jueves, 26 de julio de 2012

Mercedes Herrera, de El conde de Montecristo


Dentro de El conde de Montecristo, la obra maestra de Alejandro Dumas, el personaje que más tristeza transmite no es Edmundo Dantés, muy a pesar de sus trece años en prisión, sino Mercedes, su prometida de la juventud, la mujer a la que amó toda su vida. 
Mercedes es de ascendencia española y vive en su juventud en una comunidad de Marsella conocida como Los Catalanes. Está comprometida con Edmundo Dantés, un joven y valiente marinero de muy noble corazón. Aprecia a su primo Fernando Mondego, y por ello soporta sus constantes declaraciones de amor.
El día de su boda con Edmundo, éste es arrestado por los hombres del procurador de rey, acusado de ser bonapartista en tiempos en que Napoleón no gobernaba. Ignora que ese arresto fue deliberadamente provocado por su primo, para tener el camino libre con ella.
Al poco tiempo se entera de que Edmundo murió y sumida en la depresión acepta casarse con Fernando, un hombre al que cree bueno. Tiene un hijo con él, Alberto, y cuando su fortuna cambia se mudan a París. Fernando se ha convertido en un prestigiado militar y sirviendo a Alí Pashá, un virrey griego a las órdenes del sultán de Turquía, consigue hacerse rico y en Francia obtiene el titulo de conde de Morcef.
Cuando Alberto ya es un joven de veinte años, es secuestrado en Roma y salvado por un misterioso personaje, el conde de Montecristo. Alberto lo invita a París y les cuenta a sus padres lo que hizo por él. Cuando Montecristo llega a Paría, a pesar de que hace veintitrés años que no lo ve, Mercedes se da cuenta inmediatamente que es Edmundo Dantés. Nadie más lo ha reconocido nunca, ni siquiera diez años atrás, cuando escapó de prisión, pero para Mercedes no hay duda, ese acaudalado conde no es otro que Edmundo, su novio al que creía muerto.
Mercedes también nota hostilidad en el comportamiento de Montecristo y sabe que piensa vengarse. Ignora que fue su esposo quien lo envió a prisión, pero tiene la seguridad de que Edmundo algo trama, y teme por la vida de su hijo. 
Cuando Fernando es desenmascarado y queda ante toda la sociedad parisina como un traidor, Alberto, gracias a Danglars, se entera de que Montecristo algo tuvo que ver con la desgracia de su padre y lo reta a  un duelo. Quienes conocen al conde saben que Alberto está perdido. Montecristo es invencible con la espada y su puntería con la pistola es inigualable.
Mercedes acude la noche previa al duelo a casa del conde y le revela que sabe quién es. También le pide por la vida de su hijo. Cuando se queda solo, Montecristo se reprocha el no haber podido dejar de amarla. Mercedes entonces cuenta toda la historia a su hijo, y Alberto en un acto de nobleza y de sensatez suspende el duelo.
Cuando queda viuda, Mercedes le dice a su hijo que no tiene que llevar el apellido deshonrado de su padre. Entonces le propone usar el suyo y nos enteramos de que se apellida Herrera.
Vuelve a ver a Montecristo e incluso él la ayuda económicamente. Pero de su amor, a pesar de que aún se aman, ninguno habla. Quedan como dos buenos amigos. Aunque en la última película basada en la novela, adaptada al público contemporáneo, no sólo reanudan su relación sino que se revela que Alberto no es hijo de Fernando pero sí de Montecristo. Qué manía tienen en el cine de descomponer a los clásicos.




El personaje de Mercedes, como ya mencioné, transmite una enorme tristeza. Perdió a su prometido siendo muy joven y resignada se casó con su primo, al que no amaba. Su resignación llegó a tanto que incluso tuvo un hijo con él, mientras sufría por su amado Edmundo, por el que creía había sido su trágico destino.
Cualquiera pensaría que hubiera sido lógico que veintitrés años después, cuando ella ya es viuda y él sigue siendo soltero, pudieran volver a estar juntos. Pero en una época tan conservadora eso no era un buen final para una novela, y Alejandro Dumas lo sabía. Prefirió brindarnos a dos personajes llenos de nostalgia por su amor perdido, por aquello que tristemente no pudo ser. Y fue, a pesar de todo, un excelente final, propio para una obra maestra.

1 comentario:

  1. En la novela, Mercedes jamás tiene la certeza de que Edmond hubiese muerto. Simplemente lo consideró perdido, sea lo que sea que el término significase para ella.

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