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miércoles, 19 de marzo de 2014

Bezu Fache, de El código Da Vinci

Bezu Fache es un personaje que dentro de El código Da Vinci despierta mucho el interés. Es descrito como un gigante fortachón, malencarado y estricto con sus subordinados, quienes le apodan el toro. De su familia e intereses no se sabe nada, sólo su oficio. Es el capitán de la policía judicial en París y se encarga de la investigación por el crimen del conservador del Louvre,  Jacques Saunière. Debido al mensaje que escribió Saunière antes de morir, “P. S., busca a Robert Langdon”, Fache cree que el profesor yanqui es el asesino y le prepara un teatro en el Louvre junto al cadáver para hacer que incrimine solo.
Sophie Neveu, la nieta del conservador asesinado, se presenta en el museo con una coartada para sacar de allí a Langdon y arrancharlo de las garras de Fache. Furioso, y ya con la certeza de que Langdon es el asesino, el capitán da inicio a una persecución que siempre lo lleva apenas un paso atrás de los fugitivos, aumentando su rabia cada que no les puede poner la mano encima.
Pero horas más tarde Fache descubre la verdad: Langdon no mató a nadie, sino que se trata de una conspiración planeada por un personaje muy tenebroso que opera desde las sombras y que manipula a un monje fanático para que cometa los crímenes por él. Fache, al final de libro, ayuda al arresto de los malos, pero también se da cuenta de su gran error, el mismo que puso en peligro su prestigio y su muy bien labrada carrera.
Cuando se anunció que Jean Reno sería quien encarnaría al furioso policía me dio gusto. Reno es uno de mis actores favoritos y el personaje de Fache me agradaba, pero cuando vi la película simplemente no me gustó, me pareció que la actuación de Reno fue pobre y floja. Para nada cumplió mis amplias expectativas. Aquí se revela un dato que en el libro no aparece, según recuerdo, que Fache es miembro del Opus Dei y que esa faceta suya tiene una gran repercusión mientras trata de capturar a Langdon. Supongo que la intención fue la de enriquecer un poco el contexto emocional del personaje. Pero de mucho no sirvió.

martes, 18 de marzo de 2014

Sophie Neveu, de El código Da Vinci

Hace ya muchos años que leí El código Da Vinci, cuando era el superventas que todo el mundo quería leer. A mí me lo recomendó un profesor, cuando acababa de desembarcar en la universidad. El personaje que más me gustó fue precisamente Sophie Neveu. Sin duda  Dan Brown supo dotarla de cualidades que, pese a lo inverosímil de la historia, eran capaces de atraer la atención del lector.
Sophie es descrita como una joven guapa, alta, pelirroja, de 32 años, valiente y decidida, aunque algo solitaria y melancólica. Es, de oficio, criptógrafa y trabaja para la policía francesa. De niña vivió con su abuelo, un intelectual llamado Jacques Saunière que le daba el tratamiento de princesa por razones muy serias. Cuando se hizo un poco mayor, una visita que hizo a Saunière a su casa de campo truncó la relación abuelo-nieta, ya que lo vio practicando un rito sexual para un selecto público.
Años después, ya totalmente distanciada de Saunière, una noche se entera de que ha sido asesinado de una forma bastante anormal en  el interior del Museo del Louvre. Pero su abuelo dejó un mensaje para ella. Unas letras que decían “P. S, busca a Robert Langdon” le indicaron que debía reunirse con el famoso profesor y experto en simbología norteamericano para que le revelara algo importante.
El problema fue que ese mismo mensaje a la policía, al mando de Bezu Fache, le dio a entender que el asesino de Saunière era Langdon. Sophie se presenta en el Louvre pretextando que en su oficina ya han descifrado una secuencia de números que también había dejado su abuelo, pero en realidad todo es una excusa para hacerle saber a Langdon que es investigado como el probable asesino y que tiene que escapar inmediatamente. Con ella.
La huida resulta ser, al cabo de unas horas, un viaje a la historia a lo largo de dos milenios, en busca nada menos que de los descendientes del hijo de Dios. Langdon alerta a Sophie sobre un secreto importante que guardaba su abuelo, secreto que la iglesia católica busca sellar eternamente y que ésa es la razón del asesinato de Saunière.
Los prófugos se refugian en la mansión de  Sir Leigh Teabing, un caballero inglés afincado en París que está terriblemente obsesionado con encontrar la verdad sobre el papel de María Magdalena en la vida de Jesús y sobre la posible descendencia entre amos. Teabing es un fanático al que no le importa matar con tal de hacerse con el secreto, pero usa su reputación de caballero y afamado historiador para ganar la confianza de quienes lo rodean, incluido el propio Langdon.
Tras una noche tormentosa en la que sus vidas corren peligro a cada instante, Sophie y Langdon dan con la verdad no sólo sobre el paradero de los restos de María Magdalena, sino con la identidad de los descendientes de la milenaria pareja. Entonces Sophie descubre que cuando su abuelo la llamaba “princesa” le concedía su rango como la descendiente del Rey de Reyes.