villano. Y es que realmente lo es. Le doy el primer lugar porque es un personaje sin amigos, sin afecto hacia nadie, con el único fin de destruir, dominar y demostrar su gran poder.
2.- Milady de Winter. El segundo puesto es para la gran villana de Los tres mosqueteros. Se trata de una mujer sin ningún sentimiento positivo en su interior, y aunque mata por encargo, no tiene el menor reparo en cometer un crimen ni la acosa el más mínimo remordimiento. El olvidarse de su hijo en los últimos instantes de su vida, acentúa esa frialdad absoluta que la caracteriza durante toda la novela.
3-. Drácula se lleva el tercer puesto. Es malvado y disfruta hacer sufrir, no tiene piedad por la especie humana en absoluto. Pero hay en él un sentimiento de afecto hacia aquél pueblo rumano que defendió cuatro siglos antes de su muerte como vampiro, peleando valientemente contra los turcos. Y esa muestra de sentimentalismo es la que lo ha hecho caer al tercer puesto.
4-. Drabelo. El villano de El príncipe de la soledad es un completo misterio. No se sabe aún hasta dónde llega su maldad ni si es capaz de tener piedad o ser sentimental en algún momento, pero el hecho que sólo la mención de su nombre haga que todos tiemblen de miedo lo hace merecedor del cuarto puesto.
5-. Jean Baptiste Grenouille. No es un malvado que disfrute matar sino una especie de “investigador” que para consolidar sus experimentos necesita matar. Y de hecho mata al por mayor, por eso no se podía quedar fuera de los primeros cinco lugares.
6-. Sir Leigh Teabing es capaz de matar sin ningún miramiento, pero no lo hace por placer, si no por revelar una verdad que su mente retorcida cree que no puede permanecer oculta. El hecho de que hacer daño no sea su fin si no su medio lo ha hecho caer hasta el sexto puesto.
7-. Claude Frollo es un sacerdote oscuro capaz de matar. Pero mata por pasión, por una calentura que lo consume y que él confunde por amor. Por otro lado, ama profundamente a su hermano menor, Juan. Esos rasgos de humanidad son los que lo alejan bastante de los primeros lugares.
8-. Dorian Gray es malvado, vanidoso y superficial. No obstante, su mente no está enfocada al crimen sino al egoísmo. Sus crímenes sin circunstanciales, no planeados. Y al final de su vida busca, sin éxito, la redención. Por ello también se aleja bastante de los más malvados.
9-. Heathcliff es un personaje contradictorio. Es malvado, pero también puede ser, en algún momento, bueno. Y su maldad se deriva de un amor enfermizo que es superior a sus fuerzas. Es quizás uno de los primeros esbozos que antihéroe en la literatura, de un malo que por momentos muy raros llega a agradar al lector.
10-. George Wickham es malvado y embustero. Es capaz de engañar para hacerse de algún dinero y vivir cómodamente, no obstante, no llega tan lejos como para asesinar para conseguir sus fines, tan sólo a casarse con quien no ama. Por eso se ha quedado con la décima posición y casi fuera de la lista de los más malvados.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Frankenstein, el más conocido

Estoy pensando leer pronto la novela  Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley. Es uno de los tantos clásicos que tengo pendientes y al ser de extensión mediana me parece perfecta para estas semanas llenas de trabajo. La novela contiene a un Frankenstein, Víctor Frankenstein, que es el menos conocido quizás de los tres ficticios que existen. El primero naturalmente es ése, el científico que da vida a un ser brincándose las reglas de la naturaleza. Y debería, de hecho, de ser el único.
Pero hay otros dos. El segundo es el monstruo que crea el primero. Al carecer de nombre, la cultura popular le dio el nombre de su creador. De hecho, muchos no han escuchado hablar jamás del creador ni les suena el nombre de la creadora del creador, Mary Shelley, tan sólo ubican como Frankenstein a un monstruo, sin tener una idea sólida de su origen.
Al tercer Frankenstein lo conocemos todos, gracias al cine y a las series de televisión. Es el más famoso, mucho más que los otros dos y que Mary Shelley, naturalmente. Lo conocemos como malo, como bueno, como tonto y como cómico, en la figura de Herman Munster.
Este Frankenstein es un gigantón de cabeza cuadrada y de color pálido, con unos característicos tornillos en el cuello que servirán, supongo, para mantener la cabeza bien unida al resto del cuerpo. Es un gran icono de las festividades de noche de brujas, donde se le ve en tertulias con una momia, algún hombre lobo y Drácula.
Cuando uno es niño con este Frankenstein se conforma, para asustarse o para reírse. Pero ya más avanzada la edad se antoja adentrarse en los orígenes, entra la curiosidad por saber si esos tornillos en el cuello los describió Mary Shelley o se los debemos a la industria del cine. Yo espero descubrirlo pronto.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Enfermera Amy Leatheran, de Asesinato en Mesopotamia

Hasta hace poco nunca había leído a Agatha Christie por cuestiones meramente de exceso de libros y falta de tiempo. Pero hace poco me dediqué unos días a leer Asesinato en Mesopotamia, y debo decir que la obra me pareció buena pero no sorprendente, tal vez simplemente porque tratándose de quien se trata esperaba más.
La novela está protagonizada por Hercule Poirot, un detective muy a la usanza de la primera mitad del siglo pasado, bajito y quisquilloso, perceptivo y siempre presto a mentir un poco para sacar información. Poirot fue, sintetizando, la versión de Sherlock Holmes de Agatha Christie.
Pero aunque Poirot protagoniza esta novela como otras tantas, no es el personaje más relevante ni el más interesante. Ese papel la autora lo reservó para la enfermera Amy Leatheran, una mujer muy lista, nada cobarde y bastante británica de su tiempo.
Leatheran viaja a Bagdad por trabajo, y a punto se regresar a su país le ofrecen un nuevo empleo en la zona. Se trata de cuidar a la nerviosa esposa de un renombrado arqueólogo que se está ocupando de desenterrar los tesoros de los antiguos mesopotámicos. La enferma en cuestión cree que la quieren matar, concretamente su primer marido por haber contraído nupcias nuevamente, el que oficialmente está muerto.
Los arqueólogos miembros de la expedición, entre la que se hallan no pocas rarezas, y no me refiero a las arqueologías, creen que la mujer miente para llamar la atención. Mas repentinamente, poco después de que la enfermera Leatheran llega a cuidarla,  sí la matan.
Tras el homicidio se aparece por allí casualmente Hercule Poirot para resolverlo todo, pero no por ello le quita protagonismo a la enfermera. Leatheran es una mujer muy perspicaz y fría en sus razonamientos. Es todavía una británica con vestigios victorianos, se sugiere que cree en la superioridad de la raza blanca, en el orden, la disciplina y limpieza que está representa, y ve a Bagdad y sus árabes como un mundo subdesarrollado.
Leatheran es una treintañera y soltera que ya no cree en los cuentos de hadas, mas parece muy conforme con lo que tiene, con su condición social, su oficio de enfermera y su lejanía a cualquier afecto masculino, sin pasar por alto su orgullo por ser blanca e inglesa.
Durante la cacería que emprende  Poirot para atrapar al asesino, la enfermera le es de gran ayuda, se subordina a él y admira su intelecto, sin por eso abstenerse de hacer bromas sobre su cómica figura. Y aunque se entienden bien, al final, cuando Poirot revela que sospechó de ella como de todos los demás y que, más aún, la usó, no quedan en los mejores términos.

jueves, 28 de agosto de 2014

Alberto de Morcef, de El conde de Montecristo

Alberto de Morcef es un personaje secundario de El conde de Montecristo, mas no por ello se puede negar que Dumas y sus colaboradores hicieron con él un espléndido trabajo. Se trata del hijo de Mercedes Herrera, la novia de la juventud de Montecristo, y Fernando Mondego, su peor enemigo.
Pero pese a ser hijo de un villano, Alberto es un joven valiente y honorable, lleno de virtudes, un personaje que en la cultura actual tendría que ser hijo de Edmundo Dantés y no de Mondego. De hecho, Hollywood hizo esa corrección en la última bazofia cinematográfica basada en la gran novela, que protagonizo James Caviezel.
Alberto se supone que nace cuando Edmundo Dantés lleva más o menos una década en prisión por culpa de su padre. Mas se desconoce si para entonces Mondego ya es el conde de Morcef y un general refutado. En todo caso, durante la historia, todo indica que Alberto, un joven veinteañero, desconoce el origen humilde de su padre, porque diversos pasajes lo demuestran.
En algún momento de la novela, los amigos de Alberto sugieren que la hija del barón Danglars es indigna de casarse con él porque su padre es un noble de reciente creación, lo que hace suponer que ellos creen, incluido Alberto, que los Morcef son una familia de muy rancio abolengo.
Alberto tiene el mejor concepto de su padre: es un gran admirador de su fama como general en Grecia y lo cree indigno de hacer cualquier acto deshonesto. Es elegido, mientras vacaciona en Roma, por Edmundo Dantés, ya convertido en el Conde de Montecristo, para iniciar su muy bien planeada venganza.
Dantés hace que Alberto sea secuestrado por su bandido de cabecera, Luigi Vampa (el hecho no se comenta, pero queda claro), y al mismo tiempo se convierte en su salvador, lo que hace que los Morcef tengan en adelante una cara deuda con él.
Desde ese momento, Alberto se convierte en un gran amigo de Montecristo, a la par de su gran admirador y promotor en París. Durante la estancia del conde en la capital francesa, el joven vizconde de Morcef procura estar a su lado cuanto puede, porque  considera que la estimación es mutua y también se halla seducido por su fortuna y su orientalismo exótico.
Pero cuando el oscuro pasado del conde de Morcef empieza a salir a la luz, Alberto, intrigado por Danglars, no duda en retar a duelo a Montecristo, creyéndolo, como es cierto, el artífice de la caída en desprestigio de su padre.
El conde no ve con malos ojos la oportunidad de matar a Alberto en el duelo para vengarse de su enemigo más odiado. Sabe que va a ganar, es un gran esgrimista y con la pistola tiene una inigualable puntería. Pero una visita nocturna de Mercedes, su antiguo amor, quien va a rogar por la vida de su hijo, hace que Montecristo decida dejarse matar por Alberto.
No obstante, esa misma noche, Mercedes le cuenta toda la verdad a su hijo, respecto al cautiverio de Edmundo y la innegable culpa de su padre. Al llegar al lugar señalado para el duelo, Alberto se disculpa con el conde y cancela el enfrentamiento.
Después su relevancia en el libro desaparece poco a poco. Sigue apareciendo, pero sin que su presencia conlleve a sucesos importantes. Lo último que hace es partir a África como soldado francés a luchar por el colonialismo de su país, pero ya no llevando el apellido de su padre, sino el de su abuelo materno español: Herrera.

martes, 19 de agosto de 2014

Alonso Quijano e Ignatius J. Reilly

Comparar personajes ficticios es un ejercicio no tan común como el de comparar novelas, no obstante, tampoco es ajeno a los hábitos de los aficionados a la literatura. Yo aquí mismo hace tiempo comparé al inolvidable Heathcliff con el inignorable Albram Dorogant, tan solo porque el uno me recordó al otro, sin que exista una similitud importante en las novelas que las contienen.
En el caso de Alonso Quijano (Don Quijote, desde luego) e Ignatius J. Reilly, también figuran en dos novelas que no tienen más vínculo que el extravío de los protagonistas, mil veces más bien logrado en el caso de Quijano. Me he encontrado infinidad de críticas derivadas de esa comparación. Muchos entreven un error garrafal comparar una figura que consideran pobremente lograda como Ignatius con la mente ficticia más bellamente trazada, la de Quijano.
Indudablemente, algo hay de cierto en eso. Las distancias son enormes. No obstante, no por eso resulta indigna la comparación. De que Ignatius es muy inferior a Alonso Quijano ni duda cabe. Hasta un simio con los ojos vendados lo notaria. Pero eso no le quita al rechoncho Reilly su grandeza, que sí la tiene.
Por otro lado, quienes sugieren la comparación, no creo que vayan por el camino de comparar la segunda novela del no publicado en vida Toole con la obra del grandísimo Cervantes. Hacer algo así  sería una insensatez. La comparación surge, como ya se avisa en el prólogo, porque Ignatius J. Reilly es un Quijote a su manera que cabalga a lomos de su Rocinante, devenido en carro de salchichas, por Nueva Orleans, no componiendo tuertos tanto como con la intención de enchuecar las mandíbulas de quienes le llevan la contraria.
Como personaje ficticio, Ignatius también, al igual que Quijano, anda un poco ido de la mente, no ve al menos la realidad como la ven otros. En eso se parecen. En eso Reilly es un Quijote, aunque las distancias literarias que separan a La conjura de los necios con El ingenioso Hidalgo sean, enormes. Que lo son.

viernes, 8 de agosto de 2014

Siegfried de Dubhe Alfa

Durante mi niñez fui un gran admirador del anime Los Caballeros del Zodiaco; de hecho fueron mi pasatiempo televisivo favorito por años. Naturalmente, fui un gran seguidor del héroe que nunca se rendía, Seiya, y posteriormente del antihéroe Ikki, pero algunas veces, de entre los enemigos de los cinco caballeros de bronce, surgía un enemigo que merecía mi simpatías, aunque no muchas, no hasta que apareció en escena Siegfried de Dubhe Alfa, un personaje tan extraordinario que me dejó cautivado con sólo figurar en unos cuantos capítulos, al final de la saga de Asgard.
Siegfried fue el capitán de los dioses guerreros de Asgard, guardines de la sacerdotisa Hilda de Polaris, una joven pacifica dispuesta a sufrir con su pueblo con tal evitar que otros pueblos sufrieran. Pero apareció el emperador de los mares, Poseidón, quien la controló con la famosa sortija nibelunga, y le cambió su dulce personalidad por la de una mujer malvada.
Hilda, repentinamente, convocó a sus siete guerreros y se dijo dispuesta a conquistar el Santuario de Atenea. Y éstos, a excepción Alberich, desconocían la influencia de Poseidón y se mostraron dispuestos a apoyarla hasta la muerte. Cuando Atenea y sus cinco caballeros de bronce llegaron a Asgard, los dioeses guerreros fueron derrotados en difíciles y crueles batallas uno tras otro. Eran fuertes, pero Seiya y sus compañeros ya tenían la experiencia de haber combatido recientemente contra los caballeros dorados, a quienes los dioses guerreros igualaban el poder, lo que les ayudó a salir en la medida de sus posibilidades bien librados en la lucha.
Pero el último dios guerrero en pelear era diferente a todos. Tenía un nombre mítico, era la reencarnación del gran guerrero Siegfried, quien en la mitología había derrotado a un dragón, hecho que lo hizo inmortal al bañarse con la sangre de la bestia. Siegfried también era el guardián privado de Hilda, y se sugiere que posiblemente estaba enamorado de ella. Pero sobre todo, Siegfried era terriblemente poderoso, mucho más que los caballeros dorados; su fuerza era terrible, sus técnicas destructoras y complementaba su poderío siendo, como su antepasado, inmortal.
Aparte de su gran poder, Siegfried tenía una figura imponente. Era muy alto, de aspecto feroz, pero demasiado noble. Su armadura negra azulada también era la más bella e imponente de todas cuantas
poseían los dioses guerreros, incluso por encima de la de Syd. Así pues, de entre los caballeros dorados, dioses guerreros de Asgard y generales de Poseidón, Siegfried era el guerrero más extraordinario.
Cuando Seiya y sus maltrechos amigos llegaron hasta sus garras, trapeó literalmente con ellos las afueras del palacio de Hilda, pese a los esfuerzos del propio Seiya, Ikki y Shiryu, quienes aun sabiendo que su enemigo era mucho más poderoso que los caballeros dorados, se le enfrentaron con valentía y soportaron sus terribles golpes.
Fue Shiryu quien halló su punto débil y Seiya, el siempre héroe, quien lo derrotó gracias a esa información. Pero Siegfried no murió a manos de Seiya. Era un personaje demasiado bien diseñado para tener un final tan innoble. Al campo de batalla llegó uno de los generales de Poseidón, Sorrento de Sirena, quien le relevó la verdad y lo hizo enfurecer. Al saber que su amada Hilda había sido manipulada y que sus amigos habían muerto en vano, Siegfried utilizó sus últimas fuerzas para morir junto con Sorrento, sujetándolo con fuerza y llevándolo al espacio exterior. De hecho la muerte de Siegfried fue uno de los episodios más tristes y conmovedores de toda la serie.
Luego se revela que Sorrento no murió, que utilizó sus trucos de hechicero para conseguir que Siegfried lo liberara. Después de ver el ridículo que hicieron ante los caballeros de bronce los generales de Poseidón, al ser derrotados de forma tan sencilla -si comparamos las peleas con las anteriores-, me pareció absurdo que Siegfried hubiera sido vencido por uno de ellos. Sorrento dijo, cuando peleó contra Siegfried, que no había pensado que los dioses guerreros fueran tan débiles -luego de su derrota ante los caballeros de bronce-. Pero tras ver pelear a los marinos de Poseidón, es fácil suponer que en buenas condiciones Siegfried bien podía haberlos vencido a todos al mismo tiempo.

viernes, 1 de agosto de 2014

Gérard de Villefort, de El conde de Montecristo

Gérard de Villefort es uno de los villanos de la magistral novela de Dumas. En él se ejemplifica al joven que quiere escalar en el servicio público y se da cuenta de que para lograr sus propósitos tiene que hacer cuantos actos inmorales sean necesarios. Aparece en la novela como un joven de veintiocho años y sustituto del procurador del rey en  Marsella.
Durante la celebración de su compromiso con una hermosa, rica y aristocrática jovencita, es requerido porque han arrestado a un joven de nombre Edmundo Dantés, sospechoso de ser agente de Napoleón por el hecho de haber llevado una carta desde Elba, prisión del emperador, a  Marsella.
En cuanto cruzan unas cuantas palabras, Villefort se da cuenta de que Dantés es un joven sin la menor malicia y que, por tanto, fue utilizado sacando provecho de su inocencia. Se propone dejarlo ir, pero cuando descubre que la carta está dirigida a un hombre llamado  Noirtier, todo cambia.  Noirtier es el padre de Villefort y si se descubre que es un bonapartista el padre la carrera del hijo habrá finalizado.
Para que Dantés no pueda volver a mencionar ese nombre en público, Villefort lo encierra en la prisión del Castillo de If, donde pasará trece largos, dolorosos y muy benéficos cultural y económicamente años.
Veintitrés años después de aquel encuentro en Marsella, llega a París (donde Villefort es ya un maduro guardián de la ley, refutado caballero discreto y circunspecto entre la sociedad, y padre de dos hijos (-el menor de su segundo matrimonio-) el misterioso conde de Montecristo, un personaje enormemente rico, sabio como pocos en la historia y poliglota, que al parecer viene de oriente, donde se ha impregnado de un exotismo que seduce a todos, Villefort incluido.
Montecristo es en realidad Edmundo Dantés, lleva consigo bien guardada la lista de sus enemigos, en la que desde luego figura Villefort, y empieza a desarrollar una lenta y muy dolorosa venganza. El misterioso conde, que casi todo lo sabe, ignora que Villefort en realidad ha pagado ya el daño que le hizo. No ha logrado olvidar a aquel joven marsellés al que le desgració la vida por culpa de sus ambiciones y sus miedos, y eso lo ha convertido en un hombre oscuro, muy lejano a la felicidad.
No obstante, todavía le falta mucho por sufrir. Cuando llega Montecristo, que se convierte en su amigo, empiezan sus desgracias. La muerte entra a vivir a su casa de tiempo completo. Muere su sirviente, su suegra, su hija (al menos él lo cree así), su esposa y su hijo pequeño. Su reputación es destruida por completo y él, abrumado por tanto dolor, se vuelve loco. Incluso, el propio Montecristo, al ver los alcances de su venganza, se conmueve un poco y cuestiona el título que se ha atribuido a sí mismo, como emisario de Dios y artífice de su castigo.

jueves, 31 de julio de 2014

Lady Catherine de Bourgh, de Orgullo y prejuicio

En la novela Orgullo y prejuicio, Jane Austen esboza parodias de los prototipos de una sociedad decadente, lo cual refleja su gran visión, ya que los estragos de la revolución francesa en el comportamiento de la sociedad apenas se estaban gestando. No obstante, el trabajo de la autora es magistral. Su burla a la sociedad mejor zanjada es sin duda el muy idiota William Collins, pero también hizo un trabajo estupendo con la muy arrogante Lady Catherine de Bourgh.
Se trata de una dama de la alta sociedad, aristócrata, por supuesto, tía de Fitzwilliam Darcy y madre de una jovencita tonta y feúcha, que quiere casar nada menos que con Darcy. Lady Catherine se rige por unos principios muy cimentados, para ella la división de las clases sociales con fronteras que impidan el trato más de lo adecuado y por supuesto el matrimonio es imprescindible. Es estricta, presuntuosa, sarcástica, cruel en sus comentarios y adicta a hablar y que la adulen. Aquí es donde cabe perfectamente el idiota de Collins, su protegido, para ello éste tiene que aguantar insultos y humillaciones disfrazados ligeramente de halagos que él, en su miopía, no entiende del todo.
Lady Catherine, pese a todos sus evidentes defectos y prejuicios, tiene uno más que empeora su personalidad, se cree bondadosa y no lo es. El proceso que le aplica a Collins lo repite cuánto puede. Disfruta tomar bajo su protección a personas de estamento inferior al suyo para explayarse hablando delante de ellas sobre sus regias opiniones, su dura disciplina y su “bondad”. Pide a cambio un agradecimiento que la eleve casi a la altura de una divinidad y sumisión ciega y una sonrisa hipócrita ante sus comentarios hirientes.
Su carácter dominante le impone la necesidad de controlar a todos los suyos. Cuando su sobrino, Fitzwilliam Darcy, pretende casarse con la plebeya Elizabeth Bennet, la noble dama enfurece, trata de persuadirlo a él y al no lograrlo acude a ella. Piensa que Elizabeth, al ser socialmente inferior a ella, se le someterá y aceptará su imposición, pero cuánta es su sorpresa al encontrarse con una mujer con carácter y determinación que no admite que la aristocrática y arrogante dama se meta en su vida privada.
Éste es un duro golpe para Lady Catherine, quien ve cómo sus proyectos matrimoniales de su hija con su sobrino se caen de un momento a otro. Jane Austen trazó magistralmente ese instante en el que el orgullo y los prejuicios de Lady Catherine son heridos cuando una jovencita pobre pero no tonta decide que ella y sólo ella es la dueña de su destino.

miércoles, 30 de julio de 2014

Milady de Winter, de Los tres mosqueteros

Milady de Winter es una de las grandes villanas de la literatura universal: tan perversa y maquiavélica que da miedo, pese a que Los tres mosqueteros es un libro un tanto infantil que muchos recomiendan leerlo, para que uno se lo crea, en la más tierna infancia.
Pero Milady es cosa muy aparte de los personajes ingenuos que rayan en lo tonto y que figuran en la novela, como el propio D`Artagnan. Quizás por ello, al ser rodeada por la ingenuidad de otros, le es tan fácil a Milady cometer sus crímenes y salirse siempre con la suya.
Es descrita como una mujer muy joven, que apenas supera los veinte años, y aunada a su juventud posee una hermosura deslumbrante, que usa bien y adecuadamente cada que le es necesario. Pese a ser tan joven, lleva ya en su historial tantos matrimonios como crímenes. Entre sus exmaridos figura el propio Athos, uno de los tres mosqueteros.
Milady se encuentra bajo las órdenes del perverso  Cardenal Richelieu. Es su asesino más letal y al que le profesa mayor confianza. La mujer posee una inteligencia por encima del promedio que, junto a su belleza, consigue embaucar a los hombres en un instante y logra que hagan lo que ella quiere. Milady es la mano asesina con que el cardenal mantiene su posición de superioridad dentro del gobierno francés.
Richelieu le ordena ejecutar peligrosas y complicadas misiones, como la de ir a Inglaterra eliminar al  Duque de Buckingham, el amante de la reina de la Francia, proceso que logra gracias a su belleza y a su capacidad para mentir.
Tras regresar a Francia, para vengarse de D`Artagnan por no haberse dejado matar, asesina a su novia, Constance Bonacieux. Pero poco después es capturada por los mosqueteros y otros personajes que tienen viejas y dolorosas cuentas pendientes con ella. Tras su captura, le pasan la lista de crímenes pasados, los cuales no podía negar al estar marcada con una cicatriz en forma de flor de lis, símbolo que se ponía a los criminales peligrosos.
La gran villana, que ni siquiera recuerda a su hijo pequeño en sus últimos instantes, es ejecutada por sus captores de una forma igual de cruel a la que ella usaba con sus víctimas. Así termina su vida dentro de la literatura, pero empieza a ocupar su sitio de honor en el pódium de los más grandes malvados personajes ficticios de todos los tiempos.

domingo, 27 de julio de 2014

Draco Malfoy, de la saga Harry Potter

Draco Malfoy es uno de mis personajes favoritos de la más famosa historia de magia de todos los tiempos. Aunque lo cierto es que no se trata de una originalidad, J. K. Rowling retoma con él el estigma del aristócrata del siglo décimo noveno, celoso de su estamento y capaz de todo porque los suyos no se mezclen con aquéllos a quienes considera inferiores a él. Algo similar ocurre en El príncipe de la soledad; es curioso que en estos tiempos, caracterizados de una mentalidad postmoderna, atraiga a los lectores un prejuicio social que empezó a morir poco a poco desde la revolución francesa y que en nuestros tiempos, para una sociedad occidental tan abierta, es prácticamente cosa del pasado. Quizás se debe a que el lector a veces se interesa por los aspectos de una sociedad que no le tocó experimentar.
Así las cosas, Draco Malfoy nos es presentado como un chiquillo prejuicioso, hijo de una familia de sangre pura, es decir, de magos que jamás se han mezclado con muggle´s. Este aspecto familiar hace que el ya de por sí malo por los genes paternos Draco sea muy propenso a discriminar a quienes no considera sus iguales. Cuando conoce a Harry, le ofrece su amistad, en lo que se le ve hacer una excepción con los dictados de su conciencia, ya que Harry Potter es hijo de madre muggle. Pero eso se entiende debido a que Draco, recién llegado a  Hogwarts, busca poder y popularidad, a lo que mucho le ayudaría tener al famoso niño que sobrevivió al Innombrable entre sus fieles esbirros.
Al ser despreciado por Harry, el malvado Draco se la jura, tanto que entre ellos surge una rivalidad que se extenderá por los años, llevándolos infinidad de veces a enfrentarse en muy diversas circunstancias. Como una especie de énfasis en su maldad, Draco es colocado en la casa de Slytherin, de donde han salido infinidad de magos malvados. Hasta aquí ya se puede decir que literalmente está condenado por su destino a ser un mago oscuro, pero hay algo más todavía.
En el pasado, su padre, Lucius, un mago mediocre y torpe pero también malo y cruel, sirvió a las órdenes de Lord Voldemort. Y cuando el villano resurge de sus cenizas, la familia Malfoy tiene que refrendar su lealtad tan solo para conservar ya no sus privilegios sino la vida.
Draco es orillado por los suyos a servir a Voldemort en una etapa de su vida en que su mente intenta hallar una identidad propia, quizás no de malo, como todos en su familia. Pero otro de sus problemas es que no es valiente y, por tanto, es incapaz de resistirse a las presiones. Cuando Voldemort le ordena matar a Dumbledore, se puede ver a un muy acobardado Draco tratando de cumplir con su misión, aun cuando no es lo que desea.
Durante el resto de la historia, Draco prácticamente tiene miedo siempre. Está envuelto en una esfera de maldad a la que definitivamente no quiere pertenecer pero no tiene el coraje para librarse por sí mismo. Tendrá que ser su enemigo, Harry Potter, quien le abra una puerta para tener la oportunidad que tanto anhela de reivindicar su joven vida. Eso le vale a Harry, en el epilogo de la historia, cuando ya son hombres adultos, un discreto y algo frío saludo, pero al fin saludo.

sábado, 26 de julio de 2014

Jacques Saunière, de El código Da Vinci

En la novela El código Da Vinci, Jacques Saunière es asesinado por el monje albino Silas en las primeras páginas, mas no por eso el personaje pierde relevancia; Saunière es elemental para el desarrollo de la historia, es la mente maestra que siembra las pistas que a lo largo del libro llevarán a Sophie Neveu y Robert Langdon a hallar el secreto mejor guardado de la historia de la humanidad.
Saunière es un hombre de cierta edad que posee el renombrado cargo de conservador Museo del Louvre, el recinto donde se hallan más piezas con valor histórico y estético de todo el mundo. Saunière es, por tanto, un intelectual experto en la historia del arte, pero su mente brillante va más allá, tanto como para ser el  Gran Maestre del Priorato de Sion, un cargo que medio milenio atrás, según la novela, también ostentó Leonardo Da Vinci.
El Priorato es una sociedad secreta que se ocupa de guardar los restos mortales de María Magdalena, quien es presentada no como prostituta sino como la esposa de Jesús y madre de su hija, Sara. El Priorato también custodia documentos milenarios que prueban el matrimonio y la existencia de una descendencia legitima de Jesús. Es por ello que el cargo de Saunière como Gran Maestre es de crucial importancia.
Saunière tiene un gran enemigo, la iglesia católica, empeñada en que el secreto de la humanidad de Cristo permanezca en oculto para siempre. La historia sugiere que la iglesia incluso busca el exterminio de los descendientes de Jesús para poder seguirlo presentado como una divinidad y así lucrar con él. Sophie Neveu, en su niñez, sufrió un accidente automovilístico en el que fallecieron sus padres. Y al ser ella descendiente directa de Cristo, el Priorato decide hacerla pasar por nieta del hombre más importante de la sociedad, Saunière, quien la llama princesa, lo que ella cree que es una broma y que en realidad hace referencia al respeto que el Gran Maestre siente por ella, al ser descendiente del rey de reyes.
Cuando el monje del Opus Dei, Silas, le dispara a Saunière después de arrebatarle el secreto sobre el paradero del esqueleto de María Magdalena y los documentos antiguos, éste usa los últimos momentos de su vida para sembrar de pistas el Museo del Louvre y así su “nieta” Sophie y Robert Langdon (a quien en un mensaje le pide buscar) puedan encontrar la reliquia antes que la Iglesia.

sábado, 12 de julio de 2014

Sherlock Holmes

Construir una biografía completa de Sherlock Holmes me resulta complicado dado que no he leído los cincuenta y tantos relatos y las cuatro novelas que enmarcan su historia. Arthur Conan Doyle suministró su biografía en pequeñísimas píldoras mientras entretenía a la sociedad inglesa del fin de siglo con ese hábil detective que se las sabía todas y que, sin embargo, no era una originalidad sino un personaje que rayaba en el plagio.
 Auguste Dupine, un detective aficionado y extremadamente inteligente, creado por  Edgar Allan Poe, surgió décadas antes que Holmes y se puede decir que se le parece tanto que en ciertos momentos da la impresión de que sólo cambia el nombre.
A grandes rasgos, Sherlock Holmes es un detective de finales del siglo XIX, inglés y obviamente victoriano, para más señas, aficionado a la música y a la actuación. Físicamente es bastante alto y flaco, de nariz aguileña y mirada penetrante, que deambula entre la madurez.
Es, como buen inglés de su época, un tipo sarcástico, serio y meditativo, lo cual se entiende ya que requiere de una enorme concentración para resolver los difíciles casos que se le ponen enfrente. Su aparición es en Estudio en Escarlata, una novela bien estructurada donde el detective se las tiene que ver con un extraño caso derivado de una venganza asociada a la crueldad de mormones estadounidenses. Toda una maraña de misterios que pierden con facilidad a los detectives oficiales, pero no a Holmes.
Es también en esta novela donde conoce a John H. Watson, un médico que aparenta ser medio tontorrón pero que no lo es tanto, y que le servirá de Sancho Panza en muchos de sus casos. En cuanto lo ve, si mal no recuerdo, Holmes deduce su profesión y que ha estado recientemente en Afganistán. Ésa es la primera gran impresión que le causa a su nuevo amigo; en adelante, Watson se acostumbrará rápido a la gran capacidad de deducción que exhibe Holmes y que, muchas veces, se guardará en casos muy complicados incluso ante su fiel escudero.
Holmes y Watson forman un equipo en el que el primero hace las cosas y el segundo muchas veces se limita a servir de testigo para posteriormente ser el narrador. Sus casos casi siempre son aislados y no guardan conexión entre sí. También brillan comúnmente por la ausencia de sangre y en los que se comete un asesinato, el suceso es más un caso para que lo investigue Holmes que un hecho verdaderamente sangriento.
Las historias de este detective victoriano son exclusivamente policiacas, no negras. Quizás allí fue en parte donde radicó su gran éxito. Los aficionados de Holmes lo preferían investigando un gran robo que una carnicería. Pero lo cierto es que Holmes no es una obra maestra ni tampoco un personaje original, mas eso no le quita que sea el detective (de entre ficticios y reales) más famoso del mundo.

martes, 8 de julio de 2014

Mina Harker, de Drácula

En la novela Drácula, de Bram Stoker, Mina Harker (de soltera Murray, al principio de la historia) es la protagonista femenina y tiene una importancia crucial en la trama. Mina es la típica joven victoriana, abnegada, amorosa y buena amiga, llena de valores que rayaban en la sumisión de la mujer hacia el hombre, pero valores admirados y agradecidos por ese hombre, a fin de cuentas. Van Helsing llega a decir lo que quizás entonces para una mujer era un gran elogio: que era “casi” tan inteligente como un hombre.
Al iniciar la historia, Mina se halla comprometida con  Jonathan Harker, un joven abogado que está camino a Transilvania para entrevistarse con un acaudalado conde que ha adquirido propiedades en Londres. A la par Mina es la mejor amiga de  Lucy Westenra, una hermosa y acaudalada joven que tiene tras de sí a tres apuestos galanes, tan llenos de virtudes que constituyen el perfecto príncipe de cuento de hadas.
Al tiempo que se preocupa por el destino de su futuro esposo, Mina empieza a ver problemas en su mejor amiga. Tras un extraño suceso en el puerto de Whitby, Lucy tiene un aspecto muy extraño, sale sonámbula por las noches y se le ve muy enfermiza, mas no tiene nada anormal aparte de dos diminutos puntos rojos en el cuello.
Los sucesos son muy extraños y nadie sabe lo que está ocurriendo. En tanto que Mina tiene que ir a socorrer a su prometido, gravemente enfermo, con quien, a pesar de los problemas, se casa al poco tiempo. Ya convertido en la señora Harker, Mina sigue viendo la gran maraña de problemas que al parecer no tienen conexión alguna, a la par de que padece la pérdida de su gran amiga. Pero gracias a que se decide a leer el diario de su esposo, donde éste narra sus terribles días como huésped del conde Drácula en su ancestral y siniestro castillo, es ella quien empieza a hallar un poco de luz en la oscuridad.
Mina mecanografía las cartas y diarios de todos los implicados en los extraños sucesos con el más aún extraño conde, y se da cuenta de que unidos todos aquellos documentos de personas diversas, conforman una gran clave que pone al descubierto todo. Van Helsing incluso reconoce que de no haber sido por el trabajo de Mina, encontrar la pista de Drácula habría sido imposible. Todos los hombres que la rodean, entre los que se hallan los tres iniciales pretendientes de la fallecida Lucy, tienen a Mina como un gran tesoro que brinda luz a sus terribles horas de desasosiego.
Lo peor viene cuando, después de Lucy, Drácula pone sus ojos en Mina e incluso llega a iniciarla en el proceso para convertirla en una de los suyos. Es entonces cuando Van Helsing capitanea a un equipo de bisoños cazadores de vampiros que marchan desde Londres hasta la mismísima Transilvania, para poner fin a los días del monstruo y -como se trata a fin de cuentas de una novela victoriana- salvar a la dama, a la muy querida Mina Harker.

miércoles, 25 de junio de 2014

El rey Gudú

Ahora que me estoy ocupando de los personajes de la novela Olvidado de rey Gudú, me entero que su autora, Ana María Matute, ha fallecido este día a los 88 años. Sirva esto pues como homenaje. Lo mejor que podemos hacer con los grandes escritores es propiciar que su obra no se olvide y aquí está mi granito de arena.
Gudú es el protagonista de esta monumental novela que lleva su nombre y que también hace referencia al olvido. Nació de un matrimonio de la realeza medieval, de hecho fue el único de los hijos del rey Volodioso que no fue bastardo. Aunque eso en la época importaba tan poco que Gudú al nacer no tenía esperanzas de heredar el trono fundado a sangre y cortes de espada por su belicoso padre.
Su madre fue la reina Ardid, sin duda la persona más inteligente de su época. Al ser destruido su pueblo por Volodioso, juró vengarse, para ello se casó con él, y aunque declinó en parte sus proyectos al enamorarse de su esposo, se fijó como meta coronar a su hijo y hacer de él un gran rey, lo que consiguió gracias a su extraordinario cerebro.
El príncipe Gudú nació cuando su padre ya estaba harto de su madre por sus celos y había mandado encerrarla en una torre. Del alumbramiento de su único hijo legitimo ni se enteró porque a un rey de su época no podía interesarle un bebé, sino un preadolescente al que ya podía evaluar y saber si tenía posibilidades de llegar a ser un buen gobernante.
Volodioso, ya viejo y un tanto ciego, quedó herido de muerte en un tonto accidente de caza y se vio en la necesidad de colocar su real mano en la cabeza de uno de sus hijos para que el acto fuera interpretado como la cesión del trono. Su mano estaba por caer en la cabeza de su hijo Predilecto, aunque por su nobleza consideraba que sería un mal gobernante, pero al no haber otro con más cualidades optó por él.
Sin embargo, las maquinaciones de Ardid lograron que un niño que apenas caminaba llegara corriendo tras una pelota y se interpusiera entre la cabeza de su hermano Predilecto y la mano del rey que en ese momento moría. De esta forma Ardid logró que su hijo fuera elevado al trono de Olar. Pero, en su afán de hacer de él el mejor rey, decidió  valerse de magias oscuras para quitarle la capacidad de llegar a amar a alguien, pero si tal cosa llegaba a ocurrir y algún día lloraba, Gudú y todo su legado se perderían en el polvo y el olvido para siempre.
Esa maniobra con la que Ardid no sabía bien en qué se estaba metiendo, logró hacer de Gudú un gran conquistador. Extendió las fronteras que había dejado su padre, se apoderó de los reinos vecinos, eliminó a otros reyes y a sus propios hermanos, menos a uno, el predilecto de su padre y suyo. Incluso Gudú se adentró a las oscuras estepas, un reino misterioso, guerrero y más cruel que el suyo, lo dominó, se llevó a su reina, a la que le hizo dos hijos, y a los niños del reino dominado los entrenó como sus vasallos.
Pero el tiempo pasó y Gudú se deterioró junto con su reino. Ya viejo y siendo un poco más sabio que su padre pero mucho menos que su madre, vio el reflejo de su rostro, tan deteriorado y lleno de su cicatrices como su reino, y entonces ocurrió lo que tanto había temido su madre, porque si bien le quitó cuando era niño la capacidad de amar a cualquier otro, no logró hacer que no se amara a sí mismo.

martes, 24 de junio de 2014

Reina Ardid, de Olvidado rey Gudú

En la magna obra de Ana María Matute, Olvidado rey Gudú, indudablemente el personaje mejor desarrollado es Ardid. Su carácter, su inteligencia, su voluntad y su sangre fría para llevar a cabo sus planes la convierten en uno de esos personajes que merecen ganarse un sitio de honor en la literatura universal.
Ardid es apenas una niña cuando su país es invadido por el poderoso rey Volodioso. Se trata de un monarca cruel y despiadado, hambriento de territorios, el típico monarca medieval siempre listo para pasar a cuchillo a sus enemigos. El padre y los hermanos de Ardid son asesinados con lujo de crueldad por los esbirros del rey. Tan sólo sobreviven ella y su maestro, un viejo mago muy discreto en sus habilidades quizás para no terminar en una hoguera, a quien se le conoce como El Hechicero.
Quizás otra niña abandonada habría optado por morirse de tristeza o de hambre. Pero no una con la inteligencia de Ardid. Pronto a ella y a su maestro se les une una criatura más mágica que este último, un trasgo que les será de gran ayuda. Sabiendo que Volodioso no es más que un guerrero valentón, analfabeto e ignorante, Ardid planea impresionarlo con su desbordada inteligencia, casarse con él y después cobrar su justa venganza.
La primera parte de la tarea no le resulta difícil. Su inteligencia sorprende al monarca con mucha facilidad y éste pronto comprende que le puede ser de mucho provecho, así que opta por casarse con ella, sin importarle que se trata de una niña. Pero como Volodioso es un calenturiento monarca, pronto se olvida que se ha casado y de su esposa, volviendo su mirada a mujeres desarrolladas que pueden saciar sus apetitos.
El tiempo pasa y un buen día Volodioso se encuentra con una joven hermosa en un rincón nostálgico de su castillo. Pronto ella le revela que es ni más ni menos que su esposa. El rey cobra inmediatamente sus derechos  de esposo y Ardid por primera vez comete un error desde que fue eliminada su familia: se enamora.
Del matrimonio nace un niño, Gudú, pero ya para entonces Volodioso repudia a Ardid debido a que, por sus celos, le impidió divertirse con una prisionera de guerra, perteneciente a una tribu guerrera, cruel y semisalvaje que le da mucha guerra al rey. Por lo tanto, Gudú nace en la prisión donde han encerrado a su madre y Volodioso apenas y se entera de que ronda por los pasillos del castillo.
Gudú tiene varios hermanos mayores, y de entre ellos uno es el predilecto del rey, por lo tanto no tiene muchas esperanzas de heredar el trono de su padre. Pero tiene una gran arma a su favor: la inteligencia de su madre. Ardid planea minuciosamente cómo conseguir dejar a los demás hermanos fuera de combate y coronar a su hijo. Pero antes de eso decide quitarle un defecto que puede impedirle ser un gran rey: la capacidad de amar.
Gracias a las artes del Hechicero y el trasgo, Gudú, siendo apenas un niño, pierde la capacidad de amar, incluso a su propia madre. Y, gracias a ello, con el tiempo se convierte en un gran rey conquistador, con Ardid como la mente maestra detrás de sus logros. Pero a semejante rey tan cruel se le pasa la mano y ya en su madurez sus logros se vuelven sus calvarios. Por fortuna para Ardid no vive para ver lo que deseó en el momento en que su padre sus hermanos fueron asesinados: que el reino de Olar sea destruido y olvidado para siempre.

lunes, 23 de junio de 2014

Rey Volodioso, de Olvidado rey Gudú

En Olvidado rey Gudú, Volodioso es un personaje sumamente importante y que no dejar de despertar en el lector un gran interés. Es el primer rey de Olar y padre de Gudú, el último. Podría decirse que Olar fue un reino breve, pero no exento de  grandes proezas militares y de todo tipo de crueldades propias del medievo.
Volodioso es nieto del Conde Olar e hijo de Sikrosio. Éste último se convirtió en margrave tras la muerte de su padre. Era un gobernante analfabeto, olvidadizo y cruel de piernas cortas y ridículas, que se integraba a una banda de saqueadores que mantenían horrorizados a sus propios vasallos. Cometió el error de matar a la madre de su hijo Volodioso delante de él cuando apenas era un niño. Y éste juro vengarse y ya hecho un hombre cumplió su juramento.
En una revuelta encabezada por él mismo, Volodioso acabó con su padre y sus dos hermanos (en el medievo matar al hermano para heredar en su lugar era casi tan normal como beber agua), pero no se conformó con el título de margrave y se hizo coronar rey. Tampoco se conformó con la extensión de sus dominios y se dedicó a incrementarlos, dando la peor de las muertes a los gobernantes que tenían la osadía de defender sus tierras.
Como todo rey de su época, era un guerrero que disfrutaba el campo de batalla, fuerte y diestro con la espada, capaz de mandar disecar las cabezas de sus enemigos para colgarlas en su habitación y verlas cada mañana al despertar, o mandarlas labrar en madera una vez que las originales hedían más de lo que era capaz de soportar.
En una de sus conquistas conoció a su gran amor, la madre de su hijo Predilecto, pero en otra se echó encima a su peor enemiga, Ardid, una niño que, tras ver destruido su reino y su familia, juró vengarse de Volodioso. Para ello se propuso desposarlo y después llevar acabo su venganza. Y aunque Ardid se enamoró del rey y cambió de planes, su ambición, su gran inteligencia y los recursos mágicos a los que recurrió, finalmente terminaron por acarrear la destrucción de Olar.
Pero Volodioso murió ya muy viejo y siendo, ante todo, un gran rey, un rey de su tiempo, se entiende, que pese a su ignorancia supo hacer de la guerra su mejor arma para concretar sus planes. Incluso poseyó un poco de sabiduría, la suficiente para tener claro que su hijo Predilecto, al único que amaba, no podía heredarlo por un defecto que era imperdonable para un príncipe del medievo: tenía un noble corazón.

martes, 10 de junio de 2014

Príncipe Predilecto, de Olvidado rey Gudú

El príncipe Predilecto es quizás el personaje con sentimientos más nobles de la novela más conocida de Ana María Matute, Olvidado rey Gudú. Predilecto es hijo del cruel y guerrero rey Volodioso, el único al que quiere y quizás el único del que sabe su nombre. Fue engendrado durante una de las conquistas del rey. Una princesa sometida, que debía temblar de miedo al momento de entregarse a su conquistador, se sintió bien tratada por éste y se enamoró de él. Volodioso se desconcertó tanto que también se enamoró de ella. El fruto de esa unión fue presentado a su padre cuando era un niño que rondaba los diez años, tan guapo y bien vestido que en lugar de parecer un príncipe del medievo parecía del barroco.
Al verlo, el rey espetó sorprendido “Tú eres mi predilecto”, y nadie jamás se atrevió nunca a llamarlo de otra manera. Volodioso tenía más hijos, fruto de su relación con una anónima condesa, pero eran tan torpes o malvados unos, y tan torpes y malvados otros, que apenas sabía de su existencia. Mas no por eso el rey pensó que Predilecto fuera su heredero, el soberano de Olar, porque el niño tenía sentimientos muy nobles, sin ninguna señal de crueldad en su alma, y Volodioso pensó que un rey así mal gobernante sería.
Cuando tiempo después el rey se casó con la muy inteligente princesa Ardid, engendró un hijo con ella, Gudú, del que apenas sabía que por allí rondaba y jamás se enteró de su nombre. No obstante, gracias a la inteligencia de Ardid, el último hijo del rey, Gudú, llegó a ser su heredero. Los demás hermanos, al ser malvados y envidiosos, no sobrevivieron mucho a la entronación del menor, pero Predilecto es diferente, él acepta a Gudú como soberano y lo aprecia con total sinceridad, algo que Gudú, un rey mucho más malvado que su padre porque no puede amar, entiende, y por eso designa a Predilecto como su guardián.
Predilecto se convierte en el brazo derecho perfecto para su malvado hermano: es obediente, leal y no ambiciona el trono; lo acompaña en sus guerras y soporta su crueldad sin hacer demasiadas protestas. Pero algo ocurre un buen que lo cambia todo. Llega desde un país muy lejano y fantástico la princesa Tontita, designada para casarse con Gudú. Es apenas una niña, pero al poco tiempo se transforma es una mujer deslumbrantemente hermosa que, fiel a su condición de princesa de fantasía, está destinada a morir cuando reciba su primer beso de amor.
Tontina y Predilecto se enamoran. Son el uno para el otro. Él es un príncipe de cuento atrapado en la cruel era medieval, ella una princesa romántica y medio irreal, ajena totalmente a la matanzas y conquistas de Gudú. El problema es que Tontina está destinada a ser la esposa del malvado rey, y Predilecto no puede de buenas a primeras mostrar interés por la mujer de su hermano. Así las cosas, ese amor sólo puede terminar como el de Romeo y Julieta.

domingo, 8 de junio de 2014

Charles Montgomery Burns

Hace ya tiempo que no veo Los Simpson, no obstante, fueron mi hazmerreir favorito en la infancia,  cuando no me perdía un capitulo por nada. Ahora, viendo esa serie animada en recuerdos creo que mi personaje favorito, o cuando menos el que más interés en mí despierta, es el a veces archivillano y a veces no tanto Charles Montgomery Burns, el jefe de Homer y dueño de la planta nuclear de Springfield.
Como con casi todos los personajes de la serie, la biografía del señor Burns no está definida, aunque de manera general todos los aficionados a Los Simpson se la saben, por más que algunos capítulos contradigan a otros. Burns es el rico heredero de una gran fortuna. En algún capítulo se reveló que fue adoptado en un paralelismo con la película  Ciudadano Kane, momento en el que abandonó un osito de peluche que un siglo o dos después trataría de recuperar con uñas y dientes.
En todo caso, lo que sí está claro es que Burns es rico desde niño, y ya desde entonces era malvado, prepotente y caprichoso, tanto como para despedir a su niñera y dejar invalido a uno de sus trabajadores. En algún momento de su vida tomó posesión absoluta de la fortuna familiar y pasó a ser el prototipo de multimillonario norteamericano de principios del siglo XX, cuando la aristocracia europea fue literalmente borrada de la pirámide capitalista por el comunismo y entonces los acaudalados norteamericanos ocuparon ese puesto en la cúpula del poder.
Burns vive en una deslumbrante y blindada mansión estilo griego, rodeado de objetos antiguos, custodiado por fieros perros que suelta sin compasión a sus visitantes y atendido por su asistente y pretendiente:  Waylon Smithers. La mayoría de las veces se le representa como el prototipo de poderoso capitalista, insensible ante la situación de sus empleados, enfermo por aumentar su riqueza, por pagar menos impuestos y por amedrentar a todo mundo con su inconmensurable poder.
Pero también es descrito, a veces, como un anacronismo, como una especie de viejo millonario que no se ha actualizado a la par de las nuevas celebridades. Hay ocasiones en que se le muestra como a un hombre atrapado culturalmente ya sea a finales del siglo XIX, o a principios o a mediados del XX. Esto queda claro cuando mirando un mapa se sorprende de que haya un Nuevo México, de que no encuentre a Prusia en el mapa europeo o de que piense que Fulgencio Batista sigue siendo el todopoderoso en Cuba.
Como casi todos en  Los Simpson, Burns ha evolucionado con el paso de los años. En un principio parecía que sólo era un poderoso y millonario local, pero después quedó claro que su influencia y poder se extienden en todos los Estados Unidos, tanto como para ser el hombre más rico del país, capaz de portarse de manera perezosa y negligente durante la segunda guerra mundial, donde participó con más faltas que laureles, y después robar un billete de mil millones, por considerar que el dinero de los norteamericanos no podía ser utilizado para reconstruir una Europa que decidió aplastarse por sí sola.
No siempre queda claro si Burns es una crítica al capitalismo representado y defendido por el partido Republicano o una caricatura cruel pero realista de la estabilidad económica y social emanada de quienes desde el sector privado manejan el poder. Porque el jefe de la familia Simpson, aun siendo un ignorante, ebrio y perezoso, obtiene un sueldo con el cual su familia vive en la nada desdeñable clase media, sueldo que existe gracias a que también existe Burns.

miércoles, 4 de junio de 2014

Piccolo Daimaō, el villano que se volvió héroe

Hace tiempo escribí la biografía de Vegeta, el personaje de Dragon Ball que más me gustó cuando fui un fanático de la serie, en mi infancia. Aunque el orgulloso  saiyajin no me gustó nada en cuanto apareció dispuesto a evaluar la tierra y venderla si la cotizaba alta o hacerla explorar si la consideraba un planeta de baja calidad. Antes de Vegeta y aún mucho después de que él apareciera, mi personaje favorito era Piccolo, otro que apareció como malo y que, después de mucho tiempo, llegó a ser un héroe, valiente y decidido a entregar su vida por una causa justa.
Piccolo aparece cuando Gokū todavía es un niño, y cuando la serie todavía es algo cómica. Inesperadamente, Tambourine, un monstruo que busca la lista de los peleadores del torneo de las artes marciales, mata con una increíble sencillez a Krilin, es entonces cuando el viejo y libidinoso maestro Kame Sennin les revela a todos de la existencia de un ser muy poderoso, terriblemente cruel y capaz de crear hijos aunque no tan poderosos igual de malos que él. Ese villano es Piccolo Daimaō, quien, con el tiempo, será crucial en el éxito de la serie.
Piccolo Daimaō aterrorizó en el pasado a la tierra, cuando Kame Sennin era aún muy joven. Él y su compañero de entrenamiento, Tsuru Sen'nin, pelearon contra los hijos del villano con mucha fortuna, pero fueron insuficientes para él. No obstante, Mutaito, el maestro de ambos, desarrolló una técnica capaz no de eliminar a Piccolo pero sí de encerrarlo en un termo para que ya no diera más problemas. Una vez muerto su maestro en la batalla,  Kame Sennin arrojó el termo al fondo del mar, esperando que nunca nadie lo hallara. Pero, siglos después, fue  Pilaf, un villanillo pasado de moda que creía ilusamente que el monstruo podía beneficiarlo, quien lo liberó de su cautiverio.
En cuanto recobró la libertad, el envejecido Piccolo se fijó dos metas: obtener de Shenlong la vida eterna en un cuerpo joven y liquidar a los peleadores que pudieran aprender la técnica con que Mutaito lo derrotó en el pasado. Para ello engendra a su hijo Tambourine, un ser malvado y terrorífico que se da a la tarea de matar a los peleadores uno por uno, empezando por Krilin de manera circunstancial. Ese crimen hace que Gokū se la jure a Piccolo. Al principio la cosa parece imposible, porque incluso Tambourine lo derrota con mucha facilidad. Pero debido a su sangre saiyajin Gokū se vuelve más fuerte durante las batallas, llegando al poco tiempo a cargarse a Tambourine y después a Piccolo, cuando éste ya tiene el mundo bajo su control.
No obstante, justo antes de morir, Piccolo arroja un huevo, como es su costumbre parir a sus hijos. De ese huevo sale un ser verde físicamente muy similar a su padre. Se le parece mucho más que sus otros hermanos, por lo que se sugiere que el Piccolo del huevo es no solamente un hijo sino una reencarnación del anterior.
Poco después Gokū conoce a  Kamisama, el dios de la tierra, otro ser idéntico a Piccolo. Y éste le revela que años atrás fueron el mismo y que se separaron en la parte mala y la parte buena. Kamisama entrena a Gokū con la intención de que en el próximo torneo de las artes marciales derrote a su doble maléfico. Es en este período cuando Gokū pasa de niño a joven. En el torneo, como era de esperarse, aparece Piccolo, igual de malo que el anterior y mucho más poderoso. Allí acude Kamisama para tratar de encerrar a su doble como lo hizo en el pasado Mutaito, pero termina siendo él el encerrado porque Piccolo, que ya conocía la técnica, había tomado sus precauciones desarrollando otra para regresarla.
En la final del torneo, Piccolo y Gokū se enfrentan en una espectacular batalla que termina desapareciendo todo a su alrededor. Gokū triunfa, aunque casi le cuesta la vida, mientras el villano se marcha jurando vengarse en un lapso de tiempo no muy extenso.
Pero lo cierto es que Piccolo no llega a vengarse. Cinco años después, cuando ya ha desarrollado una técnica sorprendente para matar a Gokū, llega del espacio el malvado hermano de éste,  Raditz, quien revela que ellos son del planeta Vegeta y que pertenecen a una raza de guerreros muy poderosos y muy malvados, extinta casi, salvo por la supervivencia de cuatro miembros.
Piccolo, quien fue humillado por Raditz, decide unirse a Gokū  para lograr vencerlo. La batalla es sumamente cruel y concluye con Gokū y Raditz muertos. Pero el saiyajin les revela, antes de cerrar los ojos para siempre gracias a las uñas de Piccolo, que dentro de un año llegarán a la tierra sus dos compañeros, seres mucho más poderosos para él. Piccolo entiendo que se aproxima una batalla difícil y decide llevarse, para entrenarlo, al hijo de su peor enemigo hasta entonces: Gokū.
Durante el entrenamiento ocurre algo extraño, en el malvado y cruel Piccolo se despierta un afecto paternal hacia su discípulo,  lo que lo transforma radicalmente, lo pasa de malo a bueno, por más que él lo niega por mucho tiempo. Cuando llegan los saiayajin, Nappa y Vegeta, demuestran inmediatamente su gran poder. Todos aquellos amigos de la infancia de Gokū, que primero fueron sus enemigos, son derrotados en el acto, sobreviviendo apenas Krilin y el propio Piccolo. Pero una cosa queda clara, a menos que llegue Gokū, recién revivido y encamino para la batalla, todos van a morir. Nappa y Vegeta no sólo son fuertes, son extremadamente fuertes.
Antes de la llegada de Gokū, Piccolo hace su mayor acto heroico de la serie al salvar la vida de su discípulo entregando sin muchos preámbulos la propia. Hasta aquí parece que el poderoso Piccolo ha quedado relegado, ya que fue vencido fácilmente por Nappa, y ni siquiera se enfrentó a Vegeta, quien es mucho más poderoso que su compañero.
Durante el inicio de esa batalla Piccolo supo algo que desconocía: que no es un terrícola sino un nameku, algo que no había sospechado siquiera porque era verde, porque podía parir hijos de manera asexual y porque hablaba un idioma que sólo él y Kamisama conocían. Y precisamente porque en su planeta hay unas bolas del dragón que pueden revivirlo a él y a los demás, la batalla se traslada al planeta Namek. Pero allá el peor enemigo no será Vegeta sino su jefe: Freezer, un ser infinitamente poderoso como  jamás ha existido guerrero alguno.
Contra tan terrible villano se cree que Piccolo poco puede hacer, pero gracias a su entrenamiento en el otro mundo, y a que se fusiona con un nameku físicamente idéntico a él, Nail, un guerrero muy poderoso que sin embargo fue derrotado fácilmente por Freezer, Piccolo se vuelve muy fuerte, más que Vegeta y que todos los soldados de Freezer, pero no lo suficiente como para derrotar a éste. No obstante, es crucial en la batalla, no se acobarda en ningún momento -como sí lo hace Vegeta- y le presta una fundamental ayuda a Gokū.
Al regresar a la tierra hay algo muy claro, después de Gokū, Piccolo y Vegeta parecen ser los dos seres más poderosos del universo y no se puede decir cuál de los dos es el más fuerte. En la siguiente saga, la del malvado Cell o Celula, según donde se le mire, Vegeta lo supera al principio porque logra transformarse en super saiayajin, pero Piccolo guarda todavía un as bajo la manga: se fusiona con Kamisama y logra, una vez más, superar a Vegeta. Pero en esos capítulos los guerreros aumentan su poder muy rápidamente. Al final, cuando Cell y Gokū mueren, todo indica que Vegeta vuelve a ser más fuerte, pero esa diferencia no parece ser muy grande. En la siguiente saga sí que Piccolo es superado y entonces también relegado a un papel algo secundario. Pero eso no le quita su gran importancia en la serie, en la que fue un terrible villano, cruel como pocos, pero valiente, muy valiente, y después héroe, sabio y poseedor de una personalidad que sedujo por años a los seguidores de  Dragon Ball.

viernes, 9 de mayo de 2014

Terry Lennox, de El largo adiós

El personaje central de la obra maestra de Raymond Chandler no es Terry Lennox, sino su detective Philip Marlowe, no obstante, Lennox es el ojo en torno al cual gira todo el huracán. Pese a que sólo aparece un poco durante toda la novela, es el causante de ese largo adiós que llega a ser para el protagonista detective una especie de misión de honor, y algo más allá que no alcanza a entender.
Cuando Marlowe lo conoce, Lennox está alcoholizado, su estado favorito, y sin entender nunca bien por qué, empieza a apreciarlo un poco. Lennox es un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial, etapa que le dejó heridas en el rostro que lo marcaron para siempre. A sus 35, aun siendo guapo y de aspecto agradable, parece un viejo con todo el pelo blanco. Es el esposo de la hija de un millonario, una mujer guapa, infiel como ninguna otra y que quizás se buscó un esposo pobre para que se viera en la necesidad de pasar por alto sus infidelidades.
Lennox establece una rápida amistad con Marlowe. Se emborrachan juntos y se hacen pocas preguntas. Una mañana Lennox lo visita para pedirle que lo lleve de Los Ángeles a Tijuana, porque algo ha ocurrido con su esposa y está muerta. Marlowe, sin preguntar, lo ayuda. Simplemente lo hace por amistad, por una amistad inexplicable hacia un hombre que en realidad no conoce.
Al día siguiente Marlowe es arrestado. Lennox está acusado de asesinar a su esposa y, por lo tanto, al ayudarlo a escapar, el detective es su cómplice. Pero pronto lo liberan y le informan al mismo tiempo que Lennox se ha suicidado en un remoto pueblo mexicano y ha dejado una carta en la que confiesa su crimen.
Al poco de salir de prisión, el detective recibe una carta de su amigo en la que le agradece por haberlo ayudado y le regala un billete de cinco mil dólares. Marlowe siente nostalgia, aunque no conocía bien a Lennox, algo le dice que era incapaz de matar a su esposa y que probablemente no se suicidó. El detective sabe que los policías mexicanos son muy dados a disparar a un prófugo sin demasiados preámbulos, e imagina que su amigo fue acribillado por la espada del otro lado de la frontera mexicana.
Y aunque se decide a investigar, pronto le llegan las amenazas. El padre de la difunta y un gangster amigo del propio Lennox literalmente le dicen que si investiga no se tocarán el corazón para ir por él. Pero Marlowe, que no conocía en realidad a Lennox, no se amedrenta, siente una deuda de honor con su amigo, con la inocencia de éste, y está dispuesto a saldarla durante un largo adiós.
Después del tiempo que le lleva ese proceso, Marlowe conoce un poco al verdadero Lennox, quien no era realmente norteamericano, tenía otro nombre, había peleado en la guerra pero no en el ejército de los Estados Unidos, y era capaz de mucho con tal de echar tierra sobre su pasado. Incluso de engañar a un amigo.